Pedro Canales

Hay que reconocer que los grupos anti-sistema no se han hecho visibles en la jornada del 1-O. ¡Menos mal! La ciudadanía, los que estaban en las calles, los que esperaban para votar y los que se quedaron en sus casas, que fue la mayoría, pudieron respirar tranquilos. Si los hooligans profesionales hubiesen entrado en el circo, las consecuencias hubieran podido ser dramáticas.

Bien. Pero es precisamente esto, lo extraño. ¿Por qué no se adueñaron de las calles, como es su costumbre? A comienzos de verano estuvieron en Hamburgo, para “recibir” a Donald Trump y a los líderes del G-20 con botellas incendiarias, piedras, cartuchos de pólvora y toda suerte de municiones. Eran varios miles. Por cierto, es curioso que nadie haya reprochado a la canciller Angela Merkel “el uso desproporcionado de la fuerza”, al utilizar cañones de agua, gases lacrimógenos y porras, al blindar con alambre de espino todo el centro de Hamburgo, y al arremeter con los vehículos policiales contra los manifestantes, lo que dejó un número alto de heridos.

Esos mismos grupos, llegados de toda Europa para “recrear el infierno”, según su lema, se habían dado cita en Barcelona este domingo. En la ciudad condal se unirían a los locales, lo que sumaría varios miles de profesionales del caos dispuestos a reventar el despliegue policial, y “ayudar” así al voto independentista.  Pero no fue el caso, lo que es de agradecer.

Los organizadores del llamado Referéndo de independencia, el Govern, sus partidos, el PDCAT, la CUP, Esquerra Republicana y los afines a Podemos de Cataluña Sí que es Pot, impartieron consignas precisas a sus militantes y seguidores: nada de violencia, es una fiesta de la democracia, sacad los niños y los viejos, llevar flores a los Mossos y a los Bomberos, etc.

La cuestión preocupante es la siguiente: los grupos anti-sistema europeos, españoles, catalanes o de otros lugares, que estaban en Barcelona, ¿recibieron también esas instrucciones? Todo deja entender que sí, y que las cumplieron. Y no sólo ellos. El movimiento Arran, "la organización juvenil independentista más grande y fuerte de los Países Catalanes", tal como se autoproclaman, tampoco jaleó a los suyos. Y eso que a principios de verano, no dudó en arremeter contra el turismo, incendiando vehículos, sedes bancarias, y atacando a grupos de turistas.

Si algo ha caracterizado hasta ahora al movimiento anti-globalización, anti-sistema o como se le quiera llamar, es su desobediencia innata. Hacen lo que les da la gana. O lo hacían. Porque en Cataluña, este 1-O han obedecido las consignas del Govern y sus socios. De ahí a pensar que varios de estos grupos anarquistas, han llegado a algún acuerdo y se preparan en la sombra para ser “las milicias paramilitares” de un hipotético Gobierno independiente, hay sólo un paso.