F. Javier Blasco, Coronel en la Reserva

Hace muy pocos días (el 16 de enero) escribía un artículo titulado, el tiempo no lo cura todo” (1] en el que ya enunciaba que este año sería mucho peor que el anterior, al que todos despedimos con la esperanza de que llegaran tiempos mejores para nuestra sociedad y la humanidad en general. Hoy, menos de dos semanas después, me refirmo en mis palabras, pero, a la vista de la rápida evolución de los acontecimientos, lo hago con un matiz diferenciador, 2017 será el año de nuestra última o penúltima oportunidad. Oportunidad para redefinir de verdad lo que somos y lo que queremos ser, para quitarnos las vendas de los ojos, remangarnos y ponernos a trabajar de verdad.

Llevamos muchos años mirando hacia otro lado, o más bien, fijándonos solo en nuestros tristes ombligos. A pesar de los muchos indicadores y realidades internas y externas, no hemos sido capaces de reaccionar, salvo para implementar y adoptar parches que no satisfacen a nadie y, mucho menos, arreglan cosa alguna.

El mundo está lleno de demasiados y variopintos problemas. Así, Europa sigue acosada por millones de refugiados, muchos ya dentro de ella y otros esperando su oportunidad; la llegada del buen tiempo meteorológico y que Erdogan, el gran “emir turco”, se canse de la UE, de sus huecas promesas y abra el grifo que los tiene atrapados. La crisis económica sigue ahí dando señales de pocos o escasos frutos. El Brexit, a pesar de todas las trabas, sigue su curso y cada vez se ve a los británicos más empeñados en acelerar el ritmo de su salida, sean cuales fueran sus consecuencias. Las previsiones y encuestas sobre los posibles resultados electorales en varios de los países más importantes de Europa (Francia, Alemania, Holanda y previsiblemente Italia) no están nada claros y en algunos de ellos, sus líderes aparecen manchados de escándalos políticos y de corrupción al puro estilo barriobajero, lo que pone en tela de juicio sus palabras y políticas prometidas. Los europeos seguimos desojando la margarita sobre cuál debe ser nuestra política económica, exterior y de defensa. EEUU ya nos amenaza incluso sobre la supervivencia del Euro y con cerrarnos los mercados a base de grandes subidas de aranceles. Los populismos y nacionalismos crecen y crecen en todas sus vertientes amenazando con alcanzar cotas de poder que harán mucho más difícil llegar a consensos y políticas comunes viables.

En el resto del mundo, solo basta con destacar que Donald Trump, que ya lleva una semana en la presidencia de EEUU, no ha parado de firmar “órdenes ejecutivas”; muchas de ellas con un mucho de papel mojado y de cara a la galería porque precisarán de engorrosos desarrollos legislativos posteriores; pero otras, por no decir todas, han levantado grandes ampollas en todo y todos. Putin sigue revoloteando por el mundo, aunque, últimamente, ha decidido no hacer mucho ruido para no llamar la atención, no sea que hagamos piña contra él. China ya levanta la voz en los foros económicos internacionales ofreciéndose como el adalid y continuista o la solución en estos aspectos. El terrorismo yihadista sigue allí y aquí dando sus batallas y, seguimos siendo incapaces de encontrar una salida a dicho problema; es más, en algunos casos, lo agrandamos con grandes fallos policiales y de inteligencia, que no hacen más que alarmar a la población al interpretar esta que estamos en unas manos bastante incompetentes. Y un largo etcétera que, dejo en el tintero por no cansarles o agobiarles más.

Todo análisis del tipo que sea, precisa de una constante revisión a la vista de la evolución de los conceptos y hechos en los que aquel se basa. Así, creo firmemente, que ante nuevos giros y posturas debemos tratar de encontrar soluciones a lo que probablemente nos vendrá y a lo que ya conocemos. Hay que dejar de lamentarse sobre la leche derramada y  olvidarnos definitivamente de los gestos o las suposiciones de que es lo que harán aquellos dirigentes políticos que tienen en sus manos la responsabilidad de conducirnos y la culpa de que nuestras vidas cambien o no en un sentido u otro. Todos debemos analizar primero y después actuar y no solo, esperar a ver que es lo que van a hacer los demás.

En lo que respecta a Europa, los europeos y nuestro entorno, ya sabemos varias cosas importantes, alguna nuevas o son cambios novedosos. El Brexit sigue su curso acelerado y, a pesar de las trabas legales internas en Reino Unido, por lo que más tarde o temprano, será una realidad de graves repercusiones para nuestra política, esfera de confort, economía, tránsito de personas, mercancías y diferentes servicios a los ciudadanos dentro y fuera de la Unión. Trump y su equipo, han luchado durante su primera semana en proteger América y los americanos, lo que sin duda, acarreará dificultades de relación económica y no pocas en las facilidades para la emigración laboral e intelectual de nuestros compatriotas que basan sus esperanzas en aquellas tierras. Según se desprende de las declaraciones conjuntas de ayer por la Señora May y el Presidente Trump, la OTAN seguirá siendo pieza clave para nuestra defensa; aunque, con muy alto grado de probabilidad, las contribuciones económicas y en fuerzas así como el grado de implicación individual de cada miembro, cambiarán de forma sustancial. EEUU está mucho más decido a acabar con el terrorismo radical que lo estaba con la anterior administración y puede que prono nos "pida" una mayor y más fuerte colaboración en esta tarea. Por último, las penalizaciones a Rusia por sus políticas expansivas cercanas a nuestras fronteras, quedan en el limbo, aunque pendientes de las conversaciones entre Putin y Trump de la semana próxima.

Todas estas cosas son más que suficientes para empezar a trazar las líneas maestras de lo que deben ser las nuevas políticas de la Unión. Pero, esta vez, no caben evoluciones retardadas sine die o parches chapuceros a destiempo, como viene siendo la norma en la UE. Debemos darnos cuenta, que hemos sido demasiado confiados, vagos y muy introvertidos o chovinistas a la hora de afrontar los problemas graves que nos han venido acosando. No es aventurado decir que ha sido preciso escuchar dos aldabonazos en nuestra propia casa para darnos cuenta de que las cosas y determinadas amenazas son mucho más peligrosas de lo que venimos pensando y que precisan de serias reacciones y políticas, si es que queremos salvar lo que aún nos queda de la UE.

Las políticas económicas de la UE blindan en cierta medida la imposibilidad de que sus miembros se lancen alocadamente a acuerdos comerciales a troche y moche con cualquiera que llame a sus puertas, como los comerciales de puerta caliente, para ofrecerle ventajas o acuerdos singulares. El Reino Unido y EEUU deberán entenderse con todos a la vez o ninguno y no creo que la UE se lo ponga nada fácil. Esto lo sabe bien la Primera Ministra británica, por lo que en parte, justifica su acelerada carrera para ser la primera y única autoridad internacional, de momento, que ha ido a prestar cierto tipo de vasallaje al nuevo personaje, el ególatra Presidente de EEUU. Los dos saben, que sus acuerdos no serán factibles hasta que los británicos estén clara y definitivamente fuera de la UE y que la Unión supone un gran mercado y muy consumista que será difícil de roer. May, por su parte, sabe que lo que producen en su casa es mucho más caro, aún sin fuertes aranceles, que lo que compran fuera los norteamericanos y, de lo dicho ayer, se desprende más “un veremos” y un apoyo de boquilla, que un “abrir las puertas” de par en par

Las palabras de Trump con respecto a la UE y sus políticas pronunciadas ayer en la rueda de prensa conjunta, mostraron un claro resentimiento o vendetta porque, según sus propias palabras, él y sus negocios encontraron muchas trabas al intentar establecer un campo de golf en Escocia. Esto no es nada serio, solo es personal y tiene muy poco que ver con el bienestar de los norteamericanos en general. Su personal y decidido apoyo al Brexit podría ser fruto de su cabreo con las políticas económicas y comerciales de la UE y como un posible chollo para el futuro al convertirse en un socio preferencial del Reino Unido. Olvidando con ello, que lo que necesitarán los británicos en el futuro es dar salida a lo suyo y no, que vengan otros a hacer negocio con sus Libras.

Hoy, mientras escribo estas líneas, se está celebrando en Lisboa una Cumbre parcial dentro de la UE – los países del sur de la misma- para fijar políticas y reacciones comunes que poner y proponer en la mesa de todos en la cumbre de marzo en Roma, en la que se conmemorará el 60 aniversario del tratado que sentó las bases de la entonces Comunidad Económica Europea y no dejarse llevar por decisiones o propuestas de los de siempre. Ayer Merkel y Hollande hicieron lo mismo y, sinceramente, creo que esto es bueno, el que se agite el saco de los ratones, siempre hará que nos concienciemos y, que por lo menos, veamos los cuernos al toro. Hasta el mismo y denostado Tsipras, se ha unido a dicha mesa para buscar una solución al tema del futuro la UE. Hay que ver cómo cambian las cosas cuando pintan bastos.  Desconozco los resultados de estas reuniones, pero, al menos, suenan bien.

Nos encontramos ante una serie de problemas muy graves, que necesitan de fuertes intenciones, deseos sinceros y políticas adecuadas. Pero, para ello, hace falta un liderazgo claro y fuerte, que acoja las propuestas de su equipo -todos los miembros de  la UE- y las ponga en práctica. La unión entre todos debe ser férrea y sin fisuras porque si vacilamos será nuestra perdición. Los inciertos resultados de las citadas elecciones generales de este año en países importantes y los dimes y diretes dentro y entre los partidos de aquellos que no deberían enfrentarse a dicho tipo de comicios, no presagian que lleguemos pronto ni bien a la situación definida.

Seremos nosotros y solo nosotros los culpables de este posible fracaso; no podremos ni debemos buscar responsables fuera en políticos ni en políticas que nos afecten. Todo en esta vida tiene una solución menos la muerte física. Es la hora de la sinceridad de nuestros dirigentes en general, de dejar sus ombliguismos o particularismos aparcados; pero, también es el momento de que los votantes nos mostremos fuertes y serios ante aquellos dirigentes que solo buscan réditos personales, desestabilizarnos, introducir políticas populistas o enchufar a sus amigos.

El debate dentro de la OTAN será duro, pero, aquí también se necesitará de mucha flexibilidad y quizá de redefinir cometidos, misiones, repartición de cargas y afianzar los compromisos derivados de todo lo anterior. Las medias tintas en este tema no pueden llevar a nada bueno. Se ha terminado el tiempo de pensar que serán otros los que pondrán toda la comida en la mesa y dejar de arrimar el áscua cada uno a su propia sardina. Puede que, de dichas redefiniciones, se adopte, de una vez por todas, una política eficiente para combatir al autodenominado Estado Islámico y mantener a Putin dentro de sus confines. Si estos dos objetivos no se cumplen, la OTAN perderá toda justificación y tenderá a desaparecer como tal y puede, que se convierta en una decreciente ONG especializada en el mantenimiento de la paz en conflictos de poca relevancia.

En política ocurre lo mismo que con los gases, los países y sus dirigentes tienden a ocupar el espacio que encuentran vacío. Si uno se retira, otro ocupa su espacio, adopta su hegemonía y dicta las reglas que rigen en su entorno o área de influencia. EEUU con Trump a la cabeza, deben saber que encerrarse en su viejo cascarón prometiendo trabajo, buenos sueldos, rebajar la atención a los excesos medioambientales, cerrar las fronteras a vecinos y extraños y mucho consumo, pero solo nacional; no son las vías para hacer un pueblo grande. Más bien, diría yo, un pueblo muy pueblerino y con pocas pretensiones. No han llegado hasta dónde están y pagado tan alto precio para encerrarse en sus casas y solo ondear su bandera en los jardines y frontispicios de las mismas. Hay mucho más negocio fuera y varios aspirantes a acapararlo. Algunos de ellos, ya hasta se han posicionado y lo que es cierto, es que estos no esperan al siguiente tren, toman el primero que pasa por sus narices, aunque tenga pocos asientos vacantes. 

La propia prensa norteamericana, de cuyo poder e influencia nadie duda y a pesar de haber puesto en entredicho las cualidades, capacidades y políticas de Trump durante su campaña y en este último techo, ha hecho ayer un serio balance de la primera semana de su mandato. La unanimidad es general y todos le afean su postura dictatorial, sus formas y maneras de expresarse y sobre todo, que en su discurso inaugural, frente a los que quisieron acercarse a su proclamación, viniera a asegurar que los norteamericanos son una raza superior al resto, que él estará a su cabeza cual Mesías y que Dios les protegerá. Palabras que, aparte de no ser verdad, suenan y recuerdan mucho a los discursos mesiánicos y nazistas de Adolf Hitler. Es bueno, muy bueno acordarse de Dios para que nos ayude, pero apropiarse su voluntad y deseo, es algo muy arcaico y totalmente fuera de lugar.

El hecho de que solo la Sra. May haya corrido a su vera y, que el resto de dirigentes del mundo no lo hayan hecho y emplacen sus primeros intercambios de opinión a meras llamadas telefónicas, puede que le haya servido de reflexión. Me imagino, que muchos en el Reino Unido estarán apesadumbrados por la imagen dada por su Primera Ministra

De hecho, Trump ya ha cambiado en parte su discurso sobre México, incluso ha dicho que les ama; ha delegado la aplicación o no de sus fuertes deseos de aumentar los lugares y acciones de tortura en su Ministro de Defensa mucho más reposado en este aspecto y, por último y de momento, ahora confía al 100 por cien en la OTAN. No son cambios nimios, habrá que dejarle un poco más de tiempo para reposar sus “ideas y genialidades” y, que los equipos que le apoyan y trabajan para su no muy experto equipo personal, sean capaces de analizar la situación, se conjunten con personas formadas y capaces y que comiencen a apagarse los destellos de alegría de una fiesta, que por inesperada, ha sido muy emocionante para ellos, aunque un tanto desvirtuada.

El presidente de EEUU no es Dios, necesita el concurso de muchas fuerzas internas y externas para aplicar sus decisiones, sobre todo las que son de importancia. Las demás naciones y muchas de las organizaciones internacionales tienen también su peso y algo que decir. No se puede enfadar a todos al mismo tiempo, incluso a la ONU y quedarse tan tranquilo y feliz escuchando solo las cadenas de televisión que le son favorables, regalándose los oídos con los apoyos de sus aduladores y repartiendo golpes a troche y moche a base de tuits como si fuera un bloguero gamberro. 

2017 será forzosamente un año crucial para el mundo en general y para la política y economía en particular. Harán falta auténticos toreros bragados para lidiar las numerosas y peligrosas reses que andan sueltas por el ruedo, pero, lo más importante será que, estos necesitarán el calor y aplauso de un público unido, entregado y entusiasta con ellos, no por ser unos meros palmeros, sino porque entiendan y apoyen sus políticas y decisiones. Si todos los mencionados factores no concurren en el tiempo y lugar, esto puede llegar a ser una auténtica debacle.

[1] http://www.atalayar.com/blog/el-tiempo-no-lo-cura-todo