Pedro Canales

Medios de comunicación y redes sociales se han hecho eco estos últimos días del Informe elaborado por dos diputados franceses, uno del Partido Socialista Jean Glavany y el otro Guy Teissir de Los Republicanos, sobre la situación política y socio-económica en el Magreb y sus repercusiones para Europa.

Dicho Informe recoge algunas incógnitas e incertidumbres sobre la sucesión en la Jefatura del Estado de Túnez, Argelia y Marruecos, así como la fragilidad en las estructuras económicas y sociales en los mismos. Incógnitas que han disparado las alarmas, si bien de manera exagerada.

Los medios de comunicación magrebíes, pero también los españoles y franceses, han hecho lecturas interesadas del Informe, dictadas por prejuicios políticos y posiciones en favor de uno u otro de los países concernidos.

Más allá del contenido del Informe y de la presentación del mismo por los dos diputados en una Comisión del senado francés, presidida por Elisabet Guigou, hay que señalar lo siguiente:

En primer lugar, el trabajo hecho por los dos parlamentarios durante seis meses en las capitales magrebíes está destinado a mostrar a las Autoridades y a los medios económicos galos que los intereses de Francia en la región se están fragilizando, e incluso peligran. El Informe no va dirigido a la Unión Europea, ni a los otros países europeos con intereses en el Magreb, como Portugal, España o Italia, y tampoco a los Estados Unidos, sino a Francia.

Los diputados franceses se inquietan sobre la suerte de sus empresas, de la lengua francesa, de la cultura francesa, y de los vínculos políticos de Francia con sus excolonias del Norte de África. Es más, en un determinado momento, el republicano Guy Teissier advierte claramente del peligro que significa para los intereses galos la penetración de “otros países” en la región, que ve como competidores, y cita a China y a los Estados Unidos.

Dicho esto, el trabajo hecho por los parlamentarios parisinos sirve también a la Unión Europea y en concreto a España, para detectar los puntos de fragilidad que se señalan en los países estudiados.

Durante seis meses Teissier y Glavany han visitado Túnez, Argel, Rabat, Casablanca y Nuackchott, y mantenido encuentros institucionales y con representantes de la sociedad civil y de la clase política magrebí.

El Informe señala claramente y de manera absolutamente inusual “la fragilidad de los hombres en el poder” en los tres países centrales del Magreb. Una afirmación que preocupa seriamente al stablishment francés, que durante muchos años se ha pavoneado casi abiertamente de “tener todo atado y bien atado” en sus antiguas colonias. Lejos está la imagen patética de la ministra gala de Asuntos Exteriores Michelle Alliot Marie ofreciendo ayuda policial al general Ben Ali de Túnez para aplastar las movilizaciones populares pocos días antes del derrocamiento del dictador tunecino. Lo que por cierto no le impidió seguir su carrera política y constituir un nuevo partido “France Nouvelle” (Nueva Francia), con el que pretende presentarse a las Elecciones presidenciales de abril/mayo 2017.

Teissier y Glavany recuerdan que el Presidente tunecino Beji Caid Essebsi tiene 89 años y pronto cumplirá los 90, lo que ya de por sí sitúa a este país en un punto de “fragilidad extrema”; pero también que el Jefe de Estado argelino Abdelaziz Buteflika sufrió en 2013 una trombosis coronaria que le ha afectado su movilidad y su locución, de la que no se ha repuesto. Tanto Túnez como Argelia poseen una Constitución republicana fuertemente presidencialista y personalizada.

Más llamativo ha sido sin embargo sus propósitos sobre la salud del rey Mohamed VI de Marruecos, que, según Jean Glavany, “sufre una enfermedad de evolución lenta tratada a base de cortisona”.

El Informe francés advierte de que “la seguridad del continente europeo se juega en el Magreb y en la franja saheliana” y se interroga sobre la colaboración de los servicios galos con sus homólogos de la otra orilla mediterránea en cuestiones como la amenaza terrorista, los flujos migratorios, el crimen organizado y los conflictos como el de Libia que amenazan desestabilizar una región, considerada como “estratégica” para Francia.

De manera bastante clara afirman que, si bien Marruecos y Túnez colaboran bien con Paris, no es el caso de Argel, “que a menudo ni siquiera coge el teléfono cuando tratamos de advertirle de alguna penetración terrorista procedente del Sahel”. Lo que los diputados silencian sin embargo es que los servicios secretos argelinos, conocidos por su reputación de eficacia y profesionalidad, sí que colaboran activamente con los servicios de inteligencia de otros países como Estados Unidos, Rusia y algunos otros europeos, además de los países árabes. 

Incógnitas en la sucesión

La afirmación sobre la inseguridad en el problema sucesorio en los tres países centrales del Magreb, es desproporcionada. En Túnez, donde “la democracia es frágil” y existen “grandes riesgos de erupción social incontrolada”, el partido islamista Enahda que dirige el jeque Rached Ghanuchi es sin duda “la primera fuerza política del

país y el sostén principal del gobierno” que preside Yussef Chahed. La transición por lo tanto depende de Enahda. El futuro candidato que ocupará el Palacio de Cartago deberá tener el apoyo directo o indirecto de los islamistas. La única incertidumbre es la de saber si Enahda presentará su propio candidato o apoyará a otro, previo acuerdo de gobernanza con otras formaciones laicas. Lo que sí pesa en el futuro inmediato es la cuestión de la vuelta de los 1.500 yihadistas tunecinos que han hecho su bautismo del terror en Iraq, Siria y Libia, y que harán lo posible para derrocar el modelo de transición democrática tunecina.

Tampoco parece ofrecer grandes incertidumbres la sucesión al Presidente argelino Abdelaziz Buteflika, que, en este caso, según constatan los diputados franceses, “sigue estando en manos de las Fuerzas Armadas”. En los dos últimos años, dice el Informe, se han producido importantes cambios en la Administración y el aparato del Estado, cara a la sucesión presidencial. Y señalan en particular el desmantelamiento del servicio secreto DRS (Departement du Renseignement et de la Sécurité), y la constitución de uno nuevo controlado por la Presidencia y no por el Ejército como hasta ahora. El Informe incluso apunta a que el actual Jefe del Estado Mayor y vice-ministro de la Defensa, general Gaid Salah, “se ve él mismo como presidente” sucediendo a Buteflika, y añade que “posiblemente lo sea”; lo que algunos han interpretado como un espaldarazo de Paris al posible futuro Presidente.

En cuanto a posibles dudas, incertidumbres o incógnitas que se puedan presentar en la sucesión en Marruecos, el Informe – al menos lo que de él se conoce – se va por la tangente. Los mecanismos institucionales en Marruecos han hecho prueba de eficacia en los periodos de transición que ha vivido el Reino desde su Independencia en los años 50 del siglo pasado. La sucesión del sultán Mohamed V, como del rey Hassan II después, se hicieron en base a normas establecidas y aceptadas.

La sucesión al rey Mohamed VI que, según la Constitución, está prevista en caso de muerte, destitución o abdicación del monarca, es automática y compete al príncipe o a la princesa herederos al trono. Con 14 años, el príncipe heredero Hassan está siendo preparado activamente para su función. Incluso está previsto también la posibilidad de que el rey Mohamed VI pueda designar como heredera al trono a su hija la princesa Jadiya de 10 años actualmente. El Consejo Constitucional proclamará en las 48 horas automáticamente al heredero o heredera designado.

En cuanto a la clase política marroquí, en su aplastante mayoría aprueba la monarquía y los mecanismos sucesorios. Salvo un pequeño partido republicano y algunas asociaciones de la sociedad civil, los partidos políticos siguen la línea oficial. Los dos partidos principales, señalados por el Informe francés, el islamista PJD (Partido de la Justicia y el Desarrollo) y el PAM (Partido de la Autenticidad y la Modernidad), aseguran el equilibrio y la estabilidad en la sucesión al trono. Lo que no impide que a pesar de la “reforma constitucional inteligente” hecha por el rey Mohamed VI en 2011, existan ciertos riesgos de protestas populares originados por los problemas socio-económicos y por la fractura entre un Norte próspero y un Sur que arrastra un letargo de pobreza y subdesarrollo.   

La “cuestión del Sahara occidental”, que durante años se creyó que podría ser decisiva para el futuro y la supervivencia de la monarquía, no es así. Cualquiera sea la fórmula que se adopte en la solución definitiva al conflicto, (autonomía, federación, confederación, Estado asociado, etc.), la Monarquía posee su propia dinámica integrada al pensamiento político marroquí.

Al César lo que es del César…