Antonio Sánchez-Gijón/CapitalMadrid.com

Pie de foto: No mar­cado por la co­rrup­ción, Ouyahia de­berá tener cui­dado con los fa­vo­ritos del pre­si­dente

El nuevo primer mi­nistro de Argelia, Ahmed Ouyahia, que tomó po­se­sión del cargo el miér­coles 16 de agosto, ocupa esa po­si­ción por cuarta vez. Es un hombre de la ab­so­luta con­fianza del pre­si­dente Abdul Azziz Bouteflika, cuya ma­gis­tra­tura ca­duca en 2019, des­pués de más de veinte años en la cima del po­der. De ahí que Ouyahia sea en estos mo­mentos un hombre clave en el fu­turo pró­ximo de Argelia.

Ouyahia goza de gran prestigio entre los servicios de seguridad, y no se le atribuyen escándalos de corrupción. Esos rasgos son de importancia crítica para asegurar la transición previsible cuando Bouteflika desaparezca por ley de vida o por haber llegado al final previsible de su larga carrera política.

El nuevo primer ministro releva a Abdelmadjid Tebboune, quien ha estado al frente del gobierno menos de tres meses (desde el 25 de mayo). Teboune tuvo que capear una política de austeridad heredada de anteriores administraciones, y en su corto mandato chocó con intereses económicos de algunos grandes empresarios, particularmente Ali Haddad, propietario de empresas de la construcción. Mientras Haddad contaba con el apoyo resuelto de Bouteflika, Tebboune había ordenado revisar importantes contratos de la administración firmados bajo el mandato de su antecesor, Abdelmalek Sellal. La caída de Tebboune venía anunciada por una dura y reciente campaña contra él, conducida muy personalmente por el propio presidente.

El empresario Haddad representa una línea ideológica liberalizadora, algo que no siempre encuentra simpatía en una sociedad y un sistema político condicionados por una economía fuertemente estatalizada y dependiente de las exportaciones de hidrocarburos, principalmente gas natural. Este síndrome de dependencia social y económica respecto de unos vastos recursos ha tenido como consecuencia un desapego de la población respecto de la política de partido. Las elecciones del pasado 4 de mayo dieron un índice de participación del 38%, cuando el gobierno calculaba que votaría el 43% del censo.

Esas elecciones también indicaron cambios en el equilibrio político del país, con el partido histórico Frente de Liberación Nacional cediendo escaños al Movimiento Nacional por la Democracia (RND en sus siglas en francés), del que Ouyahia ha sido secretario general. La nueva asamblea también amplió la presencia de la oposición islamista, con 67 representantes, siete más que en el anterior parlamento. Actualmente Argelia se está viendo forzada a cambiar su modelo de crecimiento, y ello por dos razones: la rápida expansión de su población (40.400.000 en la actualidad), con un alto componente de gente joven, y drásticos descensos de los ingresos por la exportación de hidrocarburos, debido a la reducción de sus precios en el mercado mundial. Se estima que por cada descenso de $1 en el precio del barril, el tesoro argelino pierde $600 millones. Sonatrach, la empresa nacional de hidrocarburos, está ingresando sólo unos $21.000 millones anuales por sus ventas, menos que la mitad de los años de bonanza. Como resultado, el presupuesto del estado es, en este año, un 14% menor que el del pasado, que a su vez había sido 9% menor que el del año anterior.

Las esferas de gobierno son conscientes de que el modelo de desarrollo debe ser modificado. ¿Pero cómo? La capacidad manufacturera es débil, incluso si se la compara con la de Marruecos, que cuenta con importantes inversiones europeas y norteamericanas. Un recurso a explotar es la relación de su vasto interior sahariano (Argelia es el país más extenso de África) con el sur continental de su territorio. Por un lado, anuncia planes para invertir $60.000 millones en energía solar y eólica en los próximos catorce años, y formar unas reservas de 300.000 millones de m3 de gas para su consumo hasta 2030. Por otro, espera servir de plataforma de exportación de bienes industriales propios o ajenos, a través de una autovía transafricana de 9.500 km que, a partir de 2018, unirá seis países africanos. Como cabecera de esa ruta comercial, Argelia está construyendo un superpuerto en Hamdania, que según la administración será el mayor del Mediterráneo y dará a Argelia conexión marítima con los otros continentes.

Desde un punto de vista puramente geopolítico, hay que señalar que Argelia seguirá poniendo un énfasis particular en mantener su superioridad militar frente a la otra gran potencia del. Magreb, Marruecos. Con un presupuesto militar de más de $10.000 millones de dólares, Rabat no está en condiciones de competir en potencia de fuego con el gran vecino. Las dos naciones, sin embargo, cuentan con poderosos aliados exteriores. Argelia se apoya en Rusia para mantener una fuerza aérea avanzada, y Marruecos encuentra el apoyo político y militar de Francia, el diplomático de España, así como el particularmente significativo de los Estados Unidos, en todos los terrenos.