F. Javier Blasco

Según el Génesis, (el primer libro del Antiguo Testamento) Caín fue el primogénito de Adán y Eva, el primer ser humano nacido fuera del Paraíso y el primer fundador de un asentamiento humano y que se dedicó al cultivo de la tierra. Su hermano menor, Abel prefirió el pastoreo y ambos presentaron ante Dios un presente que cada uno lo dedicó a los productos que cultivaba o con los que trabajaba.

Según dichas escrituras, Dios prefirió la oferta de Abel lo que causó un tremendo arrebato de celos en su hermano mayor, tanto que le llevó a asesinarle. Como consecuencia de este vil acto entre hermanos, Dios desterró a Caín quien vagó por varios territorios hasta asentarse en la tierra de Nod donde edificó la primera ciudad a la cual llamó Enoc, en homenaje al nombre de su hijo.

Todo esto forma parte de los relatos bíblicos que, como todos sabemos, muchos de ellos se han valido de leyendas e historietas para hacer más comprensible y atractiva la palabra del creador a las gentes con ciertas dificultades para creer o entender las cosas de forma directa.

Sea cierta o no la historia relatada, la verdad es que la leyenda bíblica de Caín y Abel ha logrado llegar a todas las esferas sociales en todo continente desde el principio y se mantiene viva en nuestros días como sinónimo de traición y del mal obrar entre hermanos o allegados. Hecho que le hace que logre una mayor validez y credibilidad entre los seres humanos y de ella hayan nacido términos como cinismo o cainita para describir actitudes revanchistas y totalmente reprochables contra los propios compañeros, amigos, compatriotas, etc.

Como la mayoría de los adultos de nuestro entorno he escuchado y empleado este relato y términos para definir situaciones incomprensibles y llenas de vileza en las que las personas son capaces de olvidar y traicionar sus principios, renegar de los lazos contraídos y obrar contra sus compromisos por motivos relacionados con el propio beneficio, la envidia y el egoísmo desenfrenado.

La leyenda puede ser cierta o no, pero lo que sí es patente y claramente demostrable es que casos de este tipo proliferan por doquier y llevan a las personas a situaciones peligrosas arrastrando con ello a todo aquel que confiaba en sus principios y formas de entender la vida.

Surgen en todo ambiente y condición, aunque lo malo de estas actitudes es que cada vez se dan con mayor intensidad y frecuencia entre los políticos y sus correspondientes partidos tanto interna como externamente. Hoy en día ya nada ni nadie es fiable. Basta cualquier atisbo de esperanza en mejorar resultados o encumbrase a cotas mayores, aunque sea a costa de otros para lanzarnos a lo que conocemos como actitudes cainitas.

Es vergonzoso ver, tal y como he publicado en numerosas ocasiones, a los partidos políticos y a sus dirigentes desdecirse de lo dicho, cambiar de criterio y actuar con todo su ahínco en destrozar al que hasta hace poco era su compañero o aliado de ideas, principios y valores.

Tanto es así en España que parece que sea allí donde se fijó la bíblica tierra de Nod en la que Caín se asentó; porque sus genes y forma despiadada –aunque simbólica- de actuar pululan por doquier, pocos reniegan de ellos y cada vez son mayores los ejemplos y consecuencias de tales desaguisados.

Tenemos a un PSOE que sin rumbo fijo en lo que a España se refiere, cambia de discurso a la velocidad del rayo. Lo mismo le da blanco que negro siempre que sus máximos responsables entiendan que dichas posturas, aunque sean totalmente dispares u opuestas, pueden darle cualquier tipo de rédito, por mínimos que estos sean. Cualquier excusa es válida, con tal de desgastar al gobierno que no sea el suyo y presentarse como la panacea o solución de todos los problemas, a cualquier precio y, casi siempre, sin pensar en lo anacrónico de su idea o giro ni en lo que nos costará al bolsillo de cada uno de los españoles. Sus principios son como los famosos de Groucho Marx quien como recordamos se presentó a modo de parodia como el ejemplo de una persona dispuesta a cambiarlos en cualquier momento sin alterarse lo más mínimo.

No quisiera extenderme mucho en este trabajo y por tanto no voy a citar los muchos ejemplos que avalan lo que acabo de decir y porque entiendo que la mayor parte de los que lo lean son conscientes de ellos, aunque algunos no los traten en el mismo sentido o los cataloguen como tales. La mayoría son rastreros y faltos de contenido, solo buscan notoriedad y cierto grado de originalidad, aunque muchos giran sobre el mismo mono tema, desenterrar de forma totalmente selectiva los horrores y errores del pasado por muchos años que hayan pasado desde que en España unos y otros se vieron envueltos en lo peor que puede pasar entre hermanos y vecinos, una guerra civil.

Guerra que ellos tratan de desempolvar de tiempo en tiempo, para mantener viva una llama entre aquellos que nunca conocieron ni sufrieron directamente sus consecuencias ni veleidades. Parece que buscan cobijo y rentabilidad en recrear aquellos tiempos y en echar las culpas de todo aquello -de forma totalmente intencionada y tergiversada- sobre un partido político en concreto, que, aunque como todos ellos hoy está formado por descendientes de uno y otro bando, fuera el que los empleó como mascarón de proa que guío aquellos terribles acontecimientos y por tanto, sea solo este el que deba pagar por ellos.

Por otro lado, tenemos a un partido político populista lleno de confluencias y tendencias, que como todos sabemos, son totalmente antisistema, excesivamente selectivos en apreciar horrores y desaguisados, tremendamente sensibles a la crítica hacia ellos y, que sin embargo, se apoyan en países teocráticos o totalmente antidemocráticos, a los que, sea por las razones que sean -principalmente de tipo económico y fundacional-, nunca critican y siempre justifican pase lo que pase o hagan estos lo que hagan con sus gentes y políticas.

No merece la pena perder más tiempo en definirles y analizarles; todos sabemos lo que buscan, en que se basan y cuáles son sus objetivos finales por mucho que se disfracen y traten de aparentar lo contrario. No obstante, creo que merece la pena traerlos a colación porque este movimiento no es un mal especifico de España y los españoles; proliferan en todos los continentes y cada vez su fuerza es bastante más relevante por lo que habrá que tenerlos en cuenta a la hora de estudiar sus manidas y bien estudiadas aproximaciones a otros partidos cainitas, que en busca de sus propios horizontes, no dudan en alinearse con estos retorcidos políticos cayendo en sus garras sin darse cuenta de que siempre se visten de corderos.

Llega el turno de hablar, una vez más de Ciudadanos; un partido político al que he dedicado muchas palabras en otros trabajos y de los que nunca me he fiado. Un partido con un discurso lleno de rencor perfectamente disfrazado.

Si he dicho rencor porque hay que saber que una mayoría de sus máximos responsables, militaron en las filas de otros partidos como el PP o el PSOE, pero, en los que por razones o actitudes muy personales o sus capacidades no lograron cuajar y se vieron relegados a puestos de poca monta o simplemente fueron desechados.

Ese escarnio personal les llenó las alforjas para tomarse la revancha y desde sus primeros pasos, aunque aún no han tenido responsabilidades políticas personales de calado, siempre han buscado la sombra y el apoyo de o hacia sus partidos de procedencia y no tienen miramientos en aliarse con unos o con otros. Todo es válido, si ello les lleva a forzar a sus “apoyados” a situaciones límite sin tener en consideración el costo político y económico que ello supone tanto a los que gobiernan como al de los contribuyentes.

Un partido que nació en Cataluña con intenciones y horizontes locales, pero que poco a poco, van extendiéndose a otros confines con personas (hombres y mujeres) jóvenes en su mayoría, con caras amables, pero llenas de ironía nada más abrir sus bocas. Un partido que tiene como cruzada la lucha contra la corrupción pero que no explica por qué el Tribunal de Cuentas les ha tumbado las propias correspondientes al año 2016. Todo lo que ocurre en otras filas políticas son casos de grave corrupción, pero lo que ocurra en las suyas es solo fruto de errores administrativos o despistes personales sin la menor importancia.

Un partido que habla y exige la regeneración de las personas en la política, pero al igual que ocurre en todos los demás, mantiene en sus filas, durante ya bastantes años, las mismas caras, ideas y solo cambia de principios según les venga el aire o a golpe del tirón de las encuestas.

Son cambiantes y mutantes sin cesar; cosa que pudimos comprobar en la pasada legislatura catalana, en la que no dudaron en tachar de desleales a quienes se resistieron a acompañarles en una “moción de censura” que no tenía ningún viso de ser alcanzable y que, sin embargo ahora, a pesar de sus grandes resultados, desde el minuto uno anuncian que los números “no les dan” para, al menos intentar presentarse a la presidencia de la Generalidad. Para ellos, todo es como Campoamor lo veía; en función del color del cristal, su cristal, con el que se mira.

Se opusieron durante mucho tiempo a la aplicación del artículo 155, hasta que vieron que el PP y el PSOE estaban dispuestos a hacerlo. Solo entonces, se autoproclamaron en los máximos defensores y exigentes de su aplicación y tragaron con todas las exigencias cainitas del señor Sánchez que tan malas consecuencias ha traído en esta situación. Vieron la oportunidad de aglutinar el llamado “voto útil” en favor de sus listas y no dudaron en poner a caer de un burro al resto de compañeros de viaje, si ello les reportaba muchos más votos. No dudaron en hacerlo a cara descubierta, sin pensar que muchos de aquellos votos son prestados –la mayoría del PP-y con ellos sometieron y siguen sometiendo al PP a un camino de pocas rosas en dicha comunidad. Cosa, que sin duda, muchos se lo reprochan y lo tendrán presente en próximas ocasiones. Por último, al respecto de este tema y como signo más cainita, no cesan desde el mismo día de las elecciones en reprochar los malos resultados del PP y PSC cuando, son ellos en gran parte, los responsables de tal descalabro al ahondar en la herida y reclamar el voto útil tras descubrir las malas, débiles o nulas estrategias de sus “aliados” políticos.

En su busca de notoriedad, que suele ser efímera, no cesan desde entonces en echar órdagos a todos los gobiernos a los que apoyan incluidos ayuntamientos y comunidades autónomas. Hasta el punto de que ayer el presidente del Gobierno tuvo que reprochar al señor Rivera que no se confunda de enemigo.

Sus intentos o realidades de pactos han girado a izquierda y derecha, en cuestión de días, sin titubeos y como vulgarmente se dice, sin cortarse ni un pelo. Hasta ahora solo mantenían una línea roja; no alinearse con Podemos en ninguna circunstancia. Pero todo apunta a que dicha línea ya ha desaparecido con tal de conseguir sus propósitos y beneficios en lo que respecta al número de escaños, sin fijarse que fue esa misma ley la que les otorgó la mayoría de escaños en Cataluña. Su inagotable ansia y ganas de notoriedad les puede llevar a graves errores, que doy por seguro, que muchos de sus ahora seguidores nunca entenderán. Veremos que sucede con el tema de la prisión permanente revisable.

Seguidores, que ya veremos en qué proporción se transforman en votos contables a la hora de la realidad nacional, regional y local. No debemos olvidar que los muchos apoyos mediáticos y económicos con los que siempre han contado,, normalmente han tendido a exagerar sus posibilidades antes de cualquier comicio y, de momento, el éxito parcial -y por lo que se ve totalmente inútil en Cataluña- no es totalmente extrapolable al resto de territorios porque sus recetas en ellos no son igualmente válidas ni vendibles.

Llega el turno de repasar las actitudes de los partidos nacionalistas y separatistas, quienes viven de chupar la sangre al resto de España cuando atisban cualquier signo de debilidad en los grandes partidos a la hora de formar gobiernos en minoría. Su actitud, políticas y gestos siempre han sido en beneficio propio y es quizás por ese afán cainita y corto de miras de los españoles por lo que siempre han triunfado y aquellos han logrado pingues beneficios. No aprendemos de otros países como Alemania que siempre buscan el bien del país y el confort de sus ciudadanos en las grandes coaliciones. Acabamos de ser testigos de una nueva coalición en aquellas tierras, en la que tanto las izquierdas como las derechas han tenido que ceder y mucho con tal de sacar el país hacia adelante y en mantenerse a los mandos de la locomotora europea. En España esto, de momento, es totalmente impensable y mucho me temo, que continuará siéndolo por muchos años. Así nos fue, nos va y continuará yendo.

Son vendedores de humo, engaños y auténticos especialistas en crear falsas ilusiones en sus tierras y gentes sobre la base de una constante tergiversación de la historia, la realidad económica y de un envenenamiento cultural de la sociedad a la que llegan en estos términos en función de las transferencias de responsabilidades que han ido logrando como prebendas a sus actos de puro cinismo y cainismo al prestar apoyos puntuales a los diversos gobiernos centrales minoritarios. Aunque, debo decir una vez más, que estos no engañan a nadie; todos sabemos o deberíamos saber cuál es su meta u objetivos; solo el egoísmo de los partidos de gobierno en debilidad y el cainismo del resto que acosan o impiden la labor de dichos gobiernos en beneficio de todos, hace que aquellos hayan llegado donde han llegado y veremos hasta donde llegarán.

Por si no tuviéramos poco con el bodrio y el esperpento catalán, estos días se han hecho públicas las intenciones del PNV con respecto al País Vasco y me temo que como suele decirse, ya estemos ante la segunda edición del Telediario. Mal camino para España y los españoles que estamos hartos de tanta monserga y mucho más de la falta de cohesión y seriedad de los que tienen la obligación de velar para que esto no ocurra. Me temo que una -y en ocasiones hasta dos- de las tres patas donde se asientan los Poderes del Estado no están a la altura de sus obligaciones o no entienden cuál es su papel, o sí en función del verdadero calado de sus reales, espurios y ocultos intereses.     

Otro de los rasgos del cainismo se aplica y mucho en el seno de los propios partidos sin distinción de colores e ideas. Cuando las cosas no van tan bien como se esperaba o cuando, individualmente, se teme por la propia poltrona y sueldo; en todos los partidos suena el toque arrebato. Los nervios florecen por todos los rincones y personas y pocos dudan en poner a bajar de un burro a su líder o máximo dirigente, huyen como las ratas de un buque antes de su naufragio o piden grandes cambios. Que flaca es la memoria sobre las responsabilidades propias y que grande es la ingratitud.

Por último, no quisiera terminar estas líneas sin mencionar las traiciones sobre los seguidores y el electorado de los partidos políticos al cambiar u olvidar constantemente las políticas prometidas. En este tema, uno de los grandes maestros es el PP. Ejemplo vivo de lo que se promete tiene poca validez, que otros intereses tienen mucha más prioridad que mantener una línea coherente en lograr los objetivos con los que se presentaron y por los que se les votó. Postura esta, muy perniciosa ya que siembra el descontento y el desconcierto entre los seguidores y votantes y es la principal fuente de las fugas y derrotas de partido.

En definitiva, al terminar este corto trabajo creo que no estoy describiendo nada nuevo bajo el sol, solo aunar ciertos cabos sueltos y poner de manifiesto que, con mucha probabilidad, el cainismo no es un mal exclusivamente circunscrito a España y los españoles; ejemplos similares hay muchos a lo largo y ancho del planeta. Pero, lo que si es cierto es que en España los tenemos a raudales y en todos los rincones. Que esta enfermedad del raciocinio está más que arraigada en nuestra patria y tendente al liderazgo internacional. Que será muy difícil superarla y, que con los que tenemos al timón de cada partido político nunca se conseguirá erradicarla. Lo dicho, creo que las sagradas escrituras no definieron bien la enunciada tierra de Nod. A la vista de los hechos y lo dicho, estoy firmemente convencido de que Nod era España