Antonio Sánchez-Gijón/CapitalMadrid.com

Pie de foto: Libia. El ge­neral Haftar es para Francia, Egipto, Rusia y Emiratos, una pieza muy va­liosa

El drama y la crisis de los emi­grantes eco­nó­micos y re­fu­giados que salen de Libia hacia Europa co­rren pa­ra­lelos a una trama de in­tereses po­lí­ticos y eco­nó­micos en que se ha­llan im­pli­cadas al­gunas de las grandes po­ten­cias, tanto de Europa como de Medio Oriente, as­pi­rantes a de­ci­dir, o al menos a in­fluir, sobre la suerte de ese po­ten­cial em­porio de ri­quezas ener­gé­ti­cas, y que es tam­bién pieza clave de cual­quier ar­qui­tec­tura di­plo­má­tica del Mediterráneo.

La crisis libia se ha agudizado en las últimas dos semanas debido a una serie de choques armados por el control del llamado Creciente del Golfo de Sirte. A mediados de junio las terminales petrolíferas de Ras Lanuf y Es-Sider, que se hallaban bajo el control del Ejército Nacional Libio (ENL) comandado por el general Jalifa Haftar, fueron atacadas por el antiguo jefe de la Guardia de las Instalaciones Petrolíferas, Ibrahim Jadran, en un intento de recuperar unas infraestructuras que su fuerza había controlado desde el final del régimen de Gadafi y de las que Haftar les había desalojado hace unos dos años.

El intento de Jadran fracasó (no sin gran daño para las instalaciones petrolíferas), gracias a una enérgica ofensiva del ENL. Haftar se apresuró a anunciar que los ingresos por la venta del petróleo, ahora bajo su control iba a resarcir a sus fuerzas de la negativa del gobierno oficialmente instalado por las Naciones Unidas en Trípoli, de sufragar los gastos de una fuerza armada que fue decisiva en la expulsión del Estado Islámico, que además pacificó vastas regiones del nordeste del país.

Haftar anunció inmediatamente que entregaba el control de las infraestructuras a una Corporación Nacional del Petróleo (CNP), en claro réplica a la CNP instalada en la capital, Trípoli, que es la entidad reconocida por el gobierno de Concordia Nacional, patrocinado por las Naciones Unidas y que opera dentro de la antigua capital, hostigado por milicias islamistas y tribales instaladas en la región y en la propia ciudad.

El presidente de la CNP oficial, Mustafá Sanalla, calificó el intento de Haftar de ‘criminal’, y se apresuró a invocar la resolución 2362 del consejo de seguridad de las NN.UU, que condena las exportaciones ilícitas del petróleo libio. Un intento de vender ese mismo petróleo, en 2016, fue bloqueado por la ONU.

El gobierno de Trípoli no es unánime en la cuestión de la CNP de Haftar. Uno de sus vicepresidentes, Fati al-Majbari, expresó simpatía por el punto de vista de Haftar, y no tardó en recibir una advertencia anónima: el asalto a su domicilio en Trípoli, el pasado martes, para causar destrozos y herir a un guarda. Majbari había denunciado “el aislamiento sistemático, la marginalización y la distribución injusta de los recursos de la producción”, en referencia a la provincia oriental de Cirenaica.

Lo problemático de esta situación es que el general Haftar es el único hombre de armas que ha demostrado capacidad militar suficiente para contener o derrotar a las milicias islamistas opuestas al llamado gobierno de la Cámara de Representantes, instalado en Tobruk, y que no obedece al gobierno de Trípoli, aunque afirma querer negociar un acuerdo institucional que conceda poderes a las fuerzas políticas del nordeste del país.

Francia apuesta claramente por Haftar, en coincidencia con Egipto, Emiratos, Rusia y Arabia Saudí. El actual ministro de Exteriores de Macron, Yves le Drian, es el principal ‘padrino’ de Haftar, con el que mantuvo conversaciones cuando era ministro de Defensa de François Hollande. En mayo de este año se celebró en París el encuentro de un número de primeras figuras de la política libia, y allí, el enviado especial de las NN.UU., Ghassan Salamé, se desvió de algunos puntos importantes del plan de la ONU, como que antes de celebrar elecciones generales se debía enmendar el Acuerdo Político Libio de 2015; tampoco mencionó la convocatoria de una conferencia constitucional, como pasos necesarios para resolver la crisis política.

Los demás países europeos respaldan, al menos oficialmente, al gobierno de Trípoli reconocido por las NN.UU. El italiano, el más directamente interesado en una solución, se quedó sorprendido por no haber recibido notificación de la reunión de París, a pesar de que ya tenían experiencia en el trato con el general, al que habían recibido en Roma en septiembre de 2017.

Los ‘activos’ de Haftar se resumen en que posee unas fuerzas entrenadas y razonablemente capaces, recibe el apoyo financiero y militar de poderosos patronos árabes y, sobre todo, cuenta con la única fuerza aérea operativa en Libia. Con una experiencia personal como refugiado en los Estados Unidos después de abandonar el servicio en el ejército de Gadafi, es de presumir que Washington tiene sobre él una cierta capacidad de influencia.

Hombre bien entrado en los setentas, la salud de Haftar, según informes no confirmados, sufrió una crisis que le mantuvo alejado de la escena durante unas semanas de este año. La acción de su ejército en el Creciente Petrolífero parece indicar que ha recuperado facultades. Si es así, Francia y otros países ya tienen su ‘hombre fuerte’ para dar salida a un aspecto, quizás el más decisivo, de la multifacética crisis libia. Una crisis también europea.