Anrtonio Regalado

Pie de foto: Los ataques de izquierdistas y separatistas a la Monarquía y a la unidad han despertado un patriotismo cívico que ha llenado de banderas los balcones de media España

La Carta Magna cumple cuarenta años. Es la más longeva de las ocho que han conducido la vida de los españoles desde la promulgada por las Cortes de Cádiz en 1814. Es la hora de reconocer públicamente el valor de unas reglas de juego que nos han servido para consolidad la democracia tras cuatro décadas de un tiempo oscuro, y a los hombres que cambiaron la Historia. Como aprendimos con Adolfo Suárezla concordia fue posible porque todos los protagonistas cedieron un poco. Creo que no apreciamos en plenitud el valor que tiene haber disfrutado del mayor periodo de estabilidad política, económica y social. 

La Constitución Española (CE) ha garantizado nuestros derechos, deberes y libertades en plenitud; nos ha permitido ingresar en la Unión Europea y nos ha brindado un sistema de poder más cercano al pueblo gracias a la descentralización en las Comunidades Autónomas. Gozamos, pues, de un Estado de Bienestar próspero donde están blindadas la sanidad, la educación, el desempleo, la jubilación y la dependencia. 

Como bien subrayó el rey Felipe VIen la última Pascua Militar “la Constitución esel gran Pacto de convivencia sobre el que se asientan nuestra libertad y nuestro progreso”.

 En este sentido, conviene poner de relieve los valores en los que sustenta la Ley de Leyes: (libertad, democracia, igualdad, solidaridad, derechos sociales) para comprender que hemos construido un Estado de Derecho capaz de neutralizar –como ha señalado el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page- “dos golpes de Estado (21 de febrero del 1981 y 1 de Octubre de 201) y el terrorismo de ETA”.  

Cuarenta años después de aquel 6 de diciembre de 1978, la Constitución sigue ahí, con algunas arrugas en el alma, pero demostrando su fortaleza en momentos críticos como los que vivimos en Cataluña, donde el egoísmo nacionalista quiere aún romper la unidad de España. Ha bastado la aplicación moderada del artículo 155 para parar el secesionismo. El Poder Judicial, independiente, se encarga ya de aplicar todo el peso de la Ley contra los golpistas. Ya desplegó todo el rigor del Código Penal contra los otros golpistas, los del 21-F, que solo pretendían cambiar el gobierno. ¿Alguien firmó sus indultos? Nadie. Impensable.

Nuestra Norma Suprema ha aguantado, siete crisis económicas y político-sociales, los constantes zarpazos terroristas de ETA, del GRAPO, de Terra Lluire, del Batallón Vasco-Español, de los GAL y del Daesh, dejando un océano de sangre con más de mil muertos, tres mil heridos y unos 50.000 millones de euros en destrucciones masivas, estragos y daños colaterales económicos. 

Es cierto que la CE precisa de una reforma (un liftin) pero conviene precisar el alcance de las mejoras y el consenso necesario para que la construcción constitucional no se debilite en favor de unos pocos ni vaya en detrimento de las Instituciones comunes.

Principios y valores

Ahora, precisamente ahora, conviene releer especialmente algunos de los 168 artículos que la conforman, para sentirnos orgullosos del histórico viaje colectivo que emprendimos con las  aquel último mes del 78.

En el Título Preliminar se recogen los principios y valores aprobados por consenso. Art. 1. “España es un Estado social y democrático de Derecho”; la soberanía nacional reside en el pueblo español; la forma política de Estado es la Monarquía parlamentaria”.

El artículo 2 está redactado con especial devoción. “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles…”.

El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla”. (Art.3); “Labandera española(Art. 4)está formada por tres franjas horizontales, roja, amarilla y roja, siendo la amarilla de doble anchura que cada una de las rojas”. Artículo 5: “La capital del Estado es la Villa de Madrid”.

En el Capítulo Segundo se consagran los derechos y libertades de todos los españoles (Igualdad ante la ley, derecho a la vida, se garantiza la libertad ideológica y religiosa, la libertad personal, la intimidad, la inviolabilidad del domicilio y de la correspondencia, la libertad de residencia y circulación y la libertad de expresión) Asímismo, se reconocen los derechos de reunión, asociación, sindicación, participación, libertad de educación y de enseñanza y la prohibición de los Tribunales de Honor.

El derecho a la propiedad, al trabajo (como deber y como derecho) va paralelo a la libertad de empresa dentro de una economía de mercado. Somos un Estado de Derecho.

Deslealtades y solidaridad.

Y damos un salto hasta el abierto e inacabado universo de las Autonomías. El Título VIII desarrolla la organización territorial del estado en municipios, provincias, cabildos y comunidades autónomas. Y aquí es verdad que la letra se ha interpretado con criterios egoístas desde algunas comunidades autónomas. La Ley de Leyes es rígida en la manera de cambiarla, pero flexible y elástica para que nos integre a todos. Pese a la deslealtad de los nacionalismos excluyentes y al tancredismo de los tres últimos gobiernos de la Nación (Zapatero,RajoySánchez) la CE sigue en pie. 

Claro que es necesario un liftin constitucional. Evitando eso sí, el canto de sirena “federal” del PSOE y el término plurinacional”, de Podemos, que nos condenen a ser ciudadanos de segunda frente a los nuevos neonazis regionales que quieren implantar un derecho a decidir que no existe en ningúna parte del planeta. 

La solidaridad del pueblo español es más fuerte que todos los egoísmos periféricos juntos;cuarenta años de democracia han permitido ser gobernados por partidos de centro, de izquierda y de derecha. El último servicio de nuestra autopista constitucional ha otorgado pasar por las urnas, en libertad, a los ciudadanos andaluces y a cambiar un régimen con 39 años de vigencia.

Reformas y consenso

Todos coincidimos con Lord Actonen “que el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Pero por fortuna, las tiranías no duran cien años. La alternancia solo la hace posible una Carta cuarentona que no cambia las normas en la mitad del partido. 

Reformas, sí, pero explicando previamente el alcance y la profundidad de las mismas no se puede entrar en trasformaciones radicales en la mitad de una crisis como la que ha generado un gobierno catalán que sigue adelante con un golpe de Estado interminable. El Estado de Derecho garantiza un juicio justo incluso a quienes quieren hacernos creer que “no pasó nada” ni el 7 y 8 de septiembre (leyes de desconexión con España, copiadas de La Ley Habilitante de Hitler, 1933), ni en el referéndum ilegal (con violencia y sin garantías) del 1 de octubre y el 10 de octubre de 2017, proclamación de la república catalana. 

El valiente discurso del rey en la larga noche del 3 de octubre/17, apoyando la Constitución, despertó un patriotismo cívico imparable que ha llenado de banderas los balcones de media España y de fe y esperanza a millones de españoles que creen por encima de rodo en la unidad de la Patria.

La Constitución, como nuestras propias vidas, ha sufrido altibajos en estos 40 años; pero de los errores aprendimos que hay que seguir remando hacia adelante, -siempre adelante-; y de los fracasos, que es mejorllegar juntos y a tiempo”

Insistimos en que hay que reformar la CE del 78. Pero para que todos los ciudadanos seamos más libres y más iguales. Y para acabar con los privilegios. Para empezar, sería preciso derogar los derechos forales del País Vasco y de Navarra consagrados en las Disposiciones finales por imperativo de las pistolas de ETA; y acabar con el PER andaluz y extremeño, dedicando esos dineros a formación. Hay que recuperar las competencias exclusivas para el Estado en materia de seguridad nacional, justicia, educación, sanidad, representación en el exterior, circulación, aguas y medio ambiente. Y que el español siga siendo el idioma común en todo el territorio nacional. 

Un cambio transformador

El vuelco de las urnas en el sur ha sido histórico. El bipartidismo ha muerto y empieza la cultura del pacto, una filosofía del consenso permanente.  El futuro no va a ser una lucha entre izquierdas y derechas sino entre demócratasconstitucionalistasy un frente popular republicano totalitarioque quiere ganarle a Francola guerra del 36. Los que hemos estudiado aquellos años convulsos, hemos llegado a la conclusión de que, se mire por donde se mire, los hechos certifican que la II República nos llevó directamente a la guerra; una guerra incivil, que empezó con las revoluciones del 34 –no el 18 de julio del 36- y terminó el 1º de abril del 39.

La lección andaluza va a significar un cambio transformadoren la vida política nacional. Los nuevos protagonistas políticos (Ciudadanos y VOX) tienen mucho que decir y qué negociar con los partidos viejos (PSOE, PP y Podemos). El llamamiento de Iglesias a tomar las calles como protesta por el ascenso de VOX mientras se alía con los bilduetarras y separatistas, encubre una realidad desnuda: los comunistas no creen en las urnas ni en la democracia. Por eso son comunistas: al igual que Lénin, Stalin, Mao, los Castro, los Kim nortcoreanos o Maduro, desde suscasoplones protegidos, están en contra de la propiedad, de la libertad, del individuo, de la empresa, de la justicia, de la enseñanza, de la Iglesia católica   y del Estado. Eso sí, confían en la gente. Y la manipulan con su propaganda goebelsiana cuando no acuden a votar.

Como casi siempre en la España moderna, el PSOE tiene la llave del futuro. Confiemos en su constitucionalismo, aunque el domingo pasado haya perdido el poder en sus fincas del sur

Homenaje popular

Ha llegado la hora de rendir un homenaje público a la Carta Magna y a los siete padres redactores  (Gabriel Cisneros, Miguel Herrero y Rodriguez de Miñón, José Pedro Pérez-Llorca, Gregorio Peces Barba, Jordi Solé Tura, Manuel Fraga Iribarne y Migue Roca y Junyent) Junto a ellos, todo un pueblo que empujo la Transición hacia adelante, liderados por cinco personas hoy casi olvidadas: Adolfo SuárezGonzález, Torcuato Fernández  Miranda, Felipe  González Márquez, Santiago Carrillo Solares y Juan Carlos I de Borbón y Borbón. 

El Gobierno debería promover una suscripción popular para levantar un monumento a la Carta Magna en agradecimiento a estas cuatro décadas de nuestra historia –las mejores décadas de nuestra vida-, y que en piedra queden para siempre grabados con sencillez los nombres y apellidos de estos nobles servidores públicos que nos abrieron un camino sin retorno hacia la convivencia y la solidaridad.

Hoy, la unidad de los constitucionalistas es más fuerte que la de los que quieren romper, de parte a parte, nuestra tierra. El barco Españanavega con rumbo firme a puerto seguro al mando de un capitán experimentado y valiente, el rey Felipe VI.  

Cuarenta años juntos son solo el primer capítulo de una historia compartida por hombres y mujeres libres, muy orgullosos de ser y de sentirse ciudadanos españoles y europeos.  ¡Viva la Constitución de 1978!