Ángel Álvarez Hernández

Web Islam

Donald Trump ejerce de comercial para el complejo militar/industrial de Estados Unidos vendiendo armas en Oriente Medio y alimentando guerras. Su visita a Arabia Saudí sirvió para firmar el mayor contrato de venta de armas de la historia por un importe de 110.000 millones de dólares, (98.000 millones de euros).  Cuando se marchó, Arabia Saudí y sus aliados declararon una guerra diplomática a Qatar, país en el que curiosamente Estados Unidos tiene la mayor base militar fuera de su territorio con 10.000 efectivos.

Durante el siglo XIX, las diferentes administraciones norteamericanas se dedicaron a fomentar la venta de alcohol y armas a las poblaciones nativas para que se mataran entre ellas, mientras les robaban sus territorios, su cultura y su historia. En la actualidad, Oriente Medio es tratada exactamente igual que fueron tratados los apaches o los sioux. El dinero que ganan las monarquías petroleras con la venta del petróleo se lo gastan fundamentalmente en comprar armas para matarse entre ellos o para dárselas a otros para que se maten por ellos en Libia o en Siria. Un negocio muy lucrativo que ha destruido los países citados además de Irak, Bahréin y Yemen.

Desde el comienzo de la triste y sangrienta "primavera árabe", que tanto alentó Al Jazeera, la cadena de Qatar, la paz social ha desaparecido de Oriente Medio y el Magreb, salvo algunas excepciones.

Si mañana el gobierno de Arabia Saudí decidiera cambiar su actual política exterior (y dejara de compra de armas y hacer guerras encubiertas o declaradas) sufriría un golpe de estado y sería sustituido por otros dirigentes más fieles a la política norteamericana.

Esa es la triste realidad. Arabia Saudí, lejos de ser una potencia regional, es un títere en manos de las empresas petroleras y del complejo militar/industrial.

Las payasadas de Donald Trump no tienen gracia, están cargadas de muerte y sufrimiento. A diferencia de Obama, el no es hipócrita sino cínico, por eso no le importa tratar con desprecio y desdén a los musulmanes. El terrorismo se ha convertido en el motor fundamental para seguir comprando armas y medios de seguridad, a la vez que se destruyen países, se saquean sus riquezas y se explotan a sus poblaciones, como ha ocurrido en Libia y Afganistán, que se han convertido en estados fallidos gracias en gran parte a la OTAN, la misma organización para la que Donald Trump exigió a sus aliados que aportaran el 2% de su PIB.

La guerra no va a terminar en Oriente Medio a medio plazo porque es un negocio muy lucrativo. En 2014, León Panetta, secretario de Defensa de Obama, advirtió que la guerra contra el terrorismo duraría no menos de 30 años. Los refugiados seguirán intentado huir a Europa y la extrema derecha populista se aprovechará de todas estas pobres personas para fomentar el odio, la xenofobia, la islamofobia y el racismo.

Se ha creado un círculo vicioso del que solo se puede salir con solidaridad. Los terroristas, lejos de ser musulmanes radicales, son grupos de mercenarios llenos de fanáticos y teledirigidos a control remoto como los drones. Los atentados terroristas y las guerras no se libran, ni por el islam, ni por la libertad religiosa, ni por la democracia, ni por los derechos humanos. Se libran y se hacen por el dinero y el poder.

Rusia, Irán y China no son mucho peores que Estados Unidos. No se puede crear un mundo mejor si no señalamos a los responsables de estar destruyendo nuestro mundo actual.

Que Donald Trump haya rechazado realizar la tradicional cena de iftar, con la que se pone fin al Ramadán, en la Casa Blanca es una muestra de su coherencia islamófoba, si tenemos en cuenta la prohibición de entrada de ciudadanos de Irak, Siria, Irán, Libia, Somalia, Sudán y Yemen en Estados Unidos, a la vez que se venden armas a las petro-monarquias para que más musulmanes se maten entre sí. Nadie ha sido más claro en mostrar tanto rechazo hacia los musulmanes como Donald Trump, al que se responsabiliza de forma directa de la ola de agresiones y ataques sufridos por los musulmanes en Estados Unidos. Su discurso de odio ha galvanizado la sociedad llenándola de islamofobia.

Donald Trump representa la culminación de la política exterior islamófoba norteamericana desde el misterioso atentado que destruyó las Torres Gemelas el 11S y la posterior invasión de Irak con la excusa de la existencia de armas de destrucción masiva que nadie ha visto jamás.

Lo que Donald Trump quiere realmente no es acabar con Daesh sino seguir vendiendo armas y haciendo más rico y poderoso al complejo industrial y militar norteamericano. A Donald Trump no le importa el islam, le importan la fama y la gloria, aunque esta sea efímera y dentro de unos años pueda aparecer como un monstruo.

Al-Ándalus empezó a desaparecer el día que se dividió en multitud de Reinos de Taifas que luchaban entre sí, y algo parecido está sucediendo en el Magreb y Oriente Medio, que se está descomponiendo a marchas forzadas. Libia tiene tres gobiernos de hecho y una gran multitud de milicias armadas que controlan los campos petroleros y que actúan según sus conveniencias. En Siria el gobierno no controla amplias zonas en manos de grupos rebeldes o terroristas. Los kurdos cuentan con dos estados de hecho, uno en Siria y otro en Irak, país que cuenta con muchas tensiones entre chiíes y suníes. Líbano también tiene grupos étnicos que controlan sus zonas de predominio con independencia del gobierno. Yemen está viviendo una guerra brutal donde los hutíes luchan contra Arabia Saudí y sus aliados, mientras otras zonas del país son controladas por grupos terroristas o pro-saudíes. Turquía corre el peligro de convertirse en un régimen autoritario igual que el de Egipto, tutelado por Arabia Saudí.

Bahréin ha sido invadido por Arabia Saudí. Túnez tiene una enorme cantidad de jóvenes incorporados a grupos terroristas o rebeldes en Siria. En Marruecos el Rif se manifiesta contra la injusta marginación histórica que ha sufrido. Argelia podría revivir la guerra civil que sufrió en los años 90, guerra detrás de la cual estaba el control de los gaseoductos. Qatar, a pesar de su enorme riqueza, sufre el bloqueo de Arabia Saudí y sus aliados. Irán está cercada por bases militares de Estados Unidos y se encuentra implicado en las guerras de Siria e Irak, luchando a favor de los gobiernos de cada país contra los grupos terroristas y los rebeldes financiados por las monarquías del Golfo Pérsico. Palestina sufre cortes de luz y de agua cada vez que Israel quiere, y se encuentra condenado a la miseria. Solo Omán, Emiratos, Kuwait y Jordania están por ahora con cierta estabilidad política.

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