F. Javier Blasco

Me decido a escribir este corto trabajo, tras haberme pasado varios días pegado al televisor y consultar muchos medios y tertulias diferentes sobre el llamado proceso catalán; harto de tantas vueltas, mentiras, ansiedades y falsedades. A las pocas horas de haberse consumado el acto más vil y cobarde que he visto en mi vida y tras comprobar la soledad del Gobierno a la hora de lograr la autorización del Senado para aplicar determinadas medidas sobre las instituciones catalanas en función de las prerrogativas que ofrece el Art. 155 de la Constitución española de 1978.

Sí, he dicho soledad del Gobierno, no ha sido un error o lapsus de un poco avezado o precipitado escritor. Ha sido triste, muy triste ver como desde todos los lados de la oposición al mismo; incluidos desde los llamados partidos constitucionalistas, se le ha venido sometiendo a una fuerte presión e incluso tomado posturas contrarias a dicha aplicación desde hace meses y hasta hoy mismo al tratar de imponerle cambios incluso de calado a sus propuestas de medidas correctoras. La vileza de todos ellos se acrecienta al entender que la ejercen en función de la exasperante e increíble paciencia del presidente del Gobierno 

He visto la soledad de este al no verse acompañado por el presidente ni el secretario general de Ciudadanos y del PSOE, aunque fuera desde la tribuna de invitados del Senado. Ambos han estado lejos del hemiciclo y no solo eso, han seguido empujando por forzar algunos de los mencionados cambios. El Señor Rivera incluso se ha adelantado a Rajoy en tomar los micros y dar su primer discurso electoral en clave catalana tras la pantomima de declaración de independencia y antes, incluso, de que el pleno del Senado diera la luz verde al gobierno.

Es demencial ver a un hombre, con tanta ansia de protagonismo, aprovechar el momento de mayor dificultad de España, para proclamar a pleno pulmón y no falto de gran vehemencia sus diferencias con el presidente del Gobierno, echarle en cara sus modos y formas de reaccionar o decidirse a tomar medidas y pedir sin ambages el voto para su delfina en Cataluña despreciando al resto de los que se encuentran en su fila de remeros, aunque remando, con más o menos ahínco en la misma dirección.

He escuchado las palabras de Sánchez en su declaración poco más tarde de la cinco de la tarde, sin dudar en poner de vuelta y media a Rajoy y al partido que representa; sin mención alguna de todos los palos que ha venido poniendo en las ruedas de esta compleja y arriesgada decisión. Hoy se ha presentado como un hombre de Estado aunque ignorando todo lo malo que él y sus antecesores han hecho y sembrado en este tema, siendo o no presidentes del Gobierno. Esta misma mañana ha forzado a que se adopte su enmienda de no realizar control sobre los medios de comunicación, alegando no sé qué derechos y libertades de los mismos, cuando todo el mundo sabe que son precisamente estos medios, totalmente corrompidos, los que no cumplen los preceptos que los socialistas defienden y los principales responsables del adoctrinamiento y la movilización ciudadana. Una china puesta en la bota que, sin ninguna duda, dificultará y mucho el caminar hacia la ansiada vuelta a la normalidad en Cataluña. 

Incluso, el actual senador Montilla, ex honorable presidente de la Generalidad catalana, quien siendo el autor e impulsor de un grave y complejo Estatuto para Cataluña con la complicidad y connivencia de Zapatero, hoy el día de la votación, abandona su escaño, para no significarse con su voto y no contento con eso, a la misma hora de aquella, se busca el apoyo de una serie de micrófonos para hacer públicas unas declaraciones, que como no, acusan de forma torticera a Rajoy y su tropa, se exime de toda auto culpa, suciedad arrastrada y de las patrañas y trapicheos mantenidas con Puigdemont durante los últimos, meses, semanas y, sobre todo, días y horas. 

No quiero con todo esto exculpar a Rajoy y sus formas y peculiares maneras de hacer política y tomar decisiones. Hoy, en su exposición de motivos en el Senado ha tratado de ser sincero y explicar con claridad meridiana la evolución de los acontecimientos y sus errores en la valoración de los mismos.

No quiero hablar nada de los antisistema, separatistas, camorristas e inútiles partidos que solo buscan el caos, que no tienen ni un solo pensamiento o mensaje constructivo y que a pesar de vivir de España y de los impuestos de los españoles, su única meta es destruirla y dejarla como unos zorros.

Expuesto este apartado de situaciones que me hacen sentir mucha vergüenza, creo que es el momento de hablar de Puigdemont y toda su troupe de trileros, vergonzosos mentirosos, falsos de toda falsedad y sobre todo COBARDES hombres y mujeres que le han acompañado en el ilegal golpe de Estado perpetrado esta misma tarde. Nunca pude pensar que un grupo de personas con cierta formación fuera capaz de llegar a dicho punto y que se hayan dejado arrastrar por un grupo de desarrapados antisistema que son contrarios a todo, incluso a la independencia y que solo buscan crear el caos.

El mundo ha sido testigo de acto más ridículo, menos democrático y tan claramente ilegal jamás llevado a cabo ni siquiera en los países más tercermundistas y atrasados de la historia de la humanidad. Era tanta su vergüenza y miedo a ser identificados, que una vez más, han cambiado las normas de funcionamiento del Parlamento en mitad de una votación en un vano y falaz intento de no ser identificados por la justicia. Que buen ejemplo este para sus seguidores, sobre todo, para aquellos niños a los que tienen adoctrinados desde que reciben su primer biberón. Esconderse ante las responsabilidades, no vestirse por los pies, estar dispuestos a cambiar las reglas y a violar o no respetar la Ley siempre y cuando se les antoje.

Que error de bulto han llevado a cabo ¿Acaso piensan que nadie en el mundo puede reconocer a un país que ve la luz de forma tan torticera? No, nadie -salvo algún país presto a apoyar todo movimiento desestabilizador- les reconocerá por sus formas antidemocráticas y por la poca fiabilidad y confianza que proporcionan por mucho que lo vistan de ambiente folclórico y, de momento, sin demostraciones de fuerza.

Una vez proclamada, otra vez más, la República catalana, será tan efímera como las anteriores; pero esta vez y mucho lo siento, sus consecuencias serán mucho más graves que en aquellas. No se dan cuenta que vivimos en un mundo globalizado, integrados en la UE y en las normativas económicas internacionales que tienen mucha más incidencia en la economía y el comercio de lo que pudieran tenerla en aquellos tiempos pasados.

Hoy todos, vacíos por dentro, aunque aparentemente contentos por fuera; pero ¿cómo va a ser el día de mañana? ¿Qué futuro les espera? Lo veremos y espero que no sea doloso para nadie, aunque, mucho me temo que será muy dramático para aquellos que hoy cantan tan alegres, ondean sus esteladas, arrían la bandera de España y tengan que volver a la realidad.  De momento todo es alegría, aunque para muchos menos que la mayoría de los catalanes, pero no hay que olvidar que muchas de las cosas que empiezan de forma alegre y desenfadada, suelen terminar mal.

Empieza a ser el momento de actuar por parte de aquellos que forman la llamada mayoría silenciada. Saben que en el resto de España se les apoya y que su protagonismo tomará su punto álgido el día, más o menos cercano, que sean llamados a votar con verdaderas urnas y con todas las garantías. 

Llevo días escribiendo varios trabajos en los que hago mención a las grandes dificultades que atraviesa España. Hemos sido capaces de rodearnos de los más inútiles, nefastos, cobardes, viles, oportunistas e irresponsables dirigentes políticos al mando de la mayor parte de los partidos políticos que manejan los hilos de España y de su proyección de futuro. Este hecho me preocupa, pero mucho más, me llena de vergüenza.