Pedro Canales

Pie de foto: El presidente Nayib Bukele anunció que se ha alcanzado un acuerdo con el Reino de Marruecos para generar cooperación entre ambos países.

El nuevo presidente de El Salvador, Nayib Bukele, que ha triunfado en las Elecciones frente al candidato del Frente Farabundo Martí, que gobernó el país durante los diez últimos años, decidió hace unos días romper todas las relaciones con el Frente Polisario y dejar de reconocer la Republica saharaui proclamada en Tinduf. 

Más allá del viraje político que supone cambiar de 180 grados la orientación de la política exterior, la decisión del nuevo presidente salvadoreño de origen palestino es la de buscar la cooperación y el entendimiento con el mundo árabe y en particular con Marruecos. Así lo ha anunciado Nayib Bukele en una rueda de prensa en el Palacio presidencial de la capital. 

Bukele quiere poner en marcha una diplomacia basada en los intereses mutuos entre regiones y países; una diplomacia que busque beneficiar el desarrollo económico, comercial y financiero. 

Es el mismo concepto que se está abriendo camino en la arena internacional. Cuando el presidente Donald Trump, el más genuino representante del capitalismo imperialista, se da la mano con el líder norcoreano Kim Jong-un, el último dirigente de un partido comunista ultra ortodoxo es porque buscan el terreno común de intereses compartidos. La misma tendencia que se manifiesta en las principales regiones del planeta hasta ahora sometidas a viejos conflictos ideológicos. 

El Frente Polisario ha reaccionado con torpeza ante semejante golpe a su imagen y objetivos políticos. Desde los campamentos de refugiados en Tinduf, el equipo de Brahim Ghali ha emitido un comunicado en el que deplora la decisión del presidente salvadoreño, esperando que sea “transitoria”. 

Pero lo más sorprendente de la declaración del Polisario es cuando dice: “Marruecos es un mal compañero de viaje que basa su política sobre engaños, haciendo falsas promesas de abrir las puertas de África y del mundo árabe cuando su país está aislado, con una colosal deuda externa, una situación política y social caótica y más de 20 millones de personas bajo el nivel de la pobreza."

Recurrir a una falsa apreciación como decir que Marruecos “está aislado”, es señal de desconcierto en las filas del movimiento saharaui. Lo mismo que pretender que en el país, que cuenta con 40 millones de habitantes, la mitad de la población viva por debajo del nivel de la pobreza. 

Las estadísticas más fiables realizadas por el Alto Comisariado de la Planificación, y dadas por buenas por medios de comunicación generalmente críticos al gobierno de Rabat, como la revista Tel Quel, dan cuenta de cerca de 4 millones de pobres en Marruecos, sobre una población diez veces superior; es decir, un porcentaje del 10%; lejos del 50% que pretende en su comunicado el Polisario.

Además, el ACP diferencia entre los tipos de pobreza considerada como tal en Marruecos. Según el mapa cartográfico general de la pobreza multidimensional realizado en base al Censo general de la población de 2014 (desde entonces y según constatan todos los organismos internacionales, la pobreza ha disminuido en número), solo 480 mil marroquíes son considerados como “extremadamente pobres”, mientras que dos millones trescientos mil sufren de la denominada “pobreza multidimensional” que incluye nutrición, acceso a la salud y a la educación; y un millón doscientos mil habitantes tienen pobreza monetaria, es decir insuficiencia de recursos económicos. 

En cuanto al supuesto aislamiento de Marruecos aludido por el Polisario, es una apreciación que no resiste el mero gesto de acudir a Internet para satisfacer la curiosidad para salvadoreños y latinoamericanos. Mohamed VI es el jefe de Estado que más países africanos y árabes ha visitado durante su reinado, sobre todo, en los últimos años. Más de la mitad de países del continente africano han recibido su visita, durante la que ha firmado decenas de acuerdos económicos, comerciales, agrícolas, industriales, turísticos y culturales; algunos de estos países siguen manteniendo relaciones con el Frente Polisario y reconocen su República proclamada en el desierto argelino, lo que no ha impedido a Rabat la firma de convenios bilaterales. 

La “diplomacia del interés mutuo” consiste en buscar el beneficio común, los espacios de desarrollo compartidos y la defensa del progreso y las libertades; es también lo que subyace en la propuesta de regionalización avanzada hecha por Mohamed VI en las Naciones Unidas para buscar la solución definitiva y consensuada al conflicto del Sáhara Occidental.