Anwar Zibaoui

Pie de foto: Los reyes Felipe VI y Letizia con Mohamed VI en la cena de gala ofrecida por el monarca marroquí a los españoles. Se debe aspirar a construir una relación parecida a la que se mantiene con Francia y Portugal

Demasiados estereotipos perjudican las relaciones entre España y Marruecos. Sin embargo, se necesitan mutuamente y su relación es estratégica para ambos. Por supuesto, hay temas espinosos, como el SaharaCeuta-Melilla o la inmigración. Pero la evolución es positiva en materias como la lucha contra el terrorismo, la seguridad o la cooperación económica.   

Desplazando las cuestiones delicadas, los dos países están creando fuertes vínculos políticos, económicos, militares, sociales y culturales. Porque el único camino son los intereses compartidos. Y es imprescindible encontrar las fórmulas que beneficien a las dos sociedades a ambos lados del estrecho.

En lo político, Marruecos es un aliado fundamental para España y su política exterior en el Magreb y en África. Es imprescindible reforzar la cooperación multilateral, poner en marcha proyectos de interés común y en beneficio del continente africano. Rabat y Madrid pueden jugar un papel importante, convertirse en ejes entre África y Europa, impulsar una mejor alianza euroafricana. Es un gran desafío, pero ofrece grandes oportunidades.

En lo económico, los datos son conocidos, con un crecimiento sostenido de los intercambios comerciales. España es el primer socio comercial del reino, Marruecos es el segundo mercado fuera de la UE y primero de África. 22.000 empresas españolas exportan a Marruecos. Más de 1.500 están presentes en múltiples sectores. Son socios naturales por cercanía y complementariedad.

Marruecos presenta una paradoja: a pesar de los grandes avances sigue siendo una sociedad que se enfrenta a serios desafíos sociales y desigualdades de desarrollo. Pero a España y Europa les interesa que a Marruecos le vaya bien, que progrese sin grandes problemas hacia la democracia, los derechos humanos, la igualdad de los géneros y un reparto más equitativo de la riqueza. En el terreno cultural, España es cada vez más activa y dispone de una de las redes más importantes de institutos Cervantes. Una relación provechosa y sostenible se basa en la cooperación y el conocimiento mutuos, en conectar las sociedades y desmontar estereotipos.

La fuente de tensión

Uno de los problemas comunes entre Europa y África, y entre Marruecos y España, y principal fuente de tensión entre ambas orillas del Mediterráneo es la emigración. Hoy, cerrar fronteras o cerrar los ojos no es la solución. De ahí la importancia del Pacto Mundial sobre Migración, que se firmó en Marrakech el pasado diciembre. Buenas intenciones para que el fenómeno sea digno, ordenado, más justo y más humano.

Con Marruecos se debe aspirar a construir una relación parecida a la que se mantiene con Francia y Portugal. Es preciso recordar las relaciones geopolíticas, humanas, turísticas, económicas, comerciales y culturales, extender la cooperación multilateral entre ambos países en África para poner en marcha proyectos de interés común. Para beneficio de ambos países y del continente africano. El interés mutuo minimiza los temas espinosos.