Javier Fernández Arribas 

Resulta relativamente fácil y muy tentador para los populistas sin escrúpulos, sin argumentos y sin memoria prender la llama del inconformismo, la desafección al sistema, la desconfianza hacia el pasado más reciente y el miedo al presente incierto. Estamos sufriendo en Europa una ola de nacionalismo barato, bañado con un populismo irresponsable, que pone a prueba la solvencia de los principios básicos de la convivencia europea tras las devastadoras tragedias de las dos guerras mundiales y el grado de inteligencia de los países que han logrado un estado del bienestar envidiado y envidiable por el resto del mundo y que ahora corre serio peligro.

La gravísima crisis económica ha colocado a la Unión Europea al borde de un abismo que no consigue superar. Hay millones de hogares en toda Europa, y sobre todo en el Este, que no han recuperado su nivel salarial, les falta casi un 30-40% respecto a su situación antes de la crisis en 2006. En el caso de los antiguos países secuestrados en el Pacto de Varsovia, bajo la bota totalitaria de la Unión Soviética, se añade un alto grado de frustración y de pérdida de ilusión respecto a lo que soñaban como la panacea europea que les permitiría vivir como veían en la televisión de la Alemania Occidental: mercedes, chalet, vacaciones, 3.000 euros al mes, educación y sanidad gratuitas, transportes baratos y una calidad de vida extraordinaria después de muchos años bajo el yugo de la dictadura comunista y la melancolía por una vida digna.

La situación actual en países como Polonia, Hungría, Austria, Chequía, Eslovaquía, y también en Rumanía y Bulgaría, presenta un enorme reto para el proyecto de Unión Europea que debe atender a desafíos que pueden poner en jaque su propia existencia. Se anuncia un acuerdo entre Bruselas y el Reino Unido para llevar a cabo el Brexit. Habrá que leer la letra pequeña sobre los ciudadanos comunitarios en suelo británico y viceversa, y como queda la frontera con Irlanda. Pero el daño radica en el Brexit en sí. En cómo la Unión Europea no ha sabido, podido, querido, plantar cara a las fuerzas populistas británicas que utilizando todo tipo de argucias y noticias falsas nos conducen a una situación muy complicada.

Además, estas fuerzas, aliadas con otras externas como la corriente de extrema derecha que llega desde Estados Unidos o la desestabilizadora desde Moscú o los oportunistas en cada país no reparan en las tremendas consecuencias que sufriremos si no frenamos en seco esta deriva absurda. El centenario del final de la Primera Guerra Mundial debe ser una clara referencia.