F. Javier Blasco. Coronel del E (retirado)

No, no ha sido un error mío ni es debido a que me haya traicionado el subconsciente; tampoco me he confundido al mecanografiar el trabajo o se me olvidara incluir los signos de puntos interrogativos; está escrito y pensado así con toda mi intención y con el profundo sentimiento de la grave realidad.

Hoy 18 de abril, hablando del conocido y terrible incendio en Paris, David Gistau escribe en su columna de opinión en el Mundo lo siguiente: “Hay acontecimientos tan importantes que, para dotarlos de significado, la explicación accidentalista parece insuficiente. Tienen que haber ocurrido por algo. Así, el incendio de Nôtre-Dame, ante el cual nos cuesta aceptar que un cortocircuito o un soplete o la inadvertencia de un tío que paró a comerse el bocata haya llevado la destrucción a un templo casi milenario que lo soportó todo, desde el nihilismo purgante de la Revolución hasta la orden de Hitler de que ardiera París durante la Liberación que Von Choltitz, víctima de un muy oportuno acceso del síndrome de Stendhal, se negó a cumplir”.

Frase esta que, escrita en forma bastante coloquial como suele hacerlo este comentarista, resume de forma certera –tal y como es habitual en él- una realidad más que palpable y ciertamente preocupante. La situación de permanente acoso y derribo al que el solar del Viejo y añado Continente y sus gentes se encuentran sometidos de forma permanente por todos sus flancos y de nuevo internamente en los últimos tiempos.

Nuestra Europa, aquella que siempre ha resistido, aún a pesar de su aparente fragilidad, a los  cientos de intentos de su conquista y asolación por parte de emperadores, tiranos, dictadores, generales y políticos malvados por ver en ella y su centralidad la forma de dirigir el mundo de forma radial y con más profundidad. Pero donde, a pesar de tantos y tan vanos esfuerzos, tantas vidas segadas y tiradas a la basura y millones de millones de litros de sangre derramada, nadie ha sido capaz de someterla totalmente o durante mucho tiempo. Bien podría definirse como el Ave Fénix, aquella que siempre ha sabido resurgir de sus propias cenizas y nunca mejor dicho.

Cuna de culturas, ciencias, arte, cultura, religión y sabiduría; ha sido a su vez, la gran metrópoli de la mayoría de los antaños reinados y colonias. Lugar de partida de intrépidos o necesitados militares, aventureros, conquistadores, cruzados y religiosos en busca de nuevos territorios y feligreses o donde establecerse para recoger y aunar riquezas o bienes para sus coronas; esas  que pasaban el tiempo aquí, construyendo castillos, palacios, residencias, jardines y catedrales o guerreando constantemente entre ellos en busca de nuevos vasallos, bodas de conveniencia u ostentosas pertenencias.

El terreno donde fertilizó la semilla del original cristianismo venido de lejanas tierras de oriente y también el lugar donde aparecieron y fructificaron las diversas ramas de este más o menos dominantes internamente y en el mundo por diversos afanes de ciertos gobernantes que buscaban, como casi siempre, su mejora y acomodo, sin importarles para nada lo que tuvieran que pagar o sufrir sus seguidores y vasallos a los que siempre, para su desgracia, se les convence con mucho circo y unas migajas de pan, fiestas y algo de vino.

Pero a pesar, o precisamente por ello, es por lo que ha sabido labrar con potentes arados de acero los necesarios profundos surcos donde depositar las simientes y el germen de principios y valores desde donde asentar con buenas y fuertes raíces una forma de ver y entender la vida y la religión con visos de futuro en busca de ciertas libertades y en la defensa de derechos humanos. Todo ello, con mucho orgullo y ahínco a pesar de los no pocos y muy grandes dictadores que con sus múltiples y afamadas conquistas han asolado a sus gentes, el terruño y ciudades de vez en cuando con mayor o menor tiento o acierto.  

Tierra de revoluciones de tipo, militar, político, religioso, social, industrial y económico; donde a pesar de los grandes cambios introducidos en su sociedad y el pensamiento individual, siempre han persistido unos principios aceptados y defendidos por todos como valores inmutables y con tendencia a perpetuarse en el tiempo frente a cualquier ataque externo que pretendiera desplazarlos, sustituirlos o anularlos.

No es casualidad que, de siempre, y fundamentalmente tras la llamada Reconquista de la Península Ibérica y las denominadas Cruzadas; sea el solaz europeo uno de los focos de atención del extremismo de otras religiones a las que con tanto esfuerzo y empeño se combatieron durante siglos y siglos por y en la mayoría de los territorios europeos.   

Francia, país muy centrado en la Europa occidental y cuna de sabios, poetas, artistas, religiosos y conquistadores; es a pesar de su laicidad oficial, uno de los territorios de la vieja Europa donde más culto y mimo se rinde a determinados monumentos y edificios catedralicios, monasterios o religiosos donde sin tan alta cualificación mantienen una inusitada belleza y rica historia civil o religiosa. 

Muchos son partidarios de creer en las casualidades, en el azar o en pensar bien de las personas y cosas, atribuyendo a cada caso un valor propio y tratando de no enlazar las unas con las otras. Otros, sin embargo, algo más mal pensados o acostumbrados al análisis más crítico, reposado o enrevesado; pronto empezamos a ver y encontrar causas y efectos entre unos hechos o acontecimientos y otros acaecidos o perpetrados en fechas más o menos cercanas o por autores poco o muy hermanados.

Empezaba este trabajo aportando el parecer de una pluma inteligente y de mucho calado, que no dice o escribe algo por azar y lo deja casi siempre allí, a su modo, colgado con cierto tufillo de duda para motivar al que quiera pensar o sacar su propio resultado. Por ello, y siguiendo en el mismo estilo e hilo, debemos mencionar que ha sido precisamente París -salvo ciertas dudas sobre Madrid- la capital europea que ha sufrido probados ataques yihadistas más impactantes y publicitados en los últimos años y ahora, tras varios hechos extraños en otros tantos lugares de culto religioso franceses, aparece este importante y muy mediático que ha sido el punto álgido de la opinión pública mundial durante varias jornadas. Y lo hace, precisamente en el comienzo de la fase más importante de la celebración cristiana. La Semana Santa.  

Europa está sufriendo diversos avatares y grandes ataques de índole político, religioso, social, económico y moral por todos y cada uno de sus flancos e incluso; sin temor a la exageración, se puede afirmar que son mucho más graves los del tipo político y social de procedencia o carácter interno que los meramente externos. Ataques internos sobre los que casi siempre aparece alguna  explicación que trata de justificar que la mayoría de ellos tienen su autoría, origen, base adiestramiento y la fuente de financiación en otros agentes, países o movimientos políticos o religiosos no europeos.

La economía europea vuelve a pasar por graves y malos momentos; ya nadie duda –salvo por parte del gobierno socialista español, que tradicionalmente, se pone la venda cuando las cosas no van bien dentro y fuera de España-  en que se prevean peores tiempos a corto plazo. 

Además del todavía no bien calculado desastre político y económico del inacabado y desastrosamente mal llevado Brexit del Reino Unido,  Alemania, habitual motor y pulmón de Europa en los últimos años -a pesar del enorme coste de su reunificación tras la caída del telón de acero- acaba de reconocer que se le están agotando las pilas y sus expectativas son mínimas tirando a pírricas y casi patéticas; políticamente su particular dama de hierro, la Canciller Ángela Merkel ha ido sucumbiendo a las presiones a y de su partido, su política de inmigración, las forzadas coaliciones a las que se ha sometido para poder gobernar en sus últimos mandatos, así como por el creciente auge de un partido populista de extrema derecha y otro de los verdes que van tomando poco a poco las riendas de un posible relevo en el poder, una vez que los socialistas alemanes –ya casi irrelevantes- sigan cavando su propia tumba por incompetentes y muy trasnochados. Merkel ya ha nombrado sucesora y decido apartarse de la política en activo cuando acabe de forma natural o forzadamente su actual mandato. Cosa que no tendría nada de particular, si las previsiones de futuro para su partido tampoco son muy halagüeñas.

Francia, país que siempre ha andado a la greña con los dos anteriores por la lucha por el liderazgo político y militar en Europa también ha sufrido su propio grave sarampión político y los tradicionales partidos políticos, que gobernaban con tranquilas o poco violentas alternancias durante muchos años, han sucumbido ante el empuje de un “nuevo y puro mirlo blanco” que con mucho de populismo y bastante de personalismo, Macron ha durado muy poco tiempo sin ser cuestionado y asediado por los famosos “chalecos amarillos” en función sus políticas, gastos y gestos con lo que puede que, más pronto que tarde, veremos si la ultraderecha -actualmente relegada en la segunda vuelta a la oposición por una forzada coalición de todos contra ella-, se haga con el poder de forma mayoritaria en la próxima ocasión.

Italia, país acostumbrado a los continuos y totalmente cambiantes o dispares gobiernos, desde la última elección general, se encuentra imbuida en la causa de los extremismos; aunque con bajo peculiar alianza entre aquellos extremos de signo totalmente contrario. 

Austria, Holanda, Eslovaquia, Eslovenia, Polonia, R. Checa y Hungría entre otros de menor gravedad, les siguen a la zaga en esta carrera a la desesperada por retornar a los nacionalismos y patriotismos de graves extremos que buscan y propugnan mucho más de patria pura y dura y bastante menos de la Europa de las libertades, del acogimiento a grandes masas de inmigrantes y plena de restricciones para los usos y costumbres de las propias razas aunque “demasiado” abierta a las que aportan y traen aquellos que proceden de afuera.

Grecia y Portugal, ambas intervenidas por culpa de la pasada crisis, se recuperan a su manera y con diferente ritmo; pero con el riesgo de convertirse en lugares propicios a cierto tipo de abusos legales e incluso de convertirse en verdaderos paraísos fiscales, sobre todo Portugal que trata de acaparar inversiones y capital en masa ofreciendo grades garantías y rebajas fiscales a particulares y empresas antes que el Reino Unido, tras su salida de la Unión, les gane definitivamente la partida.

Nos quedan algunos pocos países, muchos de ellos insignificantes, entre los que se cuenta España, aunque en este caso no lo es por su porcentaje económico, poblacional y de relativo peso militar, sino por la inconsistencia y poco pelaje de un gobierno que mira para todos los lados sin fijarse ni defender sus intereses demasiado, y fundamentalmente se centra en el ombligo de su presidente. Hombre de paja, vacuo, egoísta y poco o nada hábil en casi nada salvo en plagiarlo todo, atribuirse éxitos y medallas que no le son propios, fingir y aparentar. 

Nos enfrentamos en dos meses de nada a unas elecciones para la euro Cámara y el relevo de los puestos de relevancia que gobiernan y dirigen el rumbo y la economía de una Unión europea que, por un motivo u otro, empieza a hacer agua en todo y principalmente por un mucho de querer abracar sin capacidad real y efectiva de apretar; sobre todo en materia de Política Exterior, Seguridad y Defensa por no estar preparada para ello y sin posibilidad de estarlo por falta de intención y capacidad real para tareas tan costosas, complejas y demasiado comunes y solidarias. 

En unos momentos en los que nuestros eternos y complicados vecinos (Rusia y Turquía) siguen haciendo presiones sobre nosotros con herramientas de diferente signo pero, en cualquier caso de mucha trascendencia para nuestra vida real (el garantizado suministro de energía, las relaciones comerciales, ciertas pretensiones territoriales y la costosa retención de millones de refugiados). 

Tiempos en los que coinciden con la gran incertidumbre, nuevamente agravada, en el norte del Continente africano en los que otros organismos supranacionales (la ONU, la OEA y la OTAN entre otros), parecen haber perdido su rol, capacidad y compromiso efectivo por agotamiento, desgaste o debido a las presiones a las que EEUU, Rusia y China les someten, cada uno por su parte aunque fundamentalmente, en el lado de la economía y el cada vez menos libre intercambio comercial.    

Momentos de desasosiego en los que actores estatales como Corea del Norte e Irán, siguen con sus amenazas y locuras nucleares, adornadas con importantes incrementos en capacidades militares y de sus misiles de diversa capacidad y alcance. Temas estos últimos, que parecen estar de nuevo de moda y en boga a los que también se suman La india, Israel, Arabia Saudí y Pakistán. A los que hay unir otros actores no estatales como Al Qaeda y el autoproclamado Estado Islámico, que siguen estando allí, aunque nos empeñemos en quererlos olvidar y que mantienen en jaque a nuestros cuerpos y fuerzas de seguridad de forma constante y sobre todo, en épocas de celebraciones religiosas como lo es en la actualidad.

Con un Continente americano envuelto en graves problemas de liderazgo, importantes corrupciones y notables o delirantes formas de entender la política y de ejercer el mando por parte de muchos de sus actuales o precedentes dirigentes. Actuaciones que les lleva a caer en situaciones extremas como las de ejercer supremas potestades para todo anulando acuerdos de los parlamentos propios, no acatar resoluciones o imposiciones de Organismos internacionales, ser juzgados y encarcelados en un porcentaje elevado y hasta quitarse la vida por estar pringados en sucias prebendas y enjuagues mafiosos de triste eco y grave repercusión mundial. 

En definitiva, nos encontramos en unos momentos de franco desasosiego, donde todo se tambalea y en el que las cosas se suceden con mucha prisa y sin tiempo para analizar. Pero en el que mantengo mi teoría, de que poco o muy poco ocurre sin más o por la pura y simple casualidad. Es por ello, por lo que entiendo que el incendio de Nôtre-Dame no podido ser algo casual. Algo o alguien deben estar tras él en un intento más de resquebrajar la poca moral que nos queda en Europa; atacando uno de los símbolos que representa gran arte de aquellos valores que mencionaba al principio y por los que, de una forma u otra, ha resistido tantos intentos de dañarla e incluso buscando hacerla desaparecer definitivamente.

Me queda un gran consuelo y consiste en dos cosas aparentemente simples hechos que paso a resaltar; que la cruz de su altar mayor ha permanecido erigida, digna y resistente al fuego y a los derrumbes cercanos y, que los franceses, hayan entendido, desde el primero momento, que su reconstrucción es materia urgente y de auténtica prioridad nacional.

Si no hubieran sucedido ambos, pero fundamentalmente el segundo, mi poca y casi residual esperanza en Europa y en la conservación de sus fundamentales principios inmutables se habrían ido al traste de forma casi irrecuperable. 

Puede que el tema de su rápida y colectiva reconstrucción y sobre todo, su fuerte y bella cruz central resistente e impasible al acoso de los males diabólicos que la rodearon durante horas nos sirvan de ejemplo, para pararnos un rato, pensar en que está sucediendo en nuestro entorno, apagar el fuego que quema a Europa y, tratar de volver nuestros pasos hacia la senda de los valores y principios de los que nunca debimos rehusar y abandonar.