Pedro Canales

El enviado personal del secretario general de Naciones Unidas, el expresidente alemán Horst Köhler, ha propuesto a las dos partes en conflicto en la cuestión del Sáhara Occidental, el Gobierno de Marruecos y el Frente Polisario, así como a los dos países involucrados, Mauritania y Argelia, una nueva reunión en Ginebra los días 21 y 22 de marzo. 

Aunque las cuatro partes invitadas han dado su conformidad a Horst Köhler, habida cuenta de la situación pre-revolucionaria que se vive en Argelia, no está excluido que de común acuerdo decidan retrasar días o semanas el encuentro. De cualquier manera, éste debería realizarse antes del 30 de abril, fecha en la que el Consejo de Seguridad de la ONU deberá emitir una nueva Resolución relativa a la cuestión del Sahara y a la renovación del mandato de la misión onusiana.

Las delegaciones han sido invitadas a nivel de ministros de Relaciones Exteriores de los tres países de la región, Marruecos, Argelia y Mauritania, así como representantes de la dirección del movimiento saharaui Polisario. El nuevo titular de Exteriores argelino, Ramtane Lamamra que ostenta el cargo junto al de viceprimer ministro, nombrado hace una semana por el presidente Buteflika, estará el martes día 19 en Moscú donde tiene previsto un encuentro con su homólogo ruso Serguei Lavrov al que informará “de primera mano” sobre la crisis actual en Argelia y la hoja de ruta prevista por el régimen de Abdelaziz Buteflika para superarla. Por lo que su presencia en Ginebra para el encuentro cuadripartito sobre el Sáhara no está confirmada. 

Las cuatro delegaciones, que han sido invitadas por Köhler al castillo Le Rosey situado en la localidad de Bursins, en las cercanías de Ginebra, deberían abordar la cuestión del Sahara bajo dos prismas, según fuentes de la ONU. En primer lugar, situarla en el contexto regional, sometido a fuertes presiones que pueden conducir a una desestabilización; y en segundo lugar, en su óptica socio-económica. 

Este último punto es de vital importancia y engloba aspectos que van desde la aceptación por parte de la Unión Europea de incluir en los Acuerdos comerciales, económicos y pesqueros firmados recientemente con Marruecos, de incluir la región del Sáhara; a la extensión del campo operativo de los Fondos de cooperación con Marruecos contenidos en el Presupuesto de 2019 en Estados Unidos, al territorio del Sahara; como también a la problemática suscitada por las actividades económicas y comerciales que se llevan a cabo en el territorio, y por extensión a los importantes acuerdos firmados entre Argelia y Mauritania para la explotación de riquezas minerales en las cercanías de Tinduf y su posible transporte a través del tren mineralero mauritano, hacia el puerto atlántico de Nuadibú.   

El tema socio-económico suscita cada día más interés ya que, además de toda la población de la zona norte de Mauritania, suroeste de Argelia y marroco-saharaui que se beneficiaría del despegue de la región, son decenas de miles de ciudadanos saharauis los que se benefician de las inversiones extranjeras y de las actividades económicas en curso en el Sáhara. Además, fue precisamente éste uno de los puntos principales del Proyecto de autonomía que el Reino de Marruecos presentó a las Naciones Unidas como base para la solución negociada y definitiva de la cuestión del Sáhara Occidental.

El proyecto, que sólo entraría en vigor tras su aprobación por Referéndum de las poblaciones de la región, una vez ultimado el texto definitivo producto de negociaciones directas, prevé la formación de organismos de poder legislativos, ejecutivos y judiciales autónomos, en el marco de la soberanía marroquí del territorio, que autoadministrarán las riquezas económicas, del subsuelo y de la zona económica marítima, en beneficio de las poblaciones locales. Dichos órganos de poder autonómico estarán abiertos sin discriminación alguna, a todos los candidatos del interior y del exterior, de los campos de refugiados o de la diáspora, que concurrirán a las elecciones locales. 

La reunión Ginebra II es vista por analistas y observadores políticos, como un paso importante en el acercamiento de puntos de vista y en la búsqueda de posiciones pragmáticas que redunden en beneficio de las poblaciones de la región. Mientras continúan discutiéndose los contornos de la solución política al conflicto, poner en la mesa de discusiones la temática regional y socio-económica, puede ser un avance notorio hacia la solución definitiva.