Javier Fernández Arribas

El presidente ruso, Vladimir Putin, parece no tener prisa para responder a los países occidentales que han decretado la expulsión de alguno de sus diplomáticos. Por el momento 143 funcionarios rusos han recibido la orden de abandonar alguno de los 17 países que han mostrado así su solidaridad con el Reino Unido por el ataque con arma química contra el exespía doble ruso y su hija.

En las últimas horas se les ha unido la OTAN como organización que ha decidido la salida de cuatro representantes rusos y no admitir peticiones de colaboración. El Kremlin va a responder con la misma moneda y proporción al castigo recibido y esperemos que no de un paso más en el empeoramiento de unas relaciones que tanto tiempo costó mejorar después de la guerra fría. Sin duda, la tensión entre las superpotencias nucleares es de máxima preocupación por lo que supone de carrera militar armamentística que, por cierto, también influye en el supergigante chino.

El incremento de los presupuestos de Defensa conlleva recortes en otros sectores con el consiguiente reparo en el incremento de iniciativas que pueden afectar al desarrollo social. En el punto de mira más delicado está Ucrania, que ha decidido expulsar a un buen número de diplomáticos rusos, lo que puede interpretarse como una medida de fuerza frente a la política rusa de apoyar a las milicias que siembran la violencia en el este de Ucrania. Aquí está el principal problema en las relaciones entre los recién reconstruido bloques occidental y ruso.

El cambio de Gobierno en Ucrania tras la crisis que derivó en la imposición de los criterios populares emanados en la plaza Maidán; la invasión rusa de Crimea y la guerra en las regiones cercanas con mayoría prorusa; la imposición de sanciones económicas y comerciales contra Rusia por parte de la Unión Europea y Estados Unidos; la agresividad militar rusa en Siria y su exhibición de armamento moderno; las injerencias rusas en las elecciones en Estados Unidos, Francia, Alemania o Cataluña y en el Brexit; y la gota que colma un vaso demasiado lleno es la utilización de armas químicas en el Reino Unido.

Moscú niega la autoría del ataque, pero nadie cree su versión. Lo que comenzó en Ucrania, el verdadero problema por resolver se está extendiendo en demasía y todos son conscientes de que la actual situación de guerra fría es negativa para los dos bandos, pero hay numerosos intereses cruzados en juego. Lo lamentaremos.