F. Javier Blasco

Mucho, muchísimo; demasiado diría yo, se ha hablado y escrito durante los últimos tiempos, y en especial durante este pesadísimo y seco mes de octubre sobre el denominado proceso en Cataluña. Un tema que nos tiene hastiados a propios y ajenos y que de verdad solo sirve para dar pábulo y negocio a los periodistas, tertulianos y cadenas de televisión. Un proceso, que, por otra parte, ha llenado de ilusiones, desengaños y desesperaciones a los seguidores y detractores de este fenómeno político social que por increíble que parezca está ocurriendo en el seno de una de las mayores potencias Europa durante la ya avanzada segunda década del siglo XXI.

Si alguien se atreviera a predecir la mitad de los pasos dados durante el mismo, tan solo hace quince días, seguro que se le llamaría desproporcionado, estúpido y poco formado como analista de cualquier tipo de acontecimientos. Hubiera sido descalificado para siempre y su palabra u opinión no formaría nunca parte de una sosegada y clarividente predicción política o de desarrollo de eventos de importancia.

Pero aquí estamos, en medio de uno de los más grandes ridículos nacionales, internacionales y mundiales.  Una pequeña región española con unos pocos millones de habitantes; comandada por un villano, desnortado, tremendamente cambiante –en cuestión de horas o minutos- visionario de la nada gobernante, ha sido capaz de atraer la atención mundial durante muchos más meses que cualquiera de los grandes conflictos internacionales recientes o actuales. Ha sembrado sus tierras y gentes de odio hasta el punto de partirlas en dos mitades y ha propiciado una de las mayores quiebras económicas, que, aunque aún es pronto para calcularla, seguro que alcanzará elevadas cifras en millones de euros a corto y medio plazo.

Alumbrados por unas ideas decimonónicas, totalmente caducas y fuera de toda validez y comprensibilidad en el mundo mundial contemporáneo y apoyados por unos partidos políticos y politicastros de poca o mísera monta, nula visón del futuro y cuyo único propósito es la rotura de su región y de España han ido tejiendo entre todos  una maraña cuasi impenetrable y llena de engaños y falacias fruto del adoctrinamiento de muchos años y de un montón de estómagos agradecidos, que por cierto, hemos y seguimos pagando todos los españoles.

En esta última labor y, a fuer de ser sincero, debo decir que a esta cuadrilla de descamisados les han venido precediendo otros muchos en sus mismos puestos, quienes ocultando sus verdaderos propósitos colectivos y muchos personales supieron aprovecharse de la necesidad de unos gobiernos débiles y llenos de vanagloria a los que no les importaba cualquier sacrificio para España e injusticia para el resto de los españoles. Todos ellos han ido dejando o propiciando que el monstruo creciera hasta alcanzar las dimensiones actuales.

Los políticos catalanes de la mano del ungido, que no electo para ello Puigdemont, han llevado a los suyos al borde de la desesperación prometiéndoles todo hasta lo imposible, a la parte contraria, escondida, arrinconada y atemorizada durante muchos años a la histeria y a la búsqueda de apoyos externos, que, si bien saben que los tienen, es solo en sus manos, voluntad y votos donde se encuentra la solución del problema. Aunque, según las encuestas, no parece que sea suficiente el actual deseo y voluntad de estos para ganarles la partida en las próximas elecciones del 21 de diciembre. Espero y deseo, que como viene siendo habitual últimamente, dichas encuestas hierren y que sea el temor que hoy mismo levantan el que les haga reaccionar de una forma colectiva y eficaz en dicho día. Repito, solo en sus manos está la solución; aunque, me temo que la gran desunión de los partidos constitucionalistas, su poca visión de lo que deben ser las cosas, la precipitación, exceso de confianza y el ansia desmedida de uno de ellos y la ambigüedad del otro no dará lugar a un buen fruto en dicho proceso electoral.

Como parte positiva de todo este embrollo, espero que una gran mayoría de españoles ya sean capaces de entender lo que es la división de poderes en un Estado democrático, la correcta tipificación de los delitos graves, quien los redactó tal y como están y quien es el responsable de actuar y como en cada momento. Hace unos días publiqué un trabajo al que titulé “Mantengamos la Calma” [1] en el que trataba que llamar la atención sobre todo lo anterior; pero a tenor del número de visitas y comentarios que obtuvo, no creo que despertara mucho interés y así, las voces exigiendo lo imposible a todos los poderes sin distinción han seguido siendo patentes durante muchos días entre partidos políticos, periodistas y los seguidores de los políticos. Debo decir que he sentido mucha vergüenza por ello; sobre todo, cuando dichas voces venían de personas o entidades de los que se sobreentiende que están debidamente formados y de entre los que destaca la prensa considerada como seria y aparentemente neutral.

Espero que los errores cometidos el día de la votación ilegal del 1-O ya estén claramente identificados [2], sean corregidos y no nos pongamos, de nuevo, al mundo por montera y nos traten como tercermundistas y país de atrasados. Cosa, que, por otro lado, a tenor de la realidad de los hechos y de la verdadera responsabilidad en que se hubieran forzado, es bastante incomprensible tanto bombo y platillo internacional creado. Ya me gustaría haber visto a todos aquellos que, en su día se rasgaron las vestiduras y nos pusieron a caldo, actuar en sus respectivos países en casos similares.  El efecto de la propaganda internacional comprada con muchos millones de euros durante años y una muy mala labor por parte del gobierno para contrarrestarlo ha sido letal, tanto, que ahora tenemos las manos completamente atadas y hasta las cosas legales y de justicia se piden por favor, aunque haya cualquier atisbo de resistencia activa o pasiva.

Pero volviendo a los principales protagonistas de este maremágnum, debo decir, que sus actitudes, reacciones y posturas adoptadas han sido de tal calibre que no encuentro en el rico vocabulario castellano la palabra adecuada para calificarlo; todas se quedan cortas. Movimientos de auténticos cobardes, rallanos en la ilegalidad constante y premeditada, envueltos en las masas autoritarias que ellos llaman pacíficas, las maniobras para actuar a escondidas, diciendo, sin decir y haciendo sin hacer no son propias de personas cuerdas y ni mucho menos de aquellas que hubieran sido educadas en la legalidad y lo que es peor, que hayan tenido en sus manos el gobierno de una región y la representación de Estado durante dos años.

Los baños en olor de multitudes para no significarse, los constantes cambios de decisión, las huidas a escondidas y con premeditación acompañados de publicaciones de tweets o entrevistas  falsos o enlatadas y las infumables ruedas de prensa dentro y fuera de España son y, por lo que veo, seguirán siendo esperpénticas, burlescas, totalmente infundadas, llenas de mentiras, exageraciones y que solo tratarán de mostrar que en España no se respetan los derechos y legalidades y se persigue a los “legales”.

Un Puigdemont cobarde y atemorizado que hasta en su Parlamento se movía rodeado por un mínimo de tres escoltas, que solo busca engañar a todos y mucho más a los suyos. Un hombre que no tiene reparos ni vergüenza en exigir constantemente “garantías” para él y su total inmunidad, cosas que sabe que nadie se las puede conceder, aunque se esconda entre los más extremistas valones belgas, por cierto, muy cercanos a sus políticas y formas de entender el caos. Daba pena verlo hoy en una estrecha oficina de prensa –porque nadie le ha cedido un espacio o despacho oficial-, haciendo declaraciones sobre lo suyo y sobre lo malos que somos en España donde no se respeta nada y no existe la más mínima legalidad. Obviando, claro está, que aquí el principal ilegal y malhechor es él. Ha pasado al record Guinness de los más ilegales y mentirosos del mundo, tanto es así que nadie le cree, salvo algunas poco honrosas excepciones que prefiero no mencionar. Espero que siga siendo así por mucho tiempo y que todos estos delitos que sigue cometiendo se le acumulen a la larga lista de ellos que ya ha cometido.

Hoy escuchaba y veía en diversos medios las opiniones de los catalanes ante tal despropósito. Unas personas avergonzadas al ver a su nefasto líder rodeado de medio gobierno poniéndose a cubierto lejos de su república de chicha y nabo, tratando de convencer a tiros y troyanos de que siguen trabajando según su mandato, cuando en realidad solo tratan de ganar tiempo para que no pongan sus traseros a buen recaudo en Soto del Real. Ya veremos, quien paga todo este estipendio y cómo reaccionan al plazo acabado de otorgar para que comparezcan ante la Audiencia Nacional acusados de Rebelión, Sedición y Malversación.  

Por otro lado, debo resaltar que me repugna el seguidismo de los medios a las intervenciones pseudo-políticas de dicho personaje. No se afanen, no corran, llegan siempre a tiempo a recibir un montón de mentiras y de sus palabras y declaraciones no podrán interpretar cuál será su próximo paso o patraña, porque ni él mismo lo sabe. Empieza a ser la hora de abandonar las palabras, gestos y declaraciones de este falso mesías, al que ya todos conocemos y del que nada nos interesa, salvo que sea juzgado y penado por todos y cada uno de los delitos que haya cometido. Lo de abandonar al ostracismo a los salvapatrias o visionarios se ha hecho en otras muchas ocasiones similares y empiezo a poner en duda cuáles serán las razones para que hasta ahora no les impulse a ello. 

Es una pena ver este espectáculo y da mucha más pena comprobar que la cordura y la coherencia entre los políticos en España haya desaparecido para siempre. Allí – en Cataluña- todos ellos siguen como si no hubiera pasado nada, a lo suyo, y ya en plena campaña electoral para el 21-D y, en el resto de España, continúan pensando en sus pequeñeces, naciones dentro de España, estrecheces de miras y presiones cortoplacistas. No importan para nada la integridad del suelo patrio, los ideales y sueños de todos los ciudadanos, recuperar verdadera y eficaz enseñanza y remontar de una vez por todas la economía.

Aplaudo la jugada del presidente del Gobierno en este caso. Jugada, a la que hasta se puede calificar de genial por calmar, de un solo golpe de efecto, con verdadera decisión y protagonismo a tanto desaprensivo, e insolidario dentro y fuera de España –sobre todo, entre aquellos que dicen que le apoyan-. Lo malo de todo esto es que nuestra Constitución, a la que hemos visto que ha funcionado correctamente como un ajustado reloj suizo hasta en situaciones tan difíciles, nos la queremos cargar so pretexto de buscar un encaje a esos catalanes que no quieren saber nada de España y que solo buscaron, buscan y buscarán solo su independencia. Pero, al parecer, y ojo con ello, cada vez son más los que están empeñados en destruir España, su Constitución y echar abajo el trabajo y los logros que tanto esfuerzo y apoyo exterior han sido necesarios para lograr nuestro mejor periodo de la historia reciente. Lo importante, para muchos y cada vez son más, es destruir España. Increíble, pero Cierto.              

[1] https://sites.google.com/site/articulosfjavierblasco/mantengamos-la-calma-1

[2] https://sites.google.com/site/articulosfjavierblasco/lecciones-aprendida...