Anwar Zibaoui

Pie de foto: Imagen de Petra, lugar emblemático y turístico de Jordania.

Son tiempos difíciles para Jordania, los problemas internos y regionales amenazan con perturbar su delicado equilibrio. Este pequeño país con grandes aspiraciones se enfrenta a una situación complicada en su entorno, su débil economía no consigue levantar el vuelo por las secuelas de las guerras en Irak y Siria, el terrorismo, el conflicto palestino-israelí, las tensiones entre Arabia Saudí e Irán, y los problemas y el boicot entre Qatar y varios países del Golfo que son sus principales avalistas ya que invierten grandes sumas de ayuda financiera y técnica, y hay una creciente sensación de ansiedad a nivel interno. Su estabilidad es de mucha importancia para Occidente ya que sería mucho más costoso para la comunidad internacional la desestabilización de este reino fronterizo con Arabia Saudí, Irak, Siria, Egipto, Israel y Palestina.

La historia y la geografía bendijo o maldijo a Jordania, según la perspectiva desde la que se mire. Mientras su posición geográfica --rodeada de 140 millones de personas--, su relativa estabilidad, un sistema financiero y unas infraestructuras que le conectan con los países del entorno afianzan su papel como plataforma regional, su geografía también le obliga a enfrentarse a una situación complicada como los conflictos múltiples de su entorno, que impactan en su desarrollo y crecimiento.

A nivel interno, los diferentes gobiernos y la oposición no han conseguido un consenso sobre la reforma política y de los derechos humanos, la debilidad de los partidos políticos no ha permitido que muchas de las reformas pasen del papel a la acción. La economía no se presenta mejor, su fragilidad es el desafío más urgente y complicado. Se encuentra estrechamente ligada a las economías de la región por su factura petrolera, las remesas de sus emigrantes, las inversiones y el turismo, por esto las autoridades tendrían que actuar con mucha cautela, impulsando una política económica consensuada con los agentes sociales que permita reducir el impacto de los shocks externos.

Jordania se ha visto sitiada entre dos frentes de guerras, con un número creciente de refugiados que llegan de Irak y Siria. El país tiene una historia familiar con los desplazados, con casi la mitad de su población de 6,7 millones de habitantes originarios de Palestina. La escala del último flujo --casi tres millones de refugiados-- está sobrecargando su economía, aumenta el coste de vida, la demanda insostenible para la educación, la vivienda, la alimentación, la energía y el agua, y las cuestiones laborales se están convirtiendo en una amenaza para la cohesión social.

La estabilidad de Jordania es de mucha importancia para Occidente ya que sería mucho más costoso para la comunidad internacional la desestabilización de este reino fronterizo con Arabia Saudí, Irak, Siria, Egipto, Israel y Palestina

La economía de Jordania continuó luchando en 2017 debido a una desaceleración en sus sectores clave, la agricultura, el turismo y las exportaciones, así como el empeoramiento de la estabilidad regional, agravada aún más por la afluencia de refugiados de Siria.

Desde su ascenso al trono en 1999, el rey Abdalá II ha aprendido el arte de la supervivencia a largo plazo, juega con puño de hierro algunas veces, y de seda otras. Esta técnica ha demostrado su eficacia para mantener a Jordania aislada del tumulto regional. En los últimos 20 años, Jordania se dirigía a un estado en crisis, pero el líder ha sido muy astuto al equilibrar sus intereses en el país. Ha puesto en marcha importantes reformas económicas, como la liberalización del comercio y la privatización de empresas y servicios. Esta apertura ha tenido un relativo éxito, pero sigue siguiendo insuficiente. Las protestas han aumentado y la tasa de desempleo del 25% muestran que no satisface los retos sociales.

La gente está agotada de promesas. Está por ver la respuesta de la calle a la eliminación de los subsidios en los precios de los productos básicos como el pan y la gasolina. Las señales no son halagüeñas, a medida que las autoridades no gestionen bien el tiempo político, las demandas irán en aumento.

El reino también intenta satisfacer las necesidades de una población que aumenta a razón de unos 200.000 habitantes al año, y trata de estimular su economía con más apertura impulsando planes importantes de infraestructuras. Además, goza de elementos saludables para crecer a pesar de importantes retos como la situación regional, el paro, la corrupción​ y el déficit fiscal, las principales amenazas que pueden perturbar su delicado equilibrio.

Jordania tiene un considerable efecto arrastre en una región con muchos recursos. Pero el país, plagado por una economía frágil, bordeando guerras y tensiones regionales, y con una presión interna de mayores reformas, no puede permitirse el lujo de ver disminuir su economía y la apertura política, sino que estas deben ser las opciones prioritarias para evitar males mayores. Unos objetivos que los jordanos pueden y deben conseguir, pues la alternativa la están presenciado en sus vecinos Iraq y Siria.