Antonio Sánchez-Gijón/CapitalMadrid.com

Pie de foto: Refugiados en Europa. El Parlamento Europeo fi­nal­mente san­ciona a Hungría

La úl­tima se­sión del Parlamento Europeo (PE) será me­mo­rable por dos ra­zo­nes: por pri­mera vez un país de la Unión, Hungría, se ha visto su­jeto a un voto de cen­sura como san­ción contra una serie de po­lí­ticas que van desde res­tric­ciones a los me­dios de in­for­ma­ción, la pri­va­ción de de­re­chos a ciertas mi­no­rías y trans­gre­siones del es­tado de de­re­cho.

Esa cuestión se encuentra muy ligada, aunque de forma indirecta, con la segunda razón que hace de esa sesión del PE un hecho singular: la introducción de una perspectiva geopolítica en las relaciones de Europa con el continente africano, del cual proceden actualmente las más nutridas corrientes migratorias que llegan a Europa.

La moción contra Hungría fue votada por más de dos tercios de la cámara, aunque puede quedarse sin efecto si el Consejo Europeo no la refrenda, lo cual no se descarta dado que una sanción de los socios de Hungría afectaría negativamente sus relaciones bilaterales con Budapest. El jefe del gobierno húngaro, Viktor Orban, había denunciado el día anterior, y ante el propio parlamento, la moción como una ofensa a Hungría.

Orban se ha opuesto a que Hungría entre en el acuerdo de la Unión para repartir entre sus miembros los inmigrados irregulares y los peticionarios de asilo, principio aceptado por la mayor parte de socios. Budapest adoptó la política contraria ante la entrada masiva de migrantes, refugiados de guerra sirios en camino hacia Alemania, en 2015.

Orban ha seguido una política restrictiva de las actividades de entidades benévolas, y mantiene una aversión particular a la fundación financiada por el multimillonario norteamericano George Soros, él mismo de origen húngaro. Entre las acusaciones del PE contra Hungría está la de discriminación contra judíos y gitanos.

Desde entonces las migraciones a Europa han cambiado de signo y de origen. Proceden principalmente del África Subsahariana, y en menor medida de los países de norte de África, aunque éstos son además territorio de paso de esas corrientes.

Con la esperanza de afrontar de modo sistemático y coordinado ese problema, que produce rechazo en algunas fuerzas políticas y gobiernos europeos, el presidente de la Comisión Jean-Claude Juncker, presentó a la cámara su “Informe sobre el estado de la Unión 2018”, con un sugestivo: subtítulo: ‘La hora de la soberanía europea’.

“La situación geopolítica – dijo Juncker – marca el momento actual de Europa. Ha llegado la hora de la soberanía europea”. a la que caracterizó por un término acuñado por él: la ‘Weltpolitikfähigkeit’: “la capacidad de jugar un papel, como Unión, en dar forma a los asuntos mundiales”. Este propósito animará a los socios de la Unión a que se resuelvan a aplicar políticas como que los gigantes de internet paguen impuestos, que ciertos plásticos contaminantes sean prohibidos, reforma de la continuidad horaria, un mercado único digital, una unión energética, bancaria, de capitales, etc.

De un modo más detallado, Juncker expuso su visión geopolítica del problema de las migraciones. Es preciso volver a un “área Schengen sin fronteras interiores… Deben retirarse las fronteras levantadas de nuevo… Para ello, debemos dar el paso decisivo de dar una solución sostenible a una reforma migratoria equilibrada”. Nada de soluciones ad hoc cada vez que llega un barco; la solidaridad ocasional no es suficiente. Por ello la Comisión, anunció Juncker, propone reforzar el Servicio de Fronteras y Guardacostas, con 10.000 agentes en 2010.

Junto a ello, se va a crear una Agencia Europea para el Asilo que ayudará a los estados a procesar las solicitudes. Lo mismo hará en la devolución de los inmigrantes irregulares. En paralelo se debe apoyar la inmigración de trabajadores con capacidades profesionales.

De ahí Juncker pasó a hablar de África, “el continente gemelo”. Hablar de África es “hablar del futuro”, dijo: “En 2050, la población de África habrá alcanzado los 2.500 millones de habitantes”. Hay que verla, pues, más allá de las políticas de ayuda al desarrollo.

La Comisión va a proponer “una nueva alianza para las Inversiones Sostenibles y el Empleo”, que puede crear 10 millones de empleo africanos, en los próximos cinco años. Un plan de financiación lanzado hace dos años por la Comisión movilizará, anunció, €44.000 millones en los sectores público y privado. Los proyectos que ya están en marcha suponen €25.000 millones. Europa es un gran mercado para África: el 36% de sus exportaciones van a Europa.

Y como proyecto con indudable alcance estratégico señaló la necesidad de integrar todos los acuerdos comerciales existentes, “en un acuerdo de libre comercio de continente a continente”.