Miguel Ángel Pérez

El conflicto que está teniendo lugar en Siria ha alcanzado unos niveles de complejidad y de relevancia bastante importantes, situándolo entre los mayores producidos desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Tal grado de magnitud se ha producido por una serie de dinámicas previas y de acontecimientos durante su desarrollo que lo han potenciado incrementando su virulencia. 

Tengamos en cuenta el carácter del régimen sirio como punto de partida. El liderazgo del partido Baaz se asentó sobre unas bases ideológicas de izquierdas residuales tras la fallida República Árabe Unida y el fracaso del principal proyecto del panarabismo. Se estableció una dictadura personalista que fue la que ha ido dando forma a la Siria de hoy. Consolidándose un aparato estatal fuerte y con unos apoyos bien definidos. 

A diferencia de otras zonas de Oriente Medio como la Península Arábiga resulta que el Levante y Mesopotamia son regiones con más interacción entre pueblos así como de mayor tránsito no sólo de poblaciones sino también de ideas. Siria situada en la primera de las dos últimas zonas citadas tiene una pluralidad importante con varios grupos, siendo suníes y chiíes junto con kurdos los principales pero también existen en menor medida otros grupos relevantes como los drusos y los turcosirios.  

Se presenta la guerra siria muchas veces como una confrontación entre suníes y chiíes, ya que la élite gobernante es de una rama del credo chií estando aliada con Irán, cosa que es cierta pero supone quedarse corto en el análisis. Tengamos en cuenta que la Primavera Árabe es un movimiento inconformista y de denuncia social, un grito contra los gobernantes y tanto la situación de la población como de las naciones del mundo musulmán. El componente religioso es por tanto un añadido. 

También incide el fenómeno de cambio generacional y psicológico. El Magreb y Oriente Medio con la llegada de la globalización ha cambiado la mentalidad de la juventud local, una evolución que la ha hecho chocar con los modelos que había hasta ahora y que fueron creados por sus padres y demás antepasados. 

El avance de las hostilidades en Siria dio lugar a que la gente fuese tomando parte en el conflicto. Las divisiones ideológicas y de proyecto de los distintos grupos contrarios al régimen impidió la formación de una oposición unificada firme. Ello junto con la debilidad del régimen condujo a vacíos de poder que fueron aprovechados por extremistas.

Particularmente sostengo la creencia de lo que vengo en llamar radicalidades nacionales. La cual consiste en que en periodos de crisis o de trastoque se produce un viraje de la población local hacia modelos radicales sirviéndose de componentes intrínsecos configurados en sus países por circunstancias históricas. A ello atribuyo el crecimiento de la extrema derecha en Europa Central, de la extrema izquierda en el Mediterráneo y del integrismo en el mundo musulmán. 

Los grupos integristas se fueron consolidando y las facciones yihadistas se hicieron mayoritarias. Entre ellas el Frente Al-Nusra, vinculado a Al-Qaeda, y el Daesh. Estos beligerantes fueron asumiendo el protagonismo en Siria y afectando al desarrollo de la guerra civil. Llegándose al caso de la gran expansión del Daesh que llegó a ocupar extensas zonas no sólo de Siria sino también del vecino Irak. 

La debilidad del régimen sirio fue parcialmente subsanada por la implicación militar tanto de Irán como de la guerrilla libanesa Hezbollah. No fue la única intervención que se produjo ya que los países del Consejo de Cooperación del Golfo decidieron apoyar a la insurgencia contra el régimen sirio. Observese la pugna entre el eje chií y el sunní que como en Yemen y otros lugares mantiene en Siria una pugna por la hegemonía sobre Oriente Medio, una disputa agravada por la rivalidad persa-árabe y odio religioso. 

Aún se produjeron más actuaciones extranjeras en Siria. Las intermitentes de Israel que se limitan a responder a ataques en los Altos del Golán y a evitar que Hezbollah consiga armamento sofisticado de los arsenales sirios e incluso capacidades para desarrollar armas químicas. En este sentido hay que precisar que Hezbollah pasó de ser destinatario de apoyo tanto de Siria como de Irán a un padrino del régimen sirio por lo que ha cambiado su estatus, ello le da mucho más peso estratégico y capacidad no sólo de influencia en el régimen sirio sino también para conseguir recursos. 

Otro actor que tiene influencia sobre el régimen sirio es Rusia. La cual venia de soportar una condena internacional por su intervención en Ucrania y una caída de su posición estratégica al caer el régimen de Yanukovich pasando Ucrania al bloque occidental, ello propició una campaña rusa en Siria para salvar a uno de los aliados que le quedaban y limpiar su cara con la propaganda de llevar a cabo una acción contra el terrorismo yihadista. Es importante resaltar que Rusia dada su posición cada vez precisa más de estrechar su colaboración con socios como Irán para mejorar su posición estratégica y transmitir un mensaje de disuasión frente a Occidente al estar repercutiendo las sanciones económicas sobre su economía. 

Añadiéndose a las acciones en el interior de Siria está Turquía que procedió a ocupar una serie de posiciones en el norte del país. La intervención turca se produjo después de que EEUU se negase a derrocar al régimen sirio, a la presión migratoria que padece procedente de Siria, los atentados terroristas yihadistas sufridos y por defender a las milicias turcosirias que operan contra el régimen sirio. 

En todo este escenario la posición occidental ha sido enormemente dubitativa. Si bien inicialmente Reino Unido y Francia deseaban armar a los rebeldes sirios y propiciar la creación de un frente común de la insurgencia controlado por grupos moderados se vieron frenadas tanto por la imposibilidad de crear dicha unión como por la posición de EEUU de no querer interferir en el conflicto.

Con el surgimiento del Daesh como fuerza a tener en cuenta cambió la postura de EEUU que pasó a realizar una campaña principalmente aérea contra ese grupo yihadista, a la vez que se mantiene vigilante de que no sean empleadas armas químicas en Siria. Observándose un cambio de actitud de EEUU desde la intervención militar rusa buscando querer contrarrestar de forma pasiva la posición de fuerza de Rusia adquirida en Siria. 

La complejidad de los entresijos del conflicto sirio hacen difícil una solución dialogada al conflicto puesto que es una guerra civil internacionalizada, en la que además se mantiene una pugna entre potencias regionales (Irán y el Consejo de Cooperación del Golfo) y otra entre potencias globales (Rusia y EEUU), con Turquía queriendo tener voz y con Israel vigilante. 

Poner de acuerdo a tantos actores internacionales así como a todos los grupos internos sirios que son beligerantes en el país en cuestión es prácticamente tarea imposible. Consciente del empantanamiento que puede producirse Rusia está desarrollando diálogos con Turquía e Irán para imponer una paz de los que van venciendo actualmente y que tenga cierto respaldo internacional presentándola al mundo como hechos consumados que deben ser asumidos.

Ante ello habrá que esperar la segura resistencia del Consejo de Cooperación del Golfo y las clásicas dudas de una Unión Europea, así como de unos EEUU más bien impredecibles con Trump que difícilmente aceptarán que Rusia siga ganando influencia en Oriente Medio.