Antonio Sánchez-Gijón/CapitalMadrid.com

Pie de foto: El poder mi­litar de Bengazi y el di­plo­má­tico de Trípoli, aportes po­si­bles para una sa­lida po­lí­tica de la crisis

Todo lo que está ocu­rriendo en Libia es de enorme in­terés para los go­biernos que buscan so­lu­ciones eu­ro­peas a la crisis de las mi­gra­ciones ile­gales de tipo eco­nó­mico o por ra­zones hu­ma­ni­ta­rias. A lo largo de las in­mensas costas de Libia se han for­mado en estos años in­fi­nidad de pe­queños nú­cleos de ‘empresarios’ de la mi­gra­ción ile­gal, quienes con una in­ver­sión mí­nima se ase­guran mul­titud de ‘clientes’ que gastan sus aho­rros en pagar un puesto en sus mi­se­ra­bles botes de cau­cho. Se es­tima que lo han hecho entre 600.000 y 700.000 per­sonas en los úl­timos 6 o 7 años. Esto ha sido po­sible porque Libia vive desde 2011 en una pro­funda anar­quía y des­or­den, que se ca­rac­te­rizó desde en­tonces por ser una lucha de todos contra to­dos.

Hoy esa forma de caos se ha ‘estabilizado’. La confrontación multilateral ha mutado en otra con sólo dos polos de poder significativos. Los encabezan los gobiernos asentados en Trípoli, la capital histórica, y Bengazi. Una en el oeste del país y la otra como capital de la Libia oriental. El gobierno asentado en Trípoli tiene el reconocimiento internacional. El gobierno de Bengazi es considerado por la comunidad internacional (ONU, Europa, etc.) como sedicioso.

Ocurre sin embargo que el gobierno de Trípoli se ha mostrado hasta ahora impotente para imponer la paz en la región occidental del país, por no hablar del resto de Libia, y ni siquiera puede reforzar sus fuerzas militares y las milicias que le apoyan con armamento moderno porque la ONU no quiere ‘estimular’ un conflicto civil, caracterizado por la ‘volatilidad’ de las armas y equipos militares.

Y ocurre que el gobierno de Bengazi cuenta con el apoyo de la única fuerza militar efectiva, el llamado Ejército Nacional Libio (ENL), comandado por un militar profesional, el general Jalifa Haftar, rebelde al dictador Gadafi, apoyado por el vecino Egipto, otros países árabes, Rusia y hasta no hace mucho también por Francia. Y probablemente también por los Estados Unidos e Italia.

En el mes que acaba de terminar el ENL se ha apuntado dos victorias importantes. La primera ha sido la rápida recuperación de los complejos petrolíferos de Ras Lanuf y Es Sider, que habían sido tomados a la fuerza por milicias comandadas por Ibrahim Jadran, antiguo jefe de una no reconocida Guardia Nacional del Petróleo, a quien Haftar había desalojado ya de aquellas mismas infraestructuras en 2016, bajo la acusación de ‘robar’ cientos de millones de dólares por exportaciones fuera del control de Bengazi.

El segundo éxito de Haftar ha sido la liberación, en la pasada semana, de la ciudad de Derna (123.000 habitantes), en la costa oriental del país, que se hallaba sometida al control de milicias islamistas. Con esta conquista, puede decirse que el este de Libia se halla en lo sustancial estabilizado, lo que refuerza al gobierno de la llamada Cámara de Representantes asentada en Bengazi, de cara a cualquier negociación con Trípoli.

Haftar anunció que pondría los ingresos por las exportaciones realizadas desde los puertos que controla en manos de una Corporación Nacional del Petróleo (CNP) de nueva planta, y que lleva el mismo nombre que la CNP de Trípoli, reconocida internacionalmente, y que ese dinero sería ingresado en el Banco Nacional de Libia, réplica del BNL asentado en la capital histórica.

La justificación que da Haftar para esa decisión es que cuando recuperó aquellas instalaciones en 2016 y entregó los ingresos por petróleo a la CNP legal, sus hombres, que habían sufrido bajas mortales y numerosos heridos, no recibieron ninguna compensación del gobierno de Trípoli. Alega igualmente que la derrota del llamado Estado Islámico, lograda por su ejército en 2016, tampoco tuvo el reconocimiento de Trípoli, el cual tendría que haber compensado a los soldados del ENL por esa hazaña y haber prestado atención médica a sus heridos.

La decisión de Haftar sobre la CNP paralela fue denunciada el pasado día 29 por Francia, Italia, Alemania, Estados Unidos y el Reino Unido, en un comunicado que apelaba al cumplimiento de la resolución 2362, de las NN.UU. Sin embargo, el comunicado añadía un reconocimiento muy significativo, que dice: “En septiembre de 2016, el ENL apoyó el trabajo de la legítima Corporación Nacional del Petróleo, para reconstruir el sector petrolífero de Libia, en beneficio del pueblo libio. Esa acción sirvió el interés nacional de Libia”. Esta coletillla no puede sino leerse como el deseo de dar satisfacción a algunas de las demandas de Haftar, que consideran justificadas.

¿Servirá ese reconocimiento como base para un acercamiento entre la única fuerza militar operativa de Libia y el débil gobierno oficialmente reconocido por la comunidad internacional? De momento no se ve otra combinación de fuerzas y activos (de un lado los de tipo militar, del otro los político-diplomáticos) que pueda ofrecer alguna esperanza de estabilidad (y quizás durabilidad) a un gobierno recompuesto según las realidades político-diplomáticas de un lado, y las estratégicas y securitarias del otro.