Víctor Arribas

            Pedro Sánchez ha apostado fuerte en la relación con Estados Unidos, como hizo Rodríguez Zapatero. La retirada de la fragata Méndez Núñez de la flotilla que escoltaba al portaaviones USS Abraham Lincoln rompe en el Golfo Pérsico una misión en la que los dos países iban de la mano como parte de un ejercicio conmemorativo de la primera vuelta al mundo. Los desplantes del expresidente al país americano son recordados hoy como si fuera una demostración del apéndice que el mandato de Sánchez supone respecto al de Zapatero según muchos análisis. Lo que uno comenzó con Bush como su claro antagonista, el otro lo continua con Trump en la cima del mundo. En medio, un mandato purificador de Obama partiendo un piñón con ZP y dos legislaturas de Rajoy esforzadas en recuperar la relación transatlántica con la que España siempre ha brillado en el mundo, y gracias a la cual ha logrado notables avances en su historia y contra sus demonios internos.

Por mucho que la ministra Margarita Robles se haya esforzado hoy desde Bruselas en convencernos de que es una decisión de carácter técnico, y no político, los antecedentes invitan a pensar que el gobierno socialista está utilizando el concierto internacional de nuevo para hacer gestos de consumo interno, con más razón incluso esta vez porque faltan diez días para la celebración de unas elecciones en nuestro país tan importantes como las europeas, municipales y autonómicas. Nada mejor que sacudir las conciencias de los votantes con un asunto que la mayoría de los españoles apoyará: la defensa de los acuerdos de desnuclearización con Irán, que ha denunciado EEUU y que sin embargo seguían valiendo para Europa y para España. Sin lugar a dudas situarse frente al bravucón Trump en este momento de las relaciones internacionales, da réditos dentro y fuera de los distintos países, porque él está volando acuerdos como el de Irán o los comerciales con China que parecían estables y convenientes. El contrasentido de todo esto es que el gobierno español venga a denunciar esta costumbre trumpiana... incumpliendo sus compromisos. Pero es que la medida unilateral (¡ay, del multilateralismo, qué fue de él!) cuestiona también los acuerdos alcanzados en el seno de las organizaciones multinacionales a las que pertenece España, que para más datos se refieren a la defensa común. 

            España ha entendido que el cambio en las cartas de navegación ha sido decidido por Estados Unidos para lanzar un mensaje a Irán adentrándose en aguas del Pérsico. Estaba previsto después viajar a través del Mar del sur de China, lo que permite a la Navy redoblar sus maniobras frente a otro adversario estratégico con el que mantiene una guerra de momento sólo comercial. Pero la interpretación que Defensa ha hecho exagera un poco las consecuencias que podría tener nuestra relación con esos dos países, ya que el único barco ajeno a EEUU que forma esa flotilla de siete en misión conmemorativa” era la Méndez Núñez. Cabe preguntarse si un gobierno en funciones puede adoptar esta medida que afecta a las relaciones diplomáticas y a la estrategia de defensa de nuestro país. Pero estamos ante el gobierno que ha sobrepasado límites hasta ahora contenidos en la aprobación, por ejemplo, de los decretos sociales en plena campaña electoral, convirtiendo el Consejo de Ministros en captador de votos indisimulado. 

            Lo ocurrido, conociendo al inquilino de la Casa Blanca, no pasará desapercibido a ojos de la primera potencia mundial. La situación en Venezuela podría ser un primer escenario de desencuentro, porque la posición por momentos ambigua de España en relación al presidente encargado Juan Guaidó no gusta nada en el Departamento de Estado. Las consecuencias pueden empezar a notarse en los contratos en los que Navantia participa para la adquisición de una serie de buques construidos en parte en astilleros españoles. Y lo más probable es que cuando el portaaeronaves yanqui salga del Golfo, el alto mando norteamericano rechace el reenganche de la Méndez Núñez a la “caravana” de buques que le prestan apoyo logístico en la circunvalación terráquea. 

De las seis naves que partieron de Sanlúcar en agosto de 1519, sólo la Victoria consiguió retornar tres años después. A la expedición conmemorativa ya se le ha caído el primer barco, aunque los problemas del siglo XXI sean muy distintos y menos peligrosos que los de entonces. Y una cosa es segura: cada vez está más lejos la fotografía de rigor de todos los mandatos del residente (electo) español recibido en la Casa Blanca. Tal vez como única opción, si sobrevive en su presidencia a Trump, Sánchez podrá soñar con visitar a un eventual presidente demócrata y decir una vez más “me salí con la mía”, sin decirlo.