Nour Larbi. Analista/The Diplomat

Con motivo del cuadragésimo tercer aniversario de la marcha verde, Su Majestad el Rey Mohammed VI pronunció el martes un discurso histórico: por primera vez invita a Argelia al diálogo a través de un mecanismo político que deje de lado las diferencias circunstanciales y objetivas.

El Rey comenzó afirmando la existencia de discrepancias en el Magreb que contradice la ambición de alcanzar la unidad magrebí, materializada en la conferencia de Tánger en 1958. Mohamed VI reconoció que la situación de la relación entre Marruecos y Argelia no es aceptable y aseguró que desde que accedió al trono ha luchado por la apertura de las fronteras y la normalización de las relaciones.

El Rey propuso a Argelia una cooperación mano a mano para la creación de una herramienta política que supere el estancamiento y favorezca el aprovechamiento del potencial y el desarrollo de la región magrebí.

El monarca opta por estrechar los lazos entre las dos naciones hermanas para convertir la carrera por el liderazgo en un camino en el que las dos naciones contribuyan a la unidad del Magreb poniendo fin al conflicto de las provincias del sur e integrando el Magreb en el continente africano. El Rey concluyó diciendo que el aniversario de la Marcha Verde no es únicamente la celebración de una efeméride histórica, sino que también materializa el deseo del pueblo marroquí de materializar su legítimo derecho de completar la integridad territorial del país.

Marruecos y Argelia, los dos grandes países del Magreb, comparten religión, costumbres y cultura, pero desde que ambos estados lograron su independencia, existe una enemistad dominada por la ambición. Desde 1994, hay un cierre fronterizo entre Marruecos y Argelia. Esta última, decidió cerrar de forma unilateral su frontera con su vecino del oeste después de que Marruecos impusiera el visado obligatorio para los argelinos como reacción a un atentado terrorista perpetrado en un hotel de Marrakech, cuya autoridad se atribuyó a los servicios secretos argelinos.

El asunto del Sáhara también ha causado una áspera controversia entre ambos países y se espera que, con la iniciativa del Rey Mohammed VI se ponga fin a este antagonismo y se construya una sólida base de unión y prosperidad para el Magreb.