Pedro Canales

La decisión del Gobierno de Marruecos de poner en marcha una modalidad de Servicio Militar Obligatorio para los jóvenes de ambos sexos, así como los cambios y adaptación del Servicio Nacional establecidos en Argelia y en Túnez, han provocado debates y reflexiones dentro y fuera de España, no exentos de polémica y confusión. 

En primer lugar, hay que decir que la Ley propuesta en el Consejo de Ministros marroquí del 20 de agosto pasado y presidido por el rey Mohamed VI, no es una necesidad militar, ni económica, ni siquiera social. Es un imperativo político hecho con buen criterio y visión de futuro, destinado a reafirmar la cohesión del país y combatir el espíritu sectario, regionalista, chovinista y rupturista que pone en peligro la unidad del país. 

En el pasado, el Servicio Militar en todos los países del Magreb permitió la movilización de la juventud para hacer frente a los desafíos militares, facilitando la preparación y el entrenamiento destinado a la guerra. También permitió la realización de grandes objetivos nacionales, construcción de infraestructuras, reforestación, combatir plagas. Y por supuesto conllevaba un componente social importante: igualar el compromiso de la juventud independientemente de sus orígenes sociales, de su riqueza o de su pertenencia familiar. 

Sin embargo, todo esto pertenece al pasado. Ya no son éstas las funciones de la “Mili”. Hoy día, Rabat, Argel y Túnez tienen que hacer frente a movimientos secesionistas más o menos estructurados, en el Rif, en el Sahara, en la Cabilia, en el sur de Túnez, etc. La “Mili” facilita el contacto entre los jóvenes, la convivencia, lo absurdo del extremismo lingüístico, la xenofobia cultural, el regionalismo excluyente. La “Mili” no solo une a ricos y pobres, sino a gente procedente de ámbitos geográficos muy diferentes, a quienes inculca un sentido colectivo de pertenencia a un mismo país. La “Mili” facilita el futuro integrador. Esa es la razón profunda de su restablecimiento en Marruecos y de su persistencia en Argelia y Túnez. Lo que no es óbice para que sectores de la juventud manifiesten diferentes maneras de oposición a la misma. En Marruecos existe el Reagrupamiento Marroquí contra el Servicio Militar Obligatorio, que moviliza miles de adeptos en las redes sociales; en Argelia y Túnez, la resistencia se expresa más en la insumisión y el rechazo a inscribirse en las listas obligatorias del censo. 

En España, la “Mili” obligatoria fue abolida en 2001. Y desde entonces los particularismos, nacionalismos y otras enfermedades independentistas han proliferado, en Cataluña, Canarias, Baleares, Euskadi, Galicia, etc. ¿No sería acaso un buen momento para establecer alguna forma de Servicio militar o civil, que recuperase la praxis de pertenencia a un mismo país, a un mismo proyecto de futuro común? Repito: no es ninguna necesidad, ni militar, ni económica, ni siquiera social. Es una imposición política para mantener la cohesión del país y su viabilidad futura.