F. Javier Blasco; Coronel en la Reserva

Asistimos estos días a una serie de actos radiados, tuiteados y televisados en los que, como ha venido siendo siempre una costumbre en los presidentes norteamericanos a la hora de sus relevos, todo se paraliza o congela hasta que la nueva Administración estudie los pros y los contras de aquello que se dejó en el tintero pendiente de aprobación por el Senado y la Cámara de Representantes o que, aprobado e implementado en su día, requiera cierta revisión.

En EEUU, sus sistemas ejecutivo, administrativo y legislativo tienen una forma muy peculiar de plantear y llevarse a la práctica. Los europeos no estamos acostumbrados a ello y no entendemos que, por ejemplo, en un cambio de gobierno o por cualquier retraso en la aprobación de los presupuestos, el numeroso cuerpo de funcionarios pueda quedarse literalmente en el paro. Pero, esto y otras cosas más, son habituales entre ellos y no se alarman tanto como lo hacemos nosotros.

Como ya he mencionado anteriormente; en estas situaciones viene siendo habitual y no alarma presenciar determinados cambios radicales o congelaciones en la política interior, cosa que no lo es tanto en lo referente a su política exterior, que generalmente viene siendo mucho más continuista. Es muy común ver en todas las televisiones y noticiarios del mundo visual o escrito, actos de estado que se culminan con firmas de decretos por su Presidente rodeado de plumas y personas a su alrededor. Es una política de puros gestos, una “americanada” como la podrían denominar muchos.

Lo que sucede, es que; aunque sea lo normal y tradicional, depende de quien lo haga para sacar punta o no de estos hechos. Y, en estos momentos, cualquier cosa que haga el reciente y efectivo Presidente Trump, es objeto de atención y de mucha crítica.

Si, de critica porque muchos medios le tienen jurado un odio y guerra eterna y sin cuartel; porque a muchos les cae mal este personaje y porque ha levantado tremendas ampollas en determinados ambientes o esferas de poder, encabezado por el cuarto –los medios-, el establishment, las mujeres, los hispanos y el mundo musulmán. También, y no en poca medida, por cierto, el número de empresarios, que se sienten controlados, acosados e incluso obligados a cambiar sus políticas comerciales de exportación e importación y expansivas o de agrandamiento de su marca.

No cabe duda que Donald Trump, es un hombre claro y coherente, al menos en lo que respecta a mantener y ejecutar sus promesas electorales y no como suelen hacer otros políticos a los que se les llena la boca de falsas promesas, que olvidan nada más sentarse en sus cómodas poltronas. Pero, tiene solo unas pocas balas en su recámara y las está gastando alocada y precipitadamente ¿Qué hará cuando se le acaben en menos de dos semanas?

Se terminarán los golpes de efecto. Sí, he dicho de efecto porque en realidad, todo lo hasta ahora firmado no es más que un acto de reality show y un bastante de papel mojado. Lo del Obamacare, según mis noticias, no podrá tener vigor en este año, porque ya estaban las pólizas formalizadas para 2017.

Lo del Tratado de Asociación Transpacífico (TTP, por sus siglas en inglés) fue ratificado, que no implementado, hace un año y por lo tanto, no era más que un compromiso de Obama; compromiso, que no se atrevió a llevar a la Cámara para su discusión, porque sabía que, seguramente, sería tumbado.

Lo del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), en inglés North American Free Trade Agreement (NAFTA), que es un acuerdo regional entre los gobiernos de Canadá, EEUU y México para crear una zona de libre comercio, ha quedado en una revisión; cosa, más que necesaria ya que fue firmado por George H.W. Bush, el 8 de diciembre de 1992 y necesitaba claramente una actualización y mejora.

Lo de la página web en español, ya corren informaciones, que no es definitivo y que se está revisando y cambiando; ya lo veremos y lo de suprimir apoyos a gays y lesbianas y los abortos en el exterior, era cosa que gustaba a muy pocos norteamericanos y, por lo tanto, es poco dramático.

En el mismo orden de cosas, encontramos que su tan cacareado trato o convenio especial para los intercambios comerciales con Reino Unido, no es tan sencillo como se apunta por ambas partes. El Reino Unido sigue siendo miembro de la UE y como tal, según su legislación, no puede hacer ningún tipo de trato o tratado en este sentido mientras siga en la Unión. Cosa, que puede durar varios o muchos años porque, para empezar, acabamos de saber, que los tribunales británicos han obligado al gobierno de Su Majestad a que el Brexit sea ratificado por sus dos Cámaras antes de ser efectivo y, solo entonces, pueda iniciar su proceso de salida; proceso que puede durar bastante tiempo (hasta dos años o más desde que se presente oficialmente en Bruselas), si es que este fuera finalmente aprobado por las anteriores.

¿Entonces, por qué tanta polémica? Yo lo achaco a que es así porque lo realiza él y lo hace de forma muy ostentosa y, repito, muy despreciativa. No por lo que en realidad significan.

Pero, hay otras cosas de mucha más importancia y calado, a las que, sin embargo, de momento, Trump no les presta o expone la atención debida. Me refiero a su discurso ante la flor y nata de la CIA en el primer día de trabajo como Presidente.

Invito al que no haya tenido oportunidad de visionarlo y escucharlo a que lo haga en su versión original, completa y sin recortes. Es lo más zafio y chabacano que he visto y oído en mi vida; aunque su autor, lo presentó posteriormente como un gran éxito en función de los seguramente “forzados aplausos” recibidos de aquellos a los que denigró días antes.

No ha explicado todavía como va a hacer viables sus políticas económicas, industriales y de grandes infraestructuras; tampoco sabemos cómo se van a costear cuánto le van a suponer al bolsillo del contribuyente; así como tampoco conocemos la forma de paliar los casi seguros efectos nocivos por el rechazo en el exterior de los productos, marcas y franquicias norteamericanas.    

Otro punto de interés y que no se ha tocado, al menos oficialmente, es que todavía no sabemos qué va a hacer con sus relaciones con Rusia y mucho menos para acabar con el terrorismo islámico. Punto este, que irremisiblemente le obligará a un importante entendimiento con Putin.

De momento, en la conferencia de paz para Siria en Astana (Kazajistán), EEUU solo asiste como observador y representado por su Embajador en este último país. En otras palabras, EEUU no es nadie en dicha esfera y ello no es un buen presagio para volver a ser un país grande como promete ni para cumplir su primer y gran objetivo exterior –suprimir de la faz de la tierra el terrorismo radical yihadista-.

Incluso, en este aspecto, ayer se hizo público por el ministerio de exteriores ruso, que por primera vez aviones rusos habían cooperado con la coalición liderada por EEUU en batir objetivos contra el ISIS en territorio sirio.  Noticia, que tardó muy poco en desmentirse por los norteamericanos y en cuyo comunicado, se resaltó, que no existe cooperación y entendimiento, sino solo coordinación para evitar encontronazos entre los aviones de combate de ambos bloques. Malo, si seguimos así; nada nuevo sobre el horizonte para solucionar este conflicto, al menos de momento.

Soy de los que entienden y apoyan que hay que dar un margen de confianza a todo político y a cualquier nuevo gobierno. Se habla siempre de los famosos 100 días de cortesía y esta nueva Administración no debe ser menos que los demás, aunque ya empieza con ligeros apuros como para el nombramiento de su pieza clave, el nuevo Secretario de Estado a quién, solo por once votos a favor y diez en contra, el Comité de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano dio luz verde el pasado lunes al consejero delegado de Exxon Mobil, Rex Tillerson y quien ya ha anunciado que EEUU nunca será amigo de Rusia.

Trump y Tillerson deben ser lo suficientemente listos para darse cuenta de que continuar con la cerrazón con respecto a Rusia, azuzando a Europa y sus vecinos y abandonando importantes nichos comerciales en áreas como Asía Pacifico no son las mejores herramientas para hacer "grande de nuevo a América" ya que dejan el camino expedito a otros potentes actores que, agazapados esperan su turno, y que EEUU necesita la concurrencia de Rusia para una determinante guerra contra el terrorismo yihadista.

Espero y deseo que acabe pronto la mencionada política trilera que no conduce a nada. Veremos cómo dicho tándem se expresa sobre la forma de resolver los muchos problemas en Oriente Medio y Afganistán y de qué manera se mueve en la OTAN para explicar e imponer sus ideas de regeneración o transformación de la Alianza, el papel de EEUU en Europa y qué es lo que esperan del resto de los aliados en razón de sus compromisos y aportaciones económicas y militares a la misma. Lo veremos y, espero que sea pronto, como lo han sido tantas y diversas firmas totalmente mediáticas.

Aunque, en este punto y otros de importancia, deben y debemos tener presente, que estas cosas son mucho más serias y, de seguro, mucho más problemáticas. Me temo que las famosas plumas para las firmas de documentos importantes y grandes decretos, deberán esperar un tiempo para ser usadas en estos conceptos.

La mesura y la dosificación de los tiempos son virtudes que un Líder político debe saber tener, desarrollar y aplicar. De momento, nada nuevo, mucho ruido y pocas nueces. El mundo necesita un verdadero Líder a la cabeza de la nación, todavía, más poderosa y no de políticas de cara a la galería que, aunque nos alarmen, son muy poco efectivas.