F. Javier Blasco

Me he decidido a escribir este trabajo a 24 horas de la proclamación del presidente del Gobierno de su decisión y remisión de la misma al Senado para poner en práctica –por primera vez desde 1978- el Artículo 155 de la Constitución Española sobre la Comunidad autónoma de Cataluña y sus dirigentes.

Lo hago en un momento en el que, como analista de situaciones de crisis, cada vez estoy más o casi plenamente convencido de que la situación no está terminada y ni siquiera en vías claras de solución. Que esto irá a peor en pocos días y en los que el Estado y sus poderes deberán adoptar medidas mucho más drásticas de las que jamás han imaginado, si es que quieren terminar con este juego de trileros que está poniendo en peligro la seguridad e integridad de España, de Europa y tendrá mayores consecuencias fuera de este entorno de las que ya estamos viendo [1]. 

Llevamos meses de inquietudes, ansiedades y depresiones personales y colectivas con el tema de la intención del gobierno catalán de proclamar por quinta vez su independencia de España [2]. Tiempo este que ha servido de acicate para que muchos –casi todos- puedan mostrar sus ideas, fobias, tirrias o escasa filias con un Gobierno que movido por las muchas vacilaciones, estimaciones, deseos o creencias personales y las maneras tremendamente sopesadas y calculadas de su presidente, se ha venido resistiendo a la aplicación de una medida legal y prevista en la Constitución con la esperanza –más personal que fundada- de que, como se dice en el argot popular “la sangre no llegaría al río”.

Todos sabemos, y se ha dicho y escrito muchas veces, que esta situación no es espontánea; que es fruto de un programa maquinado y perfectamente calculado basado en una serie de dejaciones y viles concesiones de todos los gobiernos precedentes desde el mismo 1978. Quienes, en busca de su acomodo y una fingida o aparente prosperidad, prefirieron mirar para otro lado –e incluso algunos apoyarles claramente-  a sabiendas de que de aquellos “ligeros e inocentes polvos” vienen ahora estos “grandes y graves lodos”.

En los últimos años y sobre todo, en los últimos meses, se ha venido valorando y vacilando mucho entre los dirigentes políticos del llamado grupo constitucionalista sobre las medidas a tomar para aplacar la situación, engañados todos ellos al creer que tenían su propia fórmula del bálsamo que lo calmaría todo. Otros, sin embargo, en una visión tremendamente arriesgada, han sabido ver en este grave suceso, la ocasión de oro, para llegar a ser algo en política y dejar de ser el mozo de estoques que siempre debe reducir su trabajo a poner malas caras al maestro o recomendarle maniobras arriesgadas en las que solo aquel ponía en peligro su prestigio o la vida profesional y política.

Por otro lado, una vez más, y repito, por quinta vez, unos alocados e imbuidos de una falaz gloria y añoranzas de un pasado lejano y lleno de vilezas y traiciones, han visto en esa indeterminación, grave debilidad y verdadera falta de unidad y cohesión en la parte contraria, la oportunidad para dar el golpe de gracia a la democracia en España y alzarse como los máximos responsables, guías y progenitores de un mundo de yupi en el que se prometían todos los logros y bondades imaginables e incluso aquellos imposibles de alcanzar por nadie en el mundo real.

Así nos encontramos con una extraña amalgama de cobardes, traidores, timoratos, débiles o audaces personajes, en su caso, que, para nuestra desgracia, tienen actualmente en sus manos las riendas de los partidos políticos y de las instituciones generales o regionales en España y Cataluña. En un momento, en el que ha tenido que ser SM. El Rey el que, por dos veces, haya tenido que formular mensajes claros, directos y explícitos para que los Tres Poderes del Estado recuerden cuál es su obligación y cometido en esta España adormecida por tantos años de alejamiento de la realidad nacional, pérdida de valores morales y todavía bajo los efectos de un largo verano que no acaba de terminar.

Solo ante los mencionados discursos, una gran parte del pueblo español ha entendido que la cosa iba en serio, que hay un fuerte y grave  problema y casi de forma espontánea y sin un partido político que los guiara o aglutinara e, incluso, algunos de ellos actuando en su contra y tratando de engañarles con lemas y movimientos como el cobarde y poco enmascarado “hablemos”, se ha lanzado a las calles, ha comprado una bandera española –que muchos ni siquiera tenían- y la ha colgado en los balcones de sus casas.

Hasta los llamados catalanes oprimidos o silenciados han sido capaces de tomar las calles de muchas ciudades catalanas con sus banderas nacionales, regionales y europeas, pero las verdaderas y constitucionales banderas, no las preconstitucionales o golpistas, por cierto todas estas, fachas o fascistas más propiamente llamadas.

Los callados y casi siempre oportunistas empresarios han visto que sus grandes y medianos negocios o empresas se ven en peligro y es ahora, cuando y al igual que las ratas, abandonan el barco antes de que este se hunda, se lanzan a proclamar los peligros, sus pesares y emigran de Cataluña. Atrás quedan los tiempos románticos de apoyos de todo tipo, risas y complacencias con esos “jóvenes muchachos” de ideas revolucionarias que daban brillo y esplendor a una sociedad catalana para hacerla diferente al resto de España para con ello atraer atenciones externas y, por ende, pingues benéficos. Ya se sabe aquello de “de todo hay en la viña del Señor”.

El PSOE tras navegar durante años en un mundo diferente, propiciando “ideas geniales” y por aquello de no ser identificado con la derecha, ha tardado mucho tiempo, demasiado, en darse cuenta de la realidad y aun así; trata de poner reparos, pegas o condiciones a la aplicación de la Ley y la Constitución. Hasta hace muy pocos días se ha lanzado a votaciones irreflexivas y ñoñas contra la actuación del gobierno en este tema e incluso anunció la intención de reprobar la vicepresidenta del Gobierno por la actuación policial durante el acto ilegal de la prohibida votación del 1-O [3]. Ha sembrado a su gente de grandes dudas, ha prometido muchas veces lo uno y lo contrario; tanto, que ahora tiene divididas sus filas –principalmente las catalanas- porque ven, que, en este inesperado giro actual, aquellos no encuentran plasmadas sus tantas veces prometidas aspiraciones y deseos. Giro, que algunos lo justifican como razón de Estado, pero que todos sabemos que además de eso –aunque de forma muy tardía y un tanto recalcitrante-, tiene otras connotaciones políticas y de liderazgo dentro de la llamada izquierda política. No dudo en que pronto se apeará de esta postura adoptada forzadamente.   

El partido de Ciudadanos a lo suyo; ven un gran caladero de votos entre los españoles más impulsivos, un tanto fuera de contexto, ligeramente alterados o cabreados con la lentitud y casi aparente pasividad del Gobierno apoyado por el PP. Caladero al que, azuzados por su permanente y patética prisa, no quieren despreciar y por ello, siguen presionando o exigiendo al Gobierno rapidez, contundencia o mayor dureza  a sabiendas de que no es ese su estilo y sin pararse a pensar en las consecuencias internas o externas que todo ello puede acarrear.

Nos costó mucho superar -y solo en parte- las consecuencias de imagen por las cargas policiales del 1-O y estos jóvenes-viejos políticos no son conscientes en absoluto de que otro fallo en el mismo sentido sería totalmente imperdonable. No creo que nadie piense que este tipo de medidas se puedan imponer sin encontrar cierto tipo de resistencia y que su aplicación precipitada ayudará a dichas reacciones.  

Lo mismo podríamos decir de la prensa y otros medios de comunicación nacionales. La mayoría en sus portadas, editoriales y muchos mensajes tertulianos están llenos de posturas de intransigencia y exigencia al Gobierno al que se le acusa de auténtica inacción o de hacerlo siempre con dudas y al límite de lo irreversible. Otro grano en salva sea la parte, por el que se anima o desanima –según los casos- al españolito de a píe a forjar su estado de ánimo según sea la opinión publicada, que no la pública. 

El propio Partido Popular parece avergonzado de la postura adoptada a la fuerza por el Gobierno, según sus múltiples declaraciones al respecto. Lleno de justificaciones y casi implorando perdón por ello. Han tenido que venir los tres máximos responsables de la UE para hablar aquí claro y fuerte a los catalanes y al resto de españoles; tanto, que al propio Sr. Rajoy se le partían las manos por la fuerza con la que les aplaudía agradeciéndoles su gesto tras los respectivos ,discursos durante la entrega de los premios Princesa de Asturias.  

Por otro lado, nos encontramos con los únicos responsables de todo este circo humano, mediático y casi diabólico o kafkiano quienes, muy próximos al martirologio, están dispuestos a inmolarse con todas sus naves, marineros y bagajes sin sopesar los avisos y claras señales internas y externas de que su batalla además de infundada, está perdida, que se encuentran solos en esta irresponsable lucha y que solo les “entienden o apoyan” los antisistema, los euroescépticos y toda aquel que vive y se regodea en el caos.

Entre unos y otros, cada día tengo más la sensación de haber retrocedido en el tiempo y estar sentado entre el público de las gradas de un gran circo romano que, dividido en dos, jalea y vocifera agitando sus pulgares hacia arriba o hacia abajo para poner en suerte la vida del gladiador semi abatido.  

Estamos a una semana de que esta difícil y lenta maquinaria del 155 se ponga en marcha y podamos ver sus resultados para demostrar o no, que todos o la mayoría de los escollos han sido superados. Un periodo de tiempo, que parece escaso, pero que, sin embargo, es mucho para que los muy entrenados rufianes de apellido o acto y efecto saquen otro conejo de su chistera y pongan, de nuevo todo patas arriba. No olvidemos, que estos han aprendido las tácticas y procedimientos de subsistencia en las guerras de guerrillas políticas y dialécticas de aquellos que sobreviven día a día como Estado –Israel y otros en Oriente Medio- gracias a sus escaramuzas y añagazas en busca del apoyo y la comprensión externa, aunque sea a costa de invertir mucho dinero en ello. 

El otro día publiqué un trabajo titulado “Lecciones aprendidas del 1-O” [4]. Mucho me temo que la mayor parte de mis conclusiones eran reales o bastante acertadas y que como conclusión final se puede afirmar que este movimiento separatista ha basado su estrategia en varios factores como son: el largo tiempo (paciencia), la gran inversión económica interior y exterior para lograr adeptos, la contrainteligencia, la conquista y dominio de las redes y medios de comunicación, el engaño en la educción, la propaganda adulterada y en la buena comunicación externa aunque esta sea totalmente manipulada.

Alguno, muy pocos, de sus grandes logros en dichos campos han sido contrarrestados en parte. Otros, sin embargo, permanecen totalmente inalterados como lo demuestran que el número de sus seguidores, aunque decreciente, continúa siendo elevado y que las portadas de la mayoría de los periódicos extranjeros de hoy, siguen sin entender en qué punto estamos y que es lo que realmente se pretende con la aplicación del 155.

Mucho me temo que esto es así porque nadie se lo ha explicado oficialmente; cosa que no me extraña nada tras ver la poca o nula presencia internacional en la rueda de prensa del presidente del Gobierno de ayer tras el Consejo de Ministros extraordinario y sobre todo, al escuchar hoy las balbuceantes declaraciones, en un muy mejorable inglés, de nuestro ministro de Asuntos Exteriores a una de las cadenas inglesas de mayor repercusión mundial tratando de contraponerse a las claras e impactantes llamadas al auxilio internacional de Puigdemont anoche.   

Cuanto echo de menos aquellos tiempos en los que por razones de mi trabajo viví casi ocho años en diversos países europeos y en los que en todos ellos no oía más que alabanzas sobre España y los españoles por haber realizado una transición modélica –propia de ser analizada y estudiada en el mundo entero- y por haber llevado en muy poco tiempo a España a situaciones de un elevado progreso económico, social y cultural. Que orgulloso me sentía de ello y qué poco hemos tenido que hacer para ver, que de nuevo se hable de la España de Franco y de su herencia perenne que nos mantiene enfrentados; como si fuera ayer cuando este hubiera muerto y no en 1975. Argumento este creado dentro y exportado sin problemas al exterior. Lo dicho; aunque no lo pudiéramos creer, seguimos en las dos Españas.        

 

[1] Hasta Trump y Putin han mostrado su opinión al respecto.

[2] http://www.europapress.es/nacional/noticia-intentos-conseguir-independen...

[3] Parece mentira que un partido de gobierno como el PSOE y con una portavoz parlamentaria que ha sido jueza de cierto lustre no sepa o aparente no saber, que las FCSE actuaron dicho día a requerimiento y bajo mandato de otra jueza.

[4] https://sites.google.com/site/articulosfjavierblasco/lecciones-aprendida...