Noor Ammar Lamarty

En 2004 con la modificación de la Moudawanna, el Código de Familia, a las mujeres se les dio parte de lo que era de ellas. Es decir, parte de sus derechos básicos como ciudadanas, y digo bien sus derechos básicos, porque el anterior código atentaba contra su dignidad como seres humanos, y las consideraba simples elementos de la sociedad, propios de facultades como reproducirse, ser sumisas y buenas madres y amas de casa. 

Pero parece ser que la Moudawanna está formulada actualmente para dos mujeres claramente distintas en Marruecos. Aquellas; (que tenemos la buena suerte de vivir en contextos en los que se nos propicie seguridad con respecto a la ley) mayoritariamente en poblaciones urbanas,  y otras que no sólo pertenecen a medios rurales atrasados en condiciones de vida y recursos, sino que siguen perpetuando las funciones que desde el patriarcado se les ha asignado, y no sólo nacen, crecen y son educadas para complacer a un hombre, y ser buenas madres, sino que están desprotegidas, indefensas en  su minoría de edad, por una ley que tiene condicionales tan graves y tan poco íntegras, como su posibilidad de matrimonio antes de alcanzar los 18 años, mediante la autorización de un juez. 

Eso sí, existe el artículo 19 del Código de Familia, que especifica el permiso de contraer matrimonio a los 18 años. 

En una línea y media se crea lo que debería ser un imperativo categórico, inalienable, inquebrantable y sobretodo incuestionable. Sin embargo lo que nunca podremos cuestionar es el artículo 20, que deroga el anterior e indica en su mismo contenido que la autorización de un juez de familia es inapelable. Un juez tiene por lo tanto el derecho y la facultad de permitir un matrimonio que envuelve a una menor de edad, (el 99 ‰del matrimonio de menores es sufrido por niñas). Un escándalo jurídico que también debería ser social.

La ley contempla que una sola persona y su juicio, mediante unos padres que justifiquen los motivos de un matrimonio que no es el suyo, y una supuesta experiencia médica, o investigación social, (que desde esta bancada nos gustaría saber cómo se procede a investigar socialmente una causa de matrimonio de menores), pueden llevar a una niña menor a su mayor condena, que no sólo le priva de su infancia, su derecho de decisión una vez alcanzada su mayoría de edad, sino que la encierra en un matrimonio con un hombre que posiblemente le duplica la edad y una sociedad que espera de ella un papel en la que debe desechar cualquier esperanza de salir de su poco digno estatus. 

Marruecos permite el matrimonio de menores, sin tener en cuenta la protección a las niñas menores que no están en edad de casarse. No es un fenómeno social real sólo, sino un artículo del Código de Familia, sobre el cual se facultan todas las decisiones de los Tribunales de familia. 

 

Un buen porcentaje de la sociedad marroquí está retrasado en muchos aspectos, sobre todo los 10 millones de marroquíes que son analfabetos, de los cuales el 62‰ son mujeres, y esto facilita la perpetuación de  una cultura machista arraigada que viene determinada por una presión social que acompaña a las mujeres desde su nacimiento hasta su muerte y que lleva ocurriendo tanto tiempo que ellas mismas consideran que no existen otras alternativas.

Pues bien, la alternativa es la educación y la justicia. La educación implica tiempo, recursos, infraestructuras y la concienciación de los padres de la importancia de esta. Sin embargo la justicia, y la ley son la aclaración del fundamento de que somos mayoría en un país que nos utiliza con sus leyes, y deja lagunas aptas para el patriarcado, por miedo a que seamos conscientes de que tenemos unos derechos y una vida que sólo es nuestros y sobre la cual nadie tiene el derecho de opinar.

Primero para explicar las necesidades de matrimonios precoces, como si fuésemos mercancía que necesitase venderse lo más pronto posible, (por parte de los padres), y en segundo lugar el permiso de un juez, que ni siente ni padece la causa de una niña menor del medio rural, y que sobre todo, carece junto con otro muchos compañeros de profesión del corazón necesario para no llevar a la hoguera social machista a un niña desprotegida.

La única ministra del Gobierno Islamista actual asegura que estos casos no existen. Sin embargo, en el año 2015 representaban el 12‰de los matrimonios anuales. El ministro de Justicia considera que es por el bien de las niñas. Yo me pregunto cuál es la noción de bien que tiene. Efectivamente, son niñas. Todas las menores, son NIÑAS. No son mujeres, son menores.