Javier Fernández Arribas

Pie de foto: Emmanuel Macron durante su intervención en el Parlamento Europeo.

Es imprescindible realizar una gran campaña para demostrar los beneficios de la Unión Europea para los millones de ciudadanos que la formamos. Hace falta que la realidad deje de ser un sueño europeo del pasado y se recupere en el día a día en las vidas de cada uno de nosotros. No me acabo de despertar, ni caer del guindo de la Europa idílica. Sí he escuchado con atención al presidente de Francia, Emmanuel Macron, en el Parlamento Europeo reclamar el refuerzo de la soberanía europea con mayor protección a los ciudadanos, alejándose de egoísmos como los populismos y los nacionalismos. Él es uno de los máximos responsables de hacer estos deberes sin que las elecciones europeas del año que viene condicionen actitudes y todo se quede en buenas palabras.

Las últimas votaciones han deparado una afluencia inferior al 50%, lo que demuestra una caída preocupante del interés ciudadano por una institución europea como el Parlamento donde, cada vez más, se debaten y aprueban normas que afectan a nuestra vida diaria en todos los sectores. Sin embargo, la idea de la burocracia, la corrupción, la ineficacia y el egoísmo oficial ha calado en sectores importantes de cada uno de los países comunitarios.

La falta de una política común en materia económica y de empleo para afrontar la grave crisis que hemos sufrido durante los últimos ocho años; las graves diferencias para afrontar el fenómeno de la inmigración irregular de miles de personas que buscan una vida digna en Europa y de los refugiados caminando sonámbulos por los países europeos sin una solución clara y digna para unas personas que huían del infierno de Siria, principalmente. Estos desafíos son los que ha mencionado Macron en su intervención: inmigración, refugiados, impuestos a la economía digital y recursos propios con un presupuesto europeo potente.

Añadiría euroórdenes que funcionen, políticas de empleo de calidad y colaboración antiterrorista, entre otras… Además, según la recalcado el presidente francés, no se debe olvidar que Europa continúa siendo un baluarte de defensa de las libertades, de principios y valores, de respeto a las minorías, de igualdad entre hombres y mujeres o de lucha contra el cambio climático. Como se decía en la época de grandes políticos europeístas, ahora hay que pasar de la literatura a las matemáticas. No va a ser fácil, nada lo es, pero lo que es inadmisible es que nos quedemos con los brazos cruzados sin defender lo que tanto esfuerzo y sacrificios nos ha costado conseguir.