Melitón Cardona. Ex embajador de España en Dinamarca/The Diplomat

El imperio otomano fue una de las construcciones políticas más notables y perdurables de la historia: duró seis siglos, desde el XIII hasta el XX, concretamente hasta 1922, fecha del advenimiento al poder de Kemal Atatürk; como es sabido, se trató de un imperio multinacional, multilingüístico y plurirreligioso que se extendió por lo que hoy son territorios de Albania, Grecia, Bulgaria, Yugoslavia, Rumanía, islas del Mediterráneo occidental, partes de Hungría y Rusia, Irak, Siria, Palestina, zonas del Cáucaso, Egipto, Norte de África hasta Argelia y partes de Arabia.

El neo-otomanismo es una ideología política que, en su sentido más amplio, pretende reafirmar por parte de la Turquía actual, como sucesora del imperio otomano, el legado cultural, espiritual y político en las regiones que antes estaban bajo el dominio del Imperio. Aunque suele tratar de restringirse al ámbito de la política exterior turca, particularmente desde que Davutoğlu publicó su famosa Stratejik Derinlik (“Profundidad Estratégica”) y trató de aplicarla en su calidad de Ministro de Asuntos exteriores y Primer Ministro de Turquía, el fenómeno es mucho más complejo y su análisis en profundidad no es sencillo.

Turquía busca reafirmarse como sucesora del imperio en las regiones que antes estaban bajo su dominio

Darko Tanasović es un orientalista serbio que ha sido embajador de su país en Ankara, Azerbaiján, el Vaticano y, actualmente, en la UNESCO. La primera edición de su libro “Neo-otomanismo” es de 2011 (con una traducción inglesa de 2013); en 2016 publicó una revisión titulada en inglés “From Neo-ottomanism to Erdoganism, a Doctrine and Foreign Policy Practice of Turkey”.

Me permito recomendar la lectura de esta última edición a quienes tengan interés por el tema, no sólo porque se trata de un análisis riguroso del mismo sino, sobre todo, porque lo hace desde un raro prisma de objetividad: “En sí mismo, el neo-otomanismo no es bueno ni malo … incluso podríamos calificarlo de legítimo … pero sería desaconsejable ignorarlo o consignarlo al reino de la supresión ignorante o implicación cómplice a la manera de lo “políticamente correcto”, aunque tal vez lo más peligroso fuera permanecer en la más completa ignorancia … porque tal vez mañana sea demasiado tarde para aprender”.