Carlos Miranda. Embajador de España/merca2.es

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El pasado 28 de febrero la Cumbre en Hanoi de los presidentes de los EEUU y de Corea del Norte terminó abruptamente. Donald Trump se levantó y ni siquiera se quedó a la cena prevista con Kim Jong-un. Sigue, pues, igual de peligrosa la cuestión de la desnuclearización de Corea del Norte. De negociaciones decisivas debieran encargarse especialistas y no políticos incompetentes.

Es un tema en el que los que más se han involucrado han sido los EEUU porque Pionyang es una amenaza para sus aliados en Asia. Ahora, Corea del Norte también puede enviar misiles al territorio continental estadounidense. Con este alcance, es asimismo una amenaza nuclear global.

El Tratado de No Proliferación (TNP), en vigor desde 1970, ha conseguido contener en buena medida la proliferación nuclear militar. En 2020 tendrá lugar su próxima conferencia quinquenal de revisión. Estas son siempre muy complicadas porque los cinco Estados privilegiados por el TNP como poseedores de armas nucleares, China, EEUU, Francia, Reino Unido y Rusia, no han cumplido todos sus compromisos. Han respetado el de compartir el uso pacífico de la energía nuclear, pero no el del desarme nuclear.

Eso es un imposible actualmente. El Tratado aprobado en NNUU en 2017 sobre la prohibición de armas nucleares no tiene futuro. Sigue siendo la hora de la no proliferación. Debemos seguir viendo positivamente que la posesión de armamento nuclear esté limitada a los cinco Estados antes señalados, sin perjuicio de los cuatro fuera del TNP (India, Pakistán, Israel y Corea del Norte). El vaso está más que medio lleno. Es mejor que si hubiese muchos más países nucleares entre los que no dejaría de haber Estados poco fiables y fallidos.

Esa es otra cara de la limitación a los cinco Estados poseedores de armas nucleares con doctrinas de empleo que hacen más improbable su utilización, si bien no estamos a salvo de errores o de cálculos equivocados por lo que no hay que renunciar a su futura desaparición, aunque ello solo será posible en otro contexto internacional.

La mayor peligrosidad de Corea del Norte se debe a su delicado entorno internacional con una península coreana partida en dos territorial e ideológicamente tras un conflicto en los años cincuenta que terminó con un armisticio, pero sin tratado de paz. Añádase la vecindad de China, nuclear, y de Japón y Filipinas, con bases militares americanas, como en Corea del Sur. Es una combinación más explosiva que en otros lugares porque Corea del Norte se comporta como un verso suelto imprevisible.

Desde hace muchísimos años, Washington y sus aliados, con ayuda china, han intentado la desnuclearización de Corea del Norte (que implicaría la ausencia de armamento nuclear norteamericano en Corea del Sur), esencialmente con sanciones aprobadas por NNUU y que Kim Jung-un quisiera que se levantasen sin renunciar a su armamento nuclear que asegura la pervivencia de su régimen dictatorial.

Sin embargo, una Corea del Norte integrada gradualmente en la economía de mercado mundial probablemente sería menos peligrosa y podría llegar a ciertos pactos internacionales de estabilidad. Una “mini-China” (comunista y capitalista), más previsible y, consecuentemente, menos verso suelto.

Trump se cree capaz de resolver personal y mágicamente una problemática que requiere especialistas capaces. Algo parecido pasó en España con la cuestión catalana, como estamos comprobando en el juicio del “procés” en el que vemos como Secretarios de Estado y funcionarios encararon más seriamente sus responsabilidades que los políticos, sean Mas, Puigdemont y Junqueras o Rajoy, Saénz de Santamaría y Zoido. Nuestra Función Pública y sus funcionarios son de calidad superior a nuestros políticos.