F. Javier Blasco; Coronel en la Reserva

No me gusta ni suelo escribir nada de forma precipitada; es más, me gusta esperar un tiempo prudencial para analizar con calma los hechos ocurridos. He aprendido a lo largo de mi vida, que la precipitación no es una buena compañera a la hora de hacer cualquier tipo de análisis; pero en esta ocasión, creo que hay más que suficientes indicaciones que me animan a hacerlo.

He publicado algunos trabajos en los que trataba de dibujar y explicar las razones por las que Trump ganó las elecciones presidenciales en EEUU contra su oponente, la Sra. Clinton. Puede, que algunos hayan pensado que, por esa razón, podría ser un partidario a ultranza de este personaje; pero no es cierto. Creo que es una persona llena de determinados y graves egos, mucho mesianismo, tremendamente populista y excesivamente extremista. Desprecia todo lo hecho por sus antecesores y piensa que sólo él es capaz de solucionar los problemas internos y del mundo.

Además, es misógino, machista, xenófobo y demasiado visionario. Se cree en posesión de la verdad, apoyado por Dios y el único salvador de las clases oprimidas. Capaz de prometer lo imposible, como erradicar las enfermedades en el mundo o acabar de raíz con el terrorismo yihadista en el mundo de un plumazo.

Un hombre que basa parte de sus racionamientos en hechos ciertos, pero que adopta o propone soluciones contrapuestas con otro tipo de principios enunciadas o proclamadas solo unos momentos antes. Por lo tanto, pienso que, como se dice mucho hoy en día, le falta algún hervor. Sabe lo que la audiencia, su audiencia, quiere oír, y lo dice; pero no se da cuenta de que regalarle los oídos a sus seguidores tiene un costo. Que se concreta en que la gente toma nota y, pronto le pasará factura tras comprobar los malos resultados de lo prometido en su día.

Parece mentira, que una persona dedicada a los negocios que, además de heredar una fortuna, se ha hecho a sí mismo, ha triunfado en el mundo empresarial, principalmente en el campo inmobiliario y que eso no se hace solo a base de falsas o inciertas promesas, no sepa que las cuentas de resultados son los talones de Aquiles de cualquier empresario tanto para él, su empresa como para sus inversores y en este caso, él es ya el Presidente efectivo del, todavía, más poderoso país del mundo, su empresa son los propios EEUU y sus estructuras política (interior y exterior), económica, militar y social y sus inversores son sus votantes que pronto querrán cobrar palpables beneficios. 

Sus compromisos adoptados y jurados sobre dos ejemplares de la Biblia son muy fuertes y por qué no decirlo, desde mi punto de vista, algunos de ellos son bastante inalcanzables, al menos a corto plazo. Su interés en centrarse en América Primero y como único objetivo, le dificulta la realización de varios ellos sin la concurrencia o apoyo de los demás, sobre todo en la lucha contra el terrorismo yihadista, salvo que pretenda implicar a sus fuerzas armadas de tal modo y manera, que sus inversiones y aportaciones sean muy superiores a las que ayer mismo criticó, rechazó y prometió no hacer nunca más.

Sus capacidades militares son muchas, pero no tantas como para producir el efecto proclamado y deseado a corto o medio plazo sin otro tipo de apoyos externos. Necesita la concurrencia de otros y muy capaces y sabe que, para que aquellos estén dispuestos a hacerlo, necesitarán estar a la altura de sus fuerzas lo que se traduce en necesidades de prestarles mucho apoyo e inversión por parte de EEUU y grandes contribuciones en inteligencia, economía, material e instrucción. Conceptos, que no son nada baratos, sino más bien muy caros y que le costarán grandes esfuerzos al contribuyente norteamericano.

Acierta al decir, aunque veladamente, que la UE y la OTAN necesitan más de una vuelta y una reconducción en todos los aspectos, fundamentalmente, en la orientación de sus políticas, contribución económica, en tropas, compromiso con EEUU y su efectiva implicación en las alianzas de las que forman parte. Pero, todo esto, no se hace con la simple amenaza de abandonarlos a su suerte. Debe definir y razonar claramente sus exigencias a los demás y cuál será su verdadera contribución a la Alianza e iniciativas europeas.

También acierta al no declarar a Rusia como su principal y único enemigo; sabe que les necesita para la lucha contra el terrorismo yihadista en Siria, Iraq y otros confines; así como, que le urgen fuertes y estables acuerdos con ellos y crear políticas comunes para no extender los problemas en el Ártico y, sobre todo, para bajar el creciente suflé en los encontronazos en la zona Asia- Pacifico con China y Japón y principalmente con Corea del Norte. También, que debe parar los escarceos rusos y algo más en su área de influencia y seguridad porque inquietan a los tradicionales socios europeos. En cualquier caso, debe dejar bien clara la hoja de ruta propuesta para sus relaciones con Rusia y fundamentalmente, con Putin.

El tema de Oriente Medio y su constante ebullición no lo ha tratado en profundidad en ningún momento salvo pequeñas y aisladas referencias y, creo que ya va siendo hora para definir concretamente su idea en lo que respecta a su grado de participación en la lucha global contra el ISIS, al acuerdo sobre el Programa Nuclear iraní, la situación con Palestina y el Líbano y sus apoyos o fobias definitivas con Israel y Arabia Saudita y lo que ambos representan.

Igualmente, es necesario conocer cómo piensa zanjar o acabar con el problema en Afganistán y sus vecinos o si, se va a decantar por salir ignominiosamente de aquella zona, como ya hicieron los estadounidenses de otros conflictos a los que habían contribuido en su gestación y evolución y en los que se habían implicado en demasía.

Porque, aunque parezca, y así se proclama por muchos medios y analistas, que el Premio Nobel de la Paz y expresidente, Obama había cerrado todos los conflictos bélicos en los que estaba inmerso su país al asumir su presidencia; no es cierto; no ha cerrado ninguno, salvo en falso. Todos persisten aunque con diferente grado de actividad o ligeramente aletargados. Ahora, como Comandante en Jefe y Presidente de EEUU, Trump debe tomar decisiones al respecto y, mucho me temo que estas comprometerán en mucho lo anunciado y deberá gastar millones de dólares y miles de vidas en cerrarlos definitivamente o, por el contrario, abandonarlos vergonzosamente. Cosa esta, que distará mucho de la Gloria prometida a los estadounidenses ya que así no se hace grande a su país como pretende y anuncia bombo y platillo.

En este momento, no sabemos si va a invertir mucho para impulsar las capacidades de sus Fuerzas Armadas o va a reducir costos si es que solo se va a centrar en la defensa en el interior de sus propios muros. Dicotomía que debe aclarar pronto porque, él sabe que ninguna nación puede llegar a ser grande –como pretende- sin la concurrencia de unas potentes fuerzas armadas.

Por otro lado, mostrar pública y patentemente su odio y deseo de extinción del terrorismo yihadista ha sido una muestra de valentía y determinación, pero él sabe, que para ello, debe estar muy convencido de las capacidades de sus Fuerzas Armadas, cuerpos de seguridad y, sobre todo, de sus agencias y medios de inteligencia. Elementos estos últimos con los que debe recomponer relaciones de confianza y, al mismo tiempo, reforzar a toda prisa tras los graves encontronazos y declaraciones sobre sus capacidades y participación en los “espionajes” a su adversaria política para la presidencia.

Hizo muy mal, aunque no dejó referencia alguna, en apoyar el Brexit y sus consecuencias. Creo que ya algunos de sus asesores o miembros de su flamante gobierno, le habrán hecho ver, que esto debilita militarmente a la OTAN y la UE. Alianzas, de las que aunque él quiera alejarse o implicarse menos en ellas, necesitan ser lo suficientemente fuertes en un futuro próximo para que no le frían a peticiones de apoyo. Peticiones, que serán muy difíciles de rechazar y mucho más de explicar, en su caso, a un pueblo, acostumbrado a dar todo -hasta la vida de sus hijos- en defensa de la cuna de la mayoría de sus ancestros.

Realmente, EEUU se encuentra muy endeudado tras las políticas económicas de Obama y él lo sabe; como también sabe, que su idea de levantar el país y sus infraestructuras no se hace con la palabra y la buena intención; se precisa de una fuerte inversión, que forzosamente se traduce en emisión de billones de dólares de deuda. Deuda, que actualmente se encuentra mayoritariamente en manos chinas, por lo que acosarles y denigrarles no es el mejor camino para encontrar compradores de la misma a no ser que esté dispuesto a consecuencias muy graves contra la economía de EEUU y los bolsillos de sus contribuyentes.

Igualmente, entre sus errores de libro, se puede enmarcar su empecinamiento en anular entre sus primeras decisiones o actos de gobierno toda referencia en luchar contra el cambio climático. No se puede vivir de espaldas a una realidad que le agobiará en sus propias carnes más tarde o temprano. Sabe perfectamente, que es pan para hoy y hambre para mañana.

Dejar públicamente a su antecesor a la altura del betún y despreciarle en su cara en su primera intervención como Presidente, aunque haya sido una vendetta en correspondencia a anteriores desprecios de Obama hacia él, no es el mejor camino para allanar obstáculos y aunar esfuerzos. Se buscó muchos enemigos durante su discurso y no gustó ni a propios ni ajenos. No es el estilo común en los presidentes estadounidenses, aunque, casi todos lo hicieran sibilinamente y con posterioridad a su respectiva toma de posesión.

Que la población contraria a su apoyo se manifestara ayer y hoy con cierta brutalidad y desprecio al puro estilo de los antisistema, e incluso azuzada por estos, no es un buen presagio y fuera de toda norma y costumbre en un país que siempre se ha mostrado muy partidario de las transiciones políticas suaves o continuistas y con mucha mano izquierda. Habrá que seguir con detenimiento y mucha calma la evolución de estas proclamas de repulsa y su grado de violencia. Trump, debe escuchar el clamor de la calle y darle la importancia que merece a todos aquellos que discrepan con sus políticas, formas, propuestas y resultados.

Creo que hierra y que debe hacer una tregua y algún tipo de acercamiento con los medios que le son contrarios o poco partidarios. EEUU se caracteriza por el poder de los medios y su tenacidad en ir tras la verdad o “su verdad” de las cosas. Un hombre dedicado toda su vida a negocios de toda clase, escándalos de tipo sexual, varios divorcios conflictivos y muchos enredos económicos, no puede estar totalmente limpio de polvo y paja. De insistir en su animadversión, coto y caza a varios de los medios más poderosos, seguro que algo importante no tardará en salir a la palestra y debe ser consciente de que ha llegado a su cargo con el porcentaje más bajo de la historia en lo referente a la popularidad y apoyo de la ciudadanía a su Presidente. Refugiarse exclusivamente en Twitter, no es una medida acertada.

Invocar a Dios en sus declaraciones y ponerle de testigo y apoyo en todas sus políticas, puede causar un buen efecto inicial entre una población con mucha formación, referencia y cierto fanatismo religioso. Pero, al mismo tiempo, puede ser un arma de doble filo, si como es más que previsible, no pueda cumplir sus promesas y juramentos sean de la índole que estos sean. Los estadounidenses no suelen tomarse el nombre de Dios en vano y, el que lo hace, está condenado al fracaso si no cumple con su palabra.

En el tema del Obamacare, no puedo decantarme con toda claridad, desconozco en profundidad los pros y los contras, aunque he leído mucho sobre la justificación de esta medida por, al parecer, haber perjudicado mucho las condiciones de las pólizas y encarecido tremendamente las aportaciones de aquellos, fundamentalmente de clase media, que no estaban incluidos en dicha cobertura. Medidas tan drásticas deben ser estudiadas con cautela y, si se decide ponerlas en práctica, deben ser tras una justificación muy probada y pública; no a las pocas horas de jurar el cargo y solo justificarlo como resultado de una promesa electoral.

Las relaciones con sus vecinos ha sido una espina clavada en el corazón de EEUU durante muchos años, incluso, desde los primeros albores del nacimiento como nación y en la adhesión de diversos de sus Estados. Muchos han sido los presidentes, incluso Obama, los que han tratado de poner cordura en sus relaciones y en el control del flujo ilegal de personas, bienes, armas y drogas. Pero empeñarse y hacer referencia expresa a “muros”, en un momento en el que, por mucho que él se empeñe, la globalización y la transversalidad existen, es muy arriesgado. No es tiempo de muros cuando las fronteras son cada vez más permeables y difuminadas salvo para cerrarlas a los terroristas.

Igualmente, ocurre con los intercambios y relaciones que favorezcan el libre comercio con la UE y con su entorno más cercano. Apostar, únicamente por el aislacionismo comercial y en “levantar primero o exclusivamente América” (como él dice) y sus productos, es una actitud totalmente fuera de onda, no puede traer nada bueno salvo graves incidencias en su PIB y endeudamiento mediante inflaciones o deflaciones según soplen los vientos de su economía. 

Si lleva a cabo sus amenazas de proteccionismo a ultranza de sus productos y economía, puede que el Reino Unido, a pesar de su explicito apoyo al Brexit, no pueda recuperar la esperada y ansiada relación de privilegio comercial que tradicionalmente y durante siglos ha existido entre ambas naciones, lo que deja a estos últimos en tierra de nadie, si consuman su desconexión con la UE.

Hablando de desconexión, creo que será muy difícil para él, como para cualquiera, desconectar su papel como Presidente de EEUU con sus personales intereses comerciales por mucho que haya transferido a sus hijos, aunque de forma provisional, el control de sus empresas e intereses en todos los continentes. Sabe que sus decisiones pueden perjudicar sus relaciones comerciales, por lo que será una situación digna de ser observada y con todo tipo de detenimiento en el futuro.

Enfrentarse a una persona que rebuzna y cocea a todo el que se opone o acerca por la espalda no es bueno para nadie y menos para el que se enfrenta. Por ello, aplaudo firmemente los intentos de acercamiento paulatino y prudente con la nueva Administración norteamericana y deploro que algunos gobiernos le den la espalda y critiquen púbicamente sin intentar, al menos, cualquier tipo de entendimiento. Tiempo al tiempo y buena letra acompañada de un alto grado de paciencia.

Ser populista en toda expresión, idea y forma de actuar. Despreciar a sus predecesores, oponentes e incluso a los que no comulgan totalmente con sus ideas o políticas dentro de su propio partido, es una forma de gobierno probada muchos años atrás y demostrada en todos los continentes como fallida e incitadora de graves persecuciones, tiranías, catástrofes e incluso guerras fratricidas o no. EEUU, salvo durante el no despreciable periodo de su Guerra Civil, llamada de la Independencia, y por motivos algo diferentes, no ha sufrido periodos y lacras derivadas de populismos, totalitarismos y dictaduras. Espero y deseo, que este no sea su primer precedente para ello; porque, si así fuera, sería nefasto para el resto de los mortales.