Pedro Canales

Pie de foto: 300 mil votos de la izquierda fueron a parar a Ciudadanos y Vox

Ha habido algo en las elecciones autonómicas en Andalucía que muchos han querido ocultar. El partido Ciudadanos y el movimiento VOX, han crecido espectacularmente gracias a los votos que han captado de la izquierda podemita y socialista. Una gran mayoría de los desencantados de la izquierda, desde el PSOE hasta la marca de Podemos, Adelante Andalucía, pasando por Izquierda Unida, los Verdes y los andalucistas, han votado a Vox y a Ciudadanos. 

Los resultados electorales han sido sonados: la izquierda socialista perdió el gobierno regional que controlaba con la habilidad propia de los viejos caciques y terratenientes, desde hacía 40 años. La derecha arroyó en las urnas, y podrá gobernar, si es que llega a ponerse de acuerdo, lo que es probable, aunque no seguro.

Los diversos componentes de la izquierda han salido enseguida a contener el terremoto que se les ha venido encima diciendo que la derecha ganó, ellos los llaman las tres derechas, el PP, Ciudadanos y VOX, porque su electorado, el de derecha, se volcó en las urnas, mientras que una buena parte del electorado de la izquierda se abstuvo. Una visión como se puede ver simplista y engañosa, destinada a acallar las críticas y justificar su propia incapacidad. Pero las cuentas no salen, y vamos a ver por qué.

La izquierda en su conjunto perdió 700 mil votos, de los cuales 400 mil el PSOE.  La abstención, a la que sumamos los votos nulos y en blanco, aumentó en 380 mil. Ahora bien, aunque no sea correcto sociológica y políticamente, supongamos que todo ese aumento de la abstención provenía de la izquierda. Pues aun así, y teniendo en cuenta el pequeño aumento de jóvenes que votaban por primera vez, hay 300 mil votos que han desaparecido, se han volatilizado, no aparecen en las cuentas de los discursos de la izquierda. Y sin embargo el cálculo es muy simple: esos 300 mil votos se han desplazado de la izquierda a la derecha. Este es el verdadero terremoto electoral: el transvase de votos de los partidos de izquierda a los partidos de derecha. Ni los socialistas, ni los comunistas, ni otras izquierdas verdes y ecologistas, andalucistas o regionalistas, quieren confesarlo: una parte de sus votos se han ido a la derecha, han engrosado las filas de los que ahora llaman sus enemigos “fascistas”. 

Habida cuenta de esto, veamos qué paso en la derecha. Las “tres derechas” ganaron 355 mil votos en conjunto. Lo cual entra bien en ese cálculo de transvase.  Pero resulta que el Partido Popular, que sigue siendo la columna vertebral de la derecha andaluza, también perdió votos; se dejó en el camino 300 mil votos, que solo podían terminar en la abstención o en alguna de las otras siglas de la derecha; pero en absoluto iban hacia la izquierda. 

El segundo partido de la derecha, Ciudadanos, de corte neoliberal, modernista y reformador, emergió ganando 290 mil votos. Mientras que el tercer partido, el nuevo en el escenario, VOX, se adjudicó 380 mil votos más, que con los 18 mil que ya tenia de la anterior elección, le han dado 12 escaños en el Parlamento andaluz. Es bastante lógico entonces que los 300 mil votos que perdió el Partido Popular, hayan ido a las otras dos formaciones de la derecha, y quizás una parte de los mismos se haya convertido en abstención. 

Pero de nuevo los cálculos no cuadran porque resulta que esos dos partidos de derecha ganaron 670 mil votos. Es decir, que, aunque hubieran fagocitado los 300 mil del Partido Popular, el resto los han arrancado a la izquierda. Ciudadanos y VOX le han arrebatado a la izquierda esos 300 mil votos que ha perdido. Este es el verdadero terremoto que nadie quiere afrontar. Y es un fenómeno que afecta por supuesto a Andalucia, a España y también a Europa. 

Los movimientos populistas, xenófobos, anti-inmigracion, chauvinistas, como es el caso de VOX, que se vienen desarrollando en Europa, que tienen el poder en Italia con la alianza del Movimiento Cinque Stelle con la Liga Norte, en Francia donde aumentan con el Frente Nacional, en Austria, Polonia, Hungría o en los países bálticos, sacan su apoyo del descontento, de la protesta, de la desconfianza que han generado durante decenios las izquierdas europeas y también las derechas tradicionales. No son extraterrestres, no han venido de la Luna, son producto del fracaso de las izquierdas y del destape de las derechas, que ya no hablan de políticas sociales, sino de neoliberalismo a ultranza. 

El llamamiento de Susana Díaz a un nuevo “frente popular antifascista” y el patético alarido de Pablo Iglesias con su peligrosa “alerta antifascista”, muestra a ambos líderes de la izquierda haciendo de avestruz y echando balones fuera.