José María Peredo Pombo. Catedrático de Comunicación y Política Internacional de la Universidad Europea de Madrid/La Razón

Con el artículo en el que hacía una valoración final de la campaña presidencial de 2016, el veterano analista de política americana de la revista Time, Joe Klein, se despedía así de sus lectores: “I,ve covered 11 presidential campaigns, which is more than enough. This one is my last. I,d like to thank my editors for giving me the freedom to speak my mind, and you, dear readers, for your tolerance of my oft-cranky centrism. It has been a privilege to serve you”.

El centro en Estados Unidos se sitúa en una esfera política e ideológica donde los republicanos y los demócratas convergen para aproximar sus posiciones, moderar sus exigencias y apoyarse en las decisiones de estado. Los largos años de polarización de la política americana han desdibujado el papel del centro político en el Congreso, y la crisis ha terminado por deteriorarlo y provocar un efecto radical a derecha y a izquierda que el populismo de Trump ha sabido aprovechar.

En la reciente entrevista de Carlos Herrera a Landelino Lavilla con motivo del libro que acaba de publicar, Una Historia para compartir, el ex presidente del Congreso de los Diputados se refería al centro como un espacio en el cual, mediante el uso sistemático del diálogo, el acuerdo y las concesiones, se concibe la política como una dinámica de entendimiento desde la moderación. UCD y el PSOE ocuparon en la Transición los espacios del centro con notables consecuencias para nuestra historia. Y en la actualidad el PP, Ciudadanos y el PSOE parecen abocados a reconstruir el marco político y social desde una estrategia similar pero adaptada a los cambios de esta época.

Uno de las políticas donde se proyecta con mayor claridad el prisma centrista es la política exterior. Los gobiernos suelen concebirla con criterios de estado ajenos a la disputa partidista. Es ésta una de las razones por la que a Donald Trump se le identifica como un político alejado del centro, aunque pretenda hacer creer, con su discurso populista, que va a gobernar a la vez en favor de los más ricos y de los más necesitados.

En política internacional el centro es aún más complejo. O bien se identifica con un centro (o polo) de poder, si se trata de una gran potencia, o bien como una suerte de organismos y alianzas multilaterales cuya armonía depende del acuerdo de sus miembros y no de la decisión unilateral o radical de alguno de ellos. Las teorías de la dependencia, por su parte, identificaron como centro a los actores poderosos cuyas decisiones e intereses predominan, frente a la periferia, que reúne al conjunto de los desheredados y aspirantes a acceder al poder. Para potencias regionales como Turquía, ganar el centro en la política internacional significa ejercer como líder regional en su área tradicional de influencia y hablar de tú a tú a las potencias limítrofes. Así pareció explicarlo el Ministro de Exteriores turco, Mevlut Cavusoglu en la conferencia del pasado día 9 en el hotel Palace organizada por el Instituto Elcano .

Cuando Mariano Rajoy ha ofrecido al Presidente de Estados Unidos su mano como interlocutor, lo ha hecho no tanto por la convicción del creciente papel de España en las relaciones internacionales, que está por ver, sino consciente de que el espacio de centro recompuesto en nuestro país puede ser un importante apoyo. No sólo para la visión americana, sino para dar estabilidad a las posiciones europeas y de algunos países americanos debilitados por los populismos y amedrentados por la llegada de Donald Trump. Mientras Rajoy hacía esa oferta por teléfono, en el Palace el ministro Dastis, ofrecía a su homólogo turco retomar la iniciativa de la Alianza de Civilizaciones.

Extravagante pero inteligente ejercicio diplomático de centro.