Pablo Bravo. Ex embajador en Arabia Saudí/The Diplomat

Es fácil percibir una nueva manera de comunicar con y hacia la opinión publica doméstica e internacional por parte del gobierno de Arabia Saudí. Buena prueba de ello fue la reciente visita a Madrid de su ministro de Exteriores, Adel Al-Jubeir quien abordó en sus contactos con estos medios las nuevas orientaciones y retos a que se enfrenta su país.

Muy significativo y esclarecedor fue el dilatado encuentro que mantuvo en el Real Instituto Elcano con un grupo de profesionales (politólogos, diplomáticos, periodistas…) a quienes expuso frontalmente la política global que, en línea con los contenidos y metas del plan SaudiVision 2030 -obra muy directa del príncipe heredero Mohamed bin Salman-, pretende transformar y modernizar no solo las estructuras económicas del país sino sobre todo la forma de hacer frente al futuro inmediato.

Arabia Saudí tiene que liberarse de la dependencia cuasi exclusiva del petróleo y abrirse a otras fuentes de ingresos. Al tiempo, tiene que liberar las energías de una juventud que supone un 70% de la población e incorporarla a este nuevo proceso de transformación, motivándola y ofreciéndole un entorno más atractivo y homologable con sus vecinos del Golfo. Y ello también incluye el estatus de la mujer, cuyo potencial para la economía saudí es de gran transcendencia por la creciente preparación de las nuevas promociones de graduadas. Para eso, necesitan liberarse de su limitada capacidad de maniobra actual.

Y este proceso ha de hacerse con un tempo vivo y sin riesgo de una marcha atrás.

“Arabia Saudí tiene que liberarse de la dependencia cuasi exclusiva del petróleo y abrirse a otras fuente de ingresos”

¿Cómo se puede lograr este ambicioso proyecto de transformación de un sistema, una sociedad, unas costumbres muy arraigadas, y hacerlo en armonía con los valores religiosos, familiares y hasta tribales (no olvidemos que Arabia Saudí es un país muy joven que se formó con grupos de muy diverso origen e históricamente con episodios de enfrentamientos)? A la vez, el reino está con varios frentes abiertos en un entorno complejo: pensemos en Yemen, Siria, Irak, Líbano, Qatar, el terrorismo de Al Qaeda y Daesh y, sobre todo, las profundas divergencias conceptuales y de intereses con su poderoso vecino Irán.

El tiempo nos dirá si las reformas en marcha darán los resultados apetecidos.

Por el lado positivo, hay que señalar que la sociedad saudí parece aceptar esta nueva dirección posiblemente porque comprenda que los cambios son ineludibles y que el petróleo dejará de ser la solución única en el futuro.

Desde Occidente, y desde España en particular, nos interesa que esta evolución y estos nuevos planteamientos tengan éxito. Arabia Saudí sigue siendo un mercado con mucho peso para nuestras empresas y el giro previsto hacia una mayor participación de la iniciativa privada en los grandes proyectos públicos asegura a nuestras tecnologías y a nuestra ejecutoria en grandes obras una oportunidad muy a tener en cuenta.