Nour Azuagh Belkadi. Estudiante de Farmacia en la Universidad Alfonso X El Sabio.

Maravilloso. Emocionante. Histórico. El encuentro del Papa Francisco I con el Rey de Marruecos, SM Mohamed VI es sin duda uno de los hechos que han marcado un antes y un después en la historia cultural y social del reino alauita.

Si bien ya se produjo una reunión similar tres décadas atrás (entre el difunto rey Hassan II y el pontífice Juan Pablo II), no se consiguió tanto la repercusión mediática como los halagos y las críticas a partes iguales.

El hecho de recibir a un cargo importante de la Santa Iglesia en un país musulmán con todos los honores es sin duda alguna una primicia. Asimismo, el emotivo discurso del Rey Mohamed VI alegando por la protección de los “judíos marroquíes y de los cristianos residentes” residentes en “tierra de Islam” fue aplaudido y bien recibido por los presentes. Tanto es así, que posteriormente se ofreció un espectáculo significativo y a la vez portador de un poderoso mensaje lleno de luz y esperanza: las 3 principales religiones monoteístas, al unísono, entonando el “Alláh’u’Akbar” (Dios es Grande), el Ave María y el Adonaï… ¿no es absolutamente fascinante? Un mensaje directo tanto a los representantes de las religiones del Libro como para toda una sociedad que lejos de alegrarse, se lleva las manos a la cabeza ante tal “locura” y “sinvergüencería”.

Así lo hizo saber la Asociación de Sabios Musulmanes que, según Huffpost Maghreb, se dice encontrar “asombrados y en shock” ante tal actuación. Básicamente, no ven con buenos ojos esa simbiosis entre la llamada a la oración y los “ritos de la incredulidad”. Asimismo, hacen hincapié en el “pecado” que esto implica y el peligro que la “Umma” (la nación o comunidad musulmana) corre ante tal exposición. Es decir, ven en esta armonía y tolerancia interreligiosa una amenaza, que atenta contra la integridad de su comunidad. ¿No es esto, acaso, un intento de coacción y de control? ¿No es acaso SM Mohamed VI, 'el Comandante de los Creyentes', la máxima autoridad religiosa del país? ¿Por qué no aceptan este vínculo necesario y sano, entre las diferentes religiones coexistentes en Marruecos?

Porque aunque muchos no lo crean (o no lo quieran creer), Marruecos no es una mayoría absoluta en cuanto a creyentes de la Fe islámica. La comunidad judía, visiblemente respaldada, no es la única minoría vigente. Están los cristianos, los bahá’ís, los chíis, y seguramente muchas otras comunidades que han ido surgiendo en los últimos 80-70 años. La conversión, aunque penada y mal vista (ya que la descendencia hereda las creencias religiosas por parte del padre), debería ser un derecho innato del ciudadano y su respaldo un deber por parte de las autoridades pertinentes. Marruecos es conocida mundialmente por su diversidad cultural, étnica, y hasta religiosa. Esta última de manera más sutil, casi imperceptible. Sin embargo, confío plenamente en que la visita del Papa Francisco I ayude a la sociedad a ser más tolerante, a llegar a comprender que un marroquí llamado Ahmed puede ser perfectamente cristiano, y no por ello dejaría de ser el hombre dedicado a su familia y a sus amistades, y que seguiría utilizando esa archiconocida expresión de “InshaAllah” (si Dios quiere).

Sí, Dios, el Todopoderoso, el Único, es el mismo para todos, pese a quien le pese. Puede que las leyes difieran unas de otras, que las oraciones no tengan nada que ver una con la otra, pero las enseñanzas de amor, camaradería y solidaridad se repiten sucesivamente leamos el Corán, la Biblia o la Toráh. Ojalá que en mi estimado país se erradique de una vez por todas la ola de fanatismo radical que mata literalmente el espíritu y la razón de la sociedad. Que un acto de tal embergadura no nos parezca una rareza ni un disparate, sino una visita más de dos cargos importantes de la actualidad. Que la Paz Menor se cumpla mediante tales actos de armonía y confraternidad, para que la tan esperada Paz Mayor (esperada por igual por las tres religiones) sea una realidad inminente…