F. Javier Blasco

La expresión “vuelta la burra al trigo” o "vuelve la burra al trigo", se usa para expresar hartazgo y fastidio frente a algo que se repite numerosas veces, como por ejemplo una opinión, argumento o error, sin que el interlocutor enmiende un ápice su discurso; incluso repitiéndolo, aunque se haya dado el asunto por zanjado.

Expresión muy usada en los términos coloquiales y que viene como anillo al dedo a lo que estamos viviendo en España en los últimos años, aunque en realidad, creo que nunca hemos dejado de acudir a situaciones que además de producir hartazgo, no vienen a cuento y ni siquiera insta a lograr los resultados pretendidos.

 Los partidos políticos y sus dirigentes, que no líderes, tal y como viendo escribiendo en repetidas ocasiones, viven totalmente alejados de la realidad. Son entidades y personas que además de carecer de principios, ideas y capacidad de elaboración de temas concretos de actualidad y de verdadero interés para el devenir de la vida de los ciudadanos, pierden su valioso y costoso tiempo en volver a poner en la palestra temas obsoletos, intrascendentes y de poco valor práctico.

La famosa y deplorable Ley de la Memoria Histórica traída de la mano de un presidente socialista no ha hecho más que reverdecer los tiempos de puñaladas cainitas, el revanchismo y el levantamiento de pasiones que se basan en lo que unos quieren imponer a costa de cualquier cosa; aunque en muchos casos, sean exageraciones, falacias o simplemente mentiras sin ningún rigor histórico. Si bien la idea con la que se nos vendió a los españoles, pudiera tener un buen fundamento o mejor dicho, una aparente sana intención, solo ha servido para que aquellos que no hemos vivido épocas de ignominia y de abusos por las partes en litigio, la usemos para ridiculizar, denigrar y satanizar a unos y, por el contrario, elevar a los altares a aquellos del otro bando, que en una gran mayoría de los casos, nunca destacaron por su humanidad, sinceridad y valores sociales de caldo para las personas en general.

Yo, personalmente, no me creo, que unos tiempos en los que la mayoría de personas, sean cuales fueran sus ideas y sentimientos religiosos, incineran a sus seres queridos y muy cercanos y muchos esparcen sus cenizas por lugares bucólicos o preferidos por el difunto, haya surgido un verdadero interés en buscar los restos de un abuelo o bisabuelo al que nunca conocimos, porque tengamos mucho interés que descanse en un campo santo. Hay, sin lugar a duda otros intereses o agendas ocultas que movieron al legislador a crear esta Ley que, en mi opinión, debió ser, como mínimo, modificada hace mucho tiempo. 

Llevamos años con el tema de la destrucción de placas y monumentos o el cambio de los nombres de las calles con importantes atropellos sobre las personas referidas, sus familiares cercanos y descendentes más lejanos. Las tropelías que se han llevado a cabo en base a dicha Ley han sido tan grandes que si lo que se pretendía era la igualación en sentimientos y equiparación de actividades en ambos bandos; lo que se ha conseguido es precisamente darle un vuelco a la situación y producir, e incluso multiplicar, el efecto no deseado, pero en este caso, en sentido contrario.

Es por tanto una Ley que nació mal por su propio título, no es histórica sino más bien totalmente revanchista, desproporcionada y que trata de borrar de un plumazo la historia de un lado y falsamente rescatar, ensalzar y magnificar la del otro como si aquellos hubieran sido unos despiadados y estos, unos pobres perseguidos y oprimidos, que nunca hicieron nada reprochable en su vida salvo amar al prójimo como mandan los preceptos cristianos y de buena ciudadanía.

Luego, nos hemos encontrado con la exaltación supina de derogar todo lo que haya sido preparado y puesto en marcha por un gobierno, que con muchos errores, pero también con otros tantos aciertos, nos ha permitido ver la luz al final del túnel y encontrarnos en los puestos de cabeza europea en lo que a la recuperación económica se refiere. Para muchos no hay nada positivo en lo realizado por aquellos que no comulgan con su credo. Son incapaces de ver la realidad palpable y contrastada. Por muchos que sean los progresos contrastables, siempre hay un pero que esgrimir y una negativa ciega a continuar en la senda del perfeccionamiento de lo que funciona aunque sea perfectible. La única solución es derogar las cosas y las leyes, sin una alternativa reposada, estudiada y de razonable aplicación. Así estamos con la última intentona de cambiar la Ley de educación y ver si de una vez por todas, podemos salir del hoyo y la distancia negativa en la que nos encontramos. Lo malo, es que hay otras iniciativas en cartera que tendrán repercusiones mucho más graves para la salud de nuestra economía.

Está más que demostrado que el gasto incontrolado y el endeudamiento desproporcionado y fuera de control han sido dos herramientas que nos llevaron a donde nos llevaron, al borde de un abismo sobre un precipicio de mucho calado y de más que difícil salida. La irresponsabilidad en la desmesura en los llamados gastos públicos y sociales, el café para todos a bajo precio o mejor sin costo alguno es algo que todos sabemos que no se puede sostener; que aquellos países que también lo practicaron, hace ya mucho tiempo que se han dado cuenta que hay que cambiarlo; pero no, ocurre lo mismo en España. Por desgracia, muchos no lo quieren ver, piensan que son exageraciones de agoreros y que los famosos recortes son simplemente ganas de fastidiar a los demás. Que los gobiernos que lo practican, lo hacen de forma irreflexiva e irresponsable para tenernos subyugados y con el único afán de suprimir lo establecido por otros sin tener presente que lo hacen porque aquellos que lo impusieron, lo hicieron sin analizar ni sopesar su realidad y la capacidad de sostenimiento a medio y largo plazo.  Darle un caramelo a un niño, es muy fácil y bonito; pero quitárselo no es tarea sencilla y siempre será motivo de una pequeña rabieta o de un tremendo disgusto.

Ahora, nos desayunamos con que la mayoría de la oposición e incluso el partido, que “oficialmente” sostiene al gobierno están por la labor de exhumar los restos de Franco, un malvado caudillo que no tiene derecho ni a reposar tras muchos años de haber fallecido. El tema es que ahora no merece seguir estando enterrado en el Valle de los Caídos. Por cierto, un lugar que se ha venido abandonando y deteriorando con el paso de los tiempos y como consecuencia del espíritu de revancha antifranquista; tanto, que hasta se ha propuesto varias veces su desmantelamiento para borrar de la historia de España un lugar particularmente simbólico que, además, fue motivo de mucho sufrimiento durante su construcción. Ahora, sin embargo, es tan importante para todos, que los pocos huesos y cenizas que quedan del malvado Franco, no deben estar ni un minuto más en un lugar tan “trascendental” para todos los españoles.  

Darle vueltas y vueltas a un mismo tema, enfocarlo desde diferentes perspectivas sin ningún sentido ni continuidad en las propuestas por el simple hecho de abrir viejas heridas, levantar pasiones en aquellos que no tienen ni idea de lo que pasaron sus abuelos o padres o para poner en aprietos al gobierno de turno, no solo es poco ético, es inmoral. Sobre todo, cuando en ello ningún españolito de a pie saca un beneficio palpable, no soluciona los verdaderos problemas de los españoles y supone una pérdida de tiempo y una gran distracción de los esfuerzos de aquellos que deben legislar y velar por el bien de todos los españoles. Actuar de cara a la galería y en busca de benéficos o réditos políticos que no prácticos para todos, es el peor camino que un político pueda adoptar.

Hay temas que, aunque son de otro calado, no quisiera dejarme en el tintero. Entre ellos, me refiero al manido y ya cansino recurso de muchos jueces y magistrados de hacer de sus puestos y cargos un lugar de revancha o persecución sin cuartel sobre determinados partidos políticos enarbolando y aireando hasta la saciedad las cabezas de aquellos impresentables miembros de estos inmersos en temas de profunda corrupción y de paso, arrastrando a otros que solo tienen la culpa de haber pasado por allí en un momento de despiste.

No soy contrario, al revés, a la lucha contra la corrupción; debe ser combatida con todas las fuerzas, recursos y medios de la Ley y la magistratura; pero en esto de hacer justicia hay que hacerlo con certeza, pulcritud y respetando el estado de derecho en lo referente a las personas y las leyes a aplicar sobre ellas. No se debe disparar de forma granada contra un partido por cualquier cosa porque haya pocos o muchos que se ignominiosamente metieron la mano en el cajón público o de su propio partido. No se debe buscar todo recoveco por muy inverosímil que parezca para acusar a unos y ser totalmente opuestos a actuar a pesar de los graves indicios en otros partidos o instituciones y, sobre todo, hay que cumplir la Ley. Cumplirla por todos, por los que son juzgados y por los que nos juzgan. Hay que acabar con las filtraciones malintencionadas y parciales, que, o casualidad, casi siempre atañen a los mismos partidos.

El hombre que es sabio cuando piensa con cabeza y reposadamente, decidió ya en tiempos de la expansión de la cultura griega representar a la justicia impuesta por la Ley divina mediante la imagen de la diosa Themis [1] con su balanza que significa equilibrio y equidad, la espada con la que imponer las penas a los que la incumplen y con los ojos tapados para no saber a quién se juzgaba.

Posteriormente, los romanos adoptaron el mismo símbolo, aunque le cambiaron de nombre por Fas porque para ellos “Fas” era todo lo lícito y justo por la voluntad de los dioses. Como consecuencia, lo contrario a la ley divina, lo ilícito, lo injusto lo denominaban “nefas” de donde finalmente deriva la palabra nefasto que se aplica a cualquier persona o acto ilícito o maligno. Todo esto, que, en realidad en muy acertado, idílico y hasta bucólico, en España parece que lo hemos cambiado, aunque no totalmente si a nuestro gusto, todo apunta a que al menos a la famosa diosa Themis o Fas le hayamos destapado un ojo por su empeñada y reiterada fijación en mirar para un solo lado.

Será casualidad, pero es claro y manifiesto que la mayoría de aquellos que pertenecen a la legislatura y que hayan pasado una temporada en política, cuando la dejan y vuelven a sus puestos, se convierten en el rayo y azote de los que les dieron cobijo durante una temporada, recuperando casos dormidos en los cajones y olvidando o pasando por alto casos similares e incluso más preocupantes en el lado contrario.   

Los medios, siempre dispuestos a airear toda noticia en función del llamado interés público, no dudan en dar pábulo a cualquier chisme dando por valido todo lo que les llega. El afán de protagonismo y la velocidad que imprimen los medios y redes sociales hace, según dicen, que no se tenga tiempo en contrastar la total veracidad de lo que les llega, e incluso, se copian y los unos a los otros sin durar en multiplicar los calificativos y las aseveraciones. Por eso se afanan en pregonar a toda plana cualquier caso de corrupción a corruptela por nimio que sea; no se cortan a la hora de asegurar las cosas y no pierden tiempo en comprobar el verdadero sentido de las noticias; no preguntan a quien las produce y dan por hecho que todo es cierto.

Lo malo de todo esto es que los políticos, a falta de otras ideas para cubrir nuestras necesidades más acuciantes, emplean dichos titulares en sus manifestaciones públicas o privadas sin ningún tipo de miramiento o reserva. Ambos harían bien si ese mismo afán que tienen a la hora de publicar y reiterar tanta basura, lo hicieran y en la misa medida, cuando las cosas se descubren o clarifican que no eran tal y como se mencionaron o aseguraron. En España el reconocer un error o la palabra perdón no se usa; no importa el daño causado, el objetivo ya fue logrado, la llamada pena del telediario ha surtido su efecto y como se dice en el argot popular, “calumnia, que algo queda”. 

Qué pena que esto se haya convertido en una práctica tan habitual, que no es que la burra vuelva al trigo, es que no abandona nunca el granero.                             

[1] https://verdadyjusticia.wordpress.com/2014/12/11/origen-y-significado-de...

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