Alexandra Dumitrascu

Pie de foto: Los 12 países que forman parte del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP)

Tras casi seis años de negociaciones, el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) fue firmado finalmente por sus miembros el pasado 4 de febrero en la ciudad neozelandesa de Auckland, en medio de fuertes protestas. Australia, Brunei, Canadá, Chile, Estados Unidos, Japón, Nueva Zelanda, Malasia, México, Perú, Singapur, Vietnam, han conformado uno de los mayores acuerdos multilaterales que se ha firmado nunca. No obstante, queda un último paso para que éste entre en vigor; esto es, la ratificación individual por todos los estados miembros, que tendrán que convencer a sus respectivos parlamentos en un periodo máximo de 2 años acerca de los beneficios de un acuerdo que supone más del 40% del comercio mundial y que afecta a cerca de 800 millones de personas. El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, por su parte, tendrá que enfrentar al Congreso, de mayoría republicana, y defender un acuerdo que ha promovido desde el principio, aunque el tiempo en su caso apremia dado que únicamente dispondría de un año para hacerlo debido a las elecciones presidenciales. Para la plena aplicación del TPP se necesita el voto favorable de al menos seis estados que reúnan el 85% del PIB del bloque económico.

Aunque en superficie fue presentado como un acuerdo comercial, cuyo principal objetivo consiste en reducir los aranceles comerciales y eliminar las barreras a los bienes, servicios y la agricultura entre sus miembros, sus 30 capítulos están relacionados con otros temas tales como los servicios financieros, el comercio electrónico, las telecomunicaciones, política de competencia, propiedad intelectual, derechos de los trabajadores, medioambiente, transparencia y corrupción entre otros. Asimismo, el acuerdo pretende establecer reglas comunes para los 12 países miembros, algunas de ellas muy polémicas, tal como ha sido el tema de propiedad intelectual.

Polémicas y rechazo

El secretismo de las negociaciones del TPP ha favorecido un clima de desconfianza que ha desembocado en múltiples protestas civiles en diversos países, que se han extendido hasta la fecha. Varias ONG’s  han manifestado también sus reticencias en lo que respecta el acuerdo, al entender que varios de sus capítulos van a afectar seriamente los derechos humanos en los estados firmantes. “A medida que el TPP se mueve hacia la ratificación, las autoridades deben reflexionar cuidadosamente acerca de cómo el acuerdo va a afectar a los más de 800 millones de personas que viven en la los países de la costa del Pacifico”, ha expresado la directora del Observatorio de Derechos Humanos (HRW, acrónimos del inglés), Sarah Margon.

Uno de los puntos más polémicos del acuerdo lo sigue siendo el Derecho de Propiedad Intelectual debido a sus negativos impactos en lo que tiene que ver con la salud, Internet, las patentes biológicas, y las libertades civiles. A lo que hay que sumar la fuerte competencia a la que se van enfrentar los productores locales de cada país, dejando con ello escuálida la ventaja competitiva de cada Estado.

El capítulo relacionado con la propiedad intelectual ha sido filtrado en su entereza por Wikileaks a principios de octubre de 2015. Los plazos de exclusividad para la fabricación de los medicamentos ha sido uno de los aspectos del capítulo que trabaron las negociaciones hasta finales de 2015, debido a la pretensión de Estados Unidos de imponer un límite de 12 años de exclusividad en el mercado de los medicamentos lo que habría equiparado las reglas del TPP con la legislación estadounidense. No obstante, la mayoría de los países, como Australia, han defendido un plazo de entre cinco y ocho años por temor a un posible aumento de los costes a consecuencia del retraso en la innovación, así como también la paralización de la producción de medicamentos genéricos. Aunque el plazo ha sido finalmente acordado en menos de 12 años, la temporalidad se mantiene en secreto, sin embargo, Chile ha manifestado su satisfacción en este sentido por considerar el nuevo plazo de exclusividad “equilibrado”.

Varias ONG’s, entre ellas Médicos Sin Fronteras y Oxfam han expresado su preocupación en cuanto a que el TPP va a obligar a los países miembros a “extender el monopolio de las patentes existentes, alargando el tiempo antes de que otros medicamentos genéricos más asequibles lleguen al mercado”. Asimismo, estas instituciones temen que la ampliación de las patentes y de los derechos de autor en el caso de los medicamentos podría conllevar al incremento de los costes de asistencia médica, y de los medicamentos en  sí, debido a las exigencias de la industria farmacéutica de Estados Unidos.

Otras de las preocupaciones relacionadas con el capítulo de la propiedad intelectual tienen que ver con Internet. Tal como aseguran desde el Observatorio de Derechos Humanos, los requisitos que rodean los derechos del autor contemplados en el TPP atentan contra la libertad de expresión de los usuarios de Internet, en cuanto que los Estados miembros podrían enmascarar su lucha contra la disidencia política online con la excusa de la protección de los derechos de autor. En este sentido, los países podrán exigir deliberadamente a las empresas de internet eliminar un determinado contenido en caso en que consideren que este infringe los derechos de autor. El caso de comercio electrónico plantea, asimismo, dudas en cuanto a la privacidad de sus usuarios cuyos datos podrían ser utilizados con otros fines que comerciales.

Aunque el capítulo de la propiedad intelectual parece plantear serias preocupaciones y abusos, el laboral tampoco parece convencer, en cuanto a que solo los gobiernos serían los únicos en tener jurisdicción en el ámbito laboral y en plantear disputas legales a otros países miembros en caso de violación de algunos términos del capítulo, dejando desprovisto de poder a los sindicatos y otras instituciones de defensa laboral que no podrán interponer ni una queja en virtud del acuerdo. No así en el caso de los inversores y/o las empresas que podrán en todo momento interponer un procedimiento de solución de diferencias contra los países miembros que incumplan el acuerdo a través del Mecanismo de Resolución de Disputas Inversor-Estado; una medida que buscaría proteger los intereses de las empresas en cualquiera de los 12 países firmantes del acuerdo. Debido a los problemas laborales que se plantean en determinados estados miembros, Estados Unidos ha impulsado la negociación de acuerdos bilaterales adicionales conocidos como Planes de Consistencia, con Vietnam, Malasia y Brunei, que deberán implementar una legislación específica, así como reformas en este sentido antes de poder disfrutar plenamente de los beneficios que les brindaría el TPP. Es de recordar que de los 12 estados miembros, Vietnam es el único que no tiene un sistema democrático, y es el menos desarrollado.

Uno de los grandes ausentes del acuerdo es China, y a pesar de que algunos analistas justifican la creación del bloque como medida a contrarrestar el poder económico de la segunda economía mundial, el gigante asiático tampoco ha mostrado un gran entusiasmo en sumarse. “El TPP es un acuerdo exhaustivo. China lo está estudiando y realizando una evaluación del texto”, han expresado miembros del Gobierno poco después de la firma. Si determinados puntos le podrían resultar interesantes, otros como la protección de los inversores podría echar atrás a este país que siempre se ha mostrado receloso en este sentido.

Algunos países como Corea del Sur, Filipinas, Indonesia, Tailandia, Colombia y Uruguay, también han mostrado interés en sumarse a este bloque que se estima que, de momento, va a aumentar  la actividad económica mundial en 200 millones de dólares anuales. Por su parte Mercosur, el bloque comercial conformado por Argentina, Uruguay, Brasil, Paraguay y Bolivia, ha optado por permanecer fuera para proteger su mercado interno.

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