Javier Sánchez Salcedo. Mundo Negro

Atleta olímpica y trabajadora social. Uniendo sus dos pasiones, esta madrileña de 28 años ha desarrollado el programa «DXT para la vida», de educación en valores y habilidades sociales a través del deporte destinado a menores en riesgo de exclusión, un proyecto financiado por la Agencia Española de la Protección de la Salud en el Deporte (AEPSAD).

¿Por qué corres?

El deporte es mi vida. Empecé a hacer deporte con seis años y ahora tengo 28. Jugué al baloncesto con el Estudiantes y llevo siete años corriendo. Aparte de las medallas, ir a las competiciones —dos Juegos Olímpicos en mi caso—, he tenido un montón de vivencias y he conocido a personas estupendas, como a mis mejores amigas y figuras de referencia que me han ayudado a ser quien soy.

¿Qué vivencias?

En atletismo hay una lucha constante en la que aprendes a conocerte. Cuando haces series lácticas, en las que experimentas una sensación de sufrimiento extremo, descubres que puedes superarte. Es algo muy valioso que luego puedes aplicar a todos los aspectos de tu vida.

Aparte de sufrir, ¿el deporte también te permite disfrutar?

Según tu estado emocional y el momento en el que te encuentras, puedes vivir sentimientos totalmente diferentes. En un buen año superas cualquier obstáculo, te sientes bien entrenando, sufres pero lo aceptas. De hecho lo quieres, tu cuerpo te lo pide. En competición parece que todo se alinea para que las cosas salgan bien, sabes que lo harás bien, disfrutas corriendo y ves desde arriba cómo todo fluye. Son momentos muy bonitos y tienes que ser deportista para poder experimentarlo. Pero es muy difícil estar en la zona intermedia. O estás muy feliz y dispuesto a sufrir lo que haga falta o, si la motivación no es suficiente, lo más básico se te hace un mundo. Se apuesta mucho, es muy sacrificado y lo das todo por un momento. En mi caso yo espero que alguna vez sean 50 segundos. Hasta ahora son 51.

 

Aauri Bokesa

Aauri Bokesa el día de la entrevista. Fotografía: Javier Sánchez Salcedo

 

¿Merece la pena?

Cuando veo a madres con hijos en la parada del autobús, aunque no les conozca, siempre les pregunto si hacen deporte y les digo que deberían apuntarles. Es una forma de socialización desde pequeñitos en la que se adquieren muchos valores. Aprendes a convivir con gente, a respetar y a trabajar en equipo. Y todo se extrapola a la vida. Como pasa con la música o el arte, se tiene que despertar el interés que te permita hacer grandes sacrificios para conseguir las metas que te propongas.

¿Qué significa para ti ser olímpica?

Cuando eres deportista y cada cuatro años ves el desfile en la tele con tu familia, quieres estar allí. Me gusta mucho la frase de Paulo Coelho de que «el universo conspira para que alcances tus sueños». El día que conseguí la marca mínima para ir a los Juegos de Londres sigue siendo el mejor día de mi vida. Creo que es lo máximo para un deportista. Pero aunque estar allí es algo muy especial, lo que más me atrae es conseguir aquello que me propongo. Mi meta es ir a Tokio y dar mi cien por cien. Tendré 31 años y ahí dejaría mi carrera deportiva.

Y junto al deporte, estudiaste Trabajo Social.

No era una vocación conocida, pero desde que entré en la facultad de rebote, vi que lo mío era tratar con personas para que tengan las mejores condiciones de vida. Lo que más me interesa es la creación de proyectos sociales a través del deporte.

 

Aauri Bokesa

Aauri Bokesa el día de la entrevista. Fotografía: Javier Sánchez Salcedo

 

¿Qué es «DXT para la vida»?

Es un programa que diseñé con Rodrigo Pardo junto a la Agencia Española para la Protección de la Salud en el Deporte. Trabajamos en cuatro centros de menores en Madrid, Fuenlabrada, Granada y Barcelona. La mayoría de los niños están tutelados por las comunidades. Contratamos a un educador deportivo, que además de estar formado en deporte, también lo está en educación. Él está dos veces a la semana durante una hora y media con ellos. Lo importante no es el deporte, sino que consiga transmitirles los valores positivos que éste tiene.

¿Cuál es la situación de estos niños?

Vienen de familias multiproblemáticas que no pueden darles todo lo necesario. Hay problemas de maltrato, problemas económicos, alcoholismo, problemas de salud mental, violencia de género. Son familias desestructuradas y la mejor forma de apartar al niño de ese círculo negativo es que estén en estos centros de protección. En los casos extremos los padres pierden la tutela y son otras las personas que se encargan de proporcionales bienestar. Son niños que pasan mucho tiempo en el centro. Normalmente no salen desde que entran hasta que cumplen los 18 años.

¿Qué les da el deporte?

Lo primero es una vía de escape. Tienen su rutina, se levantan, van a clase, en los centros tienen el horario muy estructurado y el deporte les ayuda a «desfogarse», como dicen ellos. Los valores que tratamos de desarrollar son el respeto a las normas, a los compañeros, al material, la participación y el esfuerzo, la autonomía personal, la ayuda y el liderazgo. Esos valores los pueden trasladar al colegio, a la residencia y a su vida.

 

Aauri Bokesa

Aauri Bokesa el día de la entrevista. Fotografía: Javier Sánchez Salcedo

 

También organizáis encuentro con deportistas profesionales

Sí, es muy interesante. Una vez vinieron a verme entrenar a mí y a mi grupo de entrenamiento. Al final uno de los niños me dijo que quería ser como Darwin Andrés, un compañero mío. Me encantó. Solo hay un Rafa Nadal, pero como Darwin Andrés puede haber muchas personas que bajan todos los días a entrenar, que intentan superarse, que tienen sus aspiraciones. Los niños piensan que pueden llegar a ser como estas personas reales que han conocido y que han conseguido llegar hasta ahí con esfuerzo y dedicación.

¿Dificultades y metas?

Tenemos que trabajar más con la cuestión de que las niñas se sientan integradas y cómodas. En algunas sesiones vemos conductas discriminatorias hacia ellas.  Recuerdo que en una actividad que hicimos en Magariños les llamó mucho la atención ver a un equipo femenino entrenar. Pero nuestra dificultad principal es la económica. Tenemos muy poco presupuesto. Y además, ni Rodrigo ni  yo podemos dedicarnos a tiempo completo. El reto es seguir creciendo, que los educadores deportivos tengan cada vez más formación y que el programa se establezca en muchos centros como una actividad permanente.