Pedro Canales

La crisis política en Argelia adopta un esquema único en su estilo, y será durante mucho tiempo objeto de estudio y debates. Sin prejuzgar el resultado de la misma, podemos ya observar lo siguiente:

-      La crisis enfrenta, por un lado al conjunto del pueblo movilizado en todos los rincones del país, y por el otro el aparato/sistema del poder construido desde la Independencia de Argelia de la metrópoli colonial en 1962, y que en los últimos decenios se ha pervertido considerablemente. 

-      Millones de argelinos se han echado a las calles desde el 22 de febrero pasado, y lo harán de nuevo este 22 de marzo, en un ambiente de unidad, festivo, de aceptación de la diversidad lingüística y cultural, reuniendo ciudadanos de todas las edades y condiciones sociales, niños, mayores, mujeres, hombres, jóvenes, minusválidos, trabajadores y parados, funcionarios y artesanos, empleados, artistas y jubilados. El pueblo argelino ha ofrecido al mundo una imagen gigantesca de unidad en la diversidad. Es su principal fuerza. Una fuerza tan arrolladora que ha sido capaz de arrancar al propio sistema al que combate, expresiones de admiración, y atraído fidelidades de última hora de personas y organismos que hasta ayer defendían el aparato/sistema a ultranza.

-      El aparato/sistema sigue en pie, pese a ser objeto de la ira de millones de ciudadanos. Ha efectuado cambios cosméticos y anunciado nuevas promesas, que no han sido aceptadas por el pueblo. El sistema puede prescindir de sus vasallos, partidos políticos, organizaciones sociales y empresariales; puede incluso llegar a sacrificar a sus representantes más visibles que son el presidente del país, el gobierno y los cabecillas de las principales instituciones del Estado, pero seguirá existiendo. Lo ha hecho en el pasado, cambiando presidentes, derrocándolos o asesinándolos; y lo ha hecho infinidad de veces con los gobiernos que se han sucedido desde la Independencia. Puede incluso llegar a prescindir de los cabecillas militares y de los servicios de seguridad, ya lo ha hecho, y el aparato/sistema sigue en pie. 

-      A la pregunta de saber quién posee por el momento la iniciativa de la propuesta de cambios, la respuesta es: el sistema. Las movilizaciones de masas piden y exigen al sistema que tome iniciativas, que haga cambios. Cuando no obedecen a sus exigencias, los desaprueban; pero la iniciativa sigue siendo del sistema.

-      Frente al poder de las masas, que es su unidad y su movilización, ¿cuál es el poder del sistema? Todo el resto. El aparato dispone del poder de las armas, de la Policía, de los jueces, de las leyes, de los resortes económicos, de la Administración del Estado. Es el sistema el que ha firmado y controla los acuerdos con las multinacionales del petróleo y el gas; es el que tiene la representación de Argelia en el mundo; el que negocia con los socios internacionales; el que dialoga en nombre del país; el que informa y comunica. El aparato/sistema tiene todos los poderes, y las movilizaciones no le han arrebatado ninguno; poderes que llegado el caso podrá utilizar para su sobrevivencia.   

-      Por parte del pueblo movilizado no hay estructuras paralelas de poder, organismos que disputen el poder al sistema. No existe el doble poder, base imprescindible para el triunfo de cualquier revolución que cuestione el sistema existente. Los llamamientos a organizarse por barrios, pueblos, ciudades, profesiones, universidades, etc., eligiendo comités de coordinación de la movilización popular, hasta el momento no han cuajado. E incluso en el caso de que llegasen a organizarse serían sólo formas de organización y no estructuras de poder. 

-      La única vía que parece abrirse paso en esta confrontación desigual entre el pueblo movilizado y el aparato/sistema, es la que propone entre otros el ex ministro Abdelaziz Rahabi, que fue embajador de Argelia en España, y que consiste en instituir un organismo colegial compuesto de tres personalidades, surgido de la negociación entre el pueblo y los dos pilares esenciales del Estado, el Ejército y los órganos parlamentarios electos. Dicho organismo colegial designaría una personalidad para formar un Gobierno técnico de transición encargado de organizar en un plazo razonable Elecciones legislativas, después de las cuales se redactaría una nueva Constitución y se llamaría a unas Elecciones presidenciales. 

-      Pero incluso en este escenario, que se presenta como el más optimista posible, la iniciativa seguiría estando en manos del sistema, si acepta o no las nuevas reglas del juego. En caso de rechazo, a la movilización popular solo le quedaría la alternativa de crear sus propios organismos de poder paralelo, lo cual llevaría a un enfrentamiento con el actual sistema, de incalculables consecuencias. 

-      Mientras tanto, es el sistema el que sigue haciendo funcionar el país.