Irene Infante

 

El grupo terrorista Boko Haram no solo se alimenta de la firme determinación de instaurar la Sharia en el territorio que controla y de la protección de la “identidad musulmana” frente a las pretensiones occidentales en África, sino que a la hora de comprender en su totalidad su nacimiento, las cuestiones puramente económicas y geoestratégicas son más importantes de lo que parecen a simple vista.

El documento de opinión del Instituto Español de Estudios Estratégicos titulado “Boko Haram, de milicia a grupo terrorista”, realizado por Beatriz Mesa, analiza en profundidad las causas que motivaron el surgimiento del grupo terrorista, así como sus aspiraciones en materia ideológica, política y económica.

La ambición por el poder de los líderes políticos de la región y el interés por el control de los recursos naturales que permiten obtener un alto nivel de ingresos están provocando el crecimiento del fenómeno yihadista en el norte de Nigeria y, desde hace un año, en Chad y Camerún. De esta forma, a pesar de que su origen consista en un fenómeno de lucha contra la globalizada ideología occidental, la evolución del grupo terrorista Boko Haram responde, según indica Beatriz Mesa, a intereses meramente políticos. La autora del artículo explica que “lo que empezó siendo un grupo de resistencia con una fuerte base religiosa transita hacia un movimiento insurgente que recurre a las armas para desestabilizar un poder central que cuenta con el monopolio de las riquezas del país hasta concluir en grupo terrorista”.

De este modo, la corrupción generalizada existente en la clase política, la falta de políticas de inclusión –especialmente en las zonas rurales– y los elevados índices de pobreza en países de por sí muy ricos en recursos naturales llevan a la constitución de organizaciones ‘al margen’ que realizan “operaciones de insurgencia con tácticas terroristas”, señala Mesa.

En este sentido se encauza el discurso de líderes espirituales salafistas como Mohamed Yousuf, que utilizó los abusos llevados a cabo por la clase política para ganarse la simpatía de la población hacia Boko Haram. Finalmente, Yousuf fue condenado a muerte, lo que fue un “desencadenante para que la organización se preparara para una nueva lucha sangrienta que convertiría en objetivo a los civiles”, recuerda la autora del documento.

Por otro lado, como ocurre otros conflictos en Oriente Próximo y África, la procedencia de las armas utilizadas por el grupo terrorista continúa siendo un interrogante. Asimismo, ante los numerosos atentados suicidas, muchos de ellos perpetrados por menores de edad, la estrategia utilizada por el Ejército de Nigeria para luchar contra el avance de Boko Haram en la región es la de la fuerza, lo que quizá no hace sino alimentar los discursos de la insurgencia terrorista.

Ante la creciente amenaza regional, el Estado al norte de Nigeria, Níger, ha solicitado la asistencia de una fuerza internacional para combatir al terrorismo. Sin embargo, la operación Serval en el norte de Mali resuena en la memoria colectiva de la población civil, por lo que la petición de Níger ha sido duramente criticada. Al mismo tiempo, Beatriz Mesa reflexiona acerca del riesgo que suponen el hambre o la pobreza en Níger, un desafío real para el conjunto de su población, a diferencia del terrorismo yihadista, que “solo” afecta directamente a la población nigerina que vive en Diffa, a muchos kilómetros de la capital. Esto es posiblemente reflejo de las prioridades establecidas por el gobierno de Níger, que solicita la actuación de la sociedad internacional en el país contra un peligroso desafío que no es generalizado en su territorio, y parece que no es totalmente consciente de los riesgos que la inseguridad alimentaria o la extrema pobreza comportan.

Finalmente, en el artículo se explica que, a pesar de que la amenaza que supone Boko Haram sea por el momento regional, factores como el uso creciente de menores en los atentados suicida o las palabras de fidelidad dirigidas por parte de este grupo terrorista al autodenominado Estado Islámico provocan la preocupación de la sociedad internacional. Sin embargo, la pervivencia de Al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) está evitando por el momento la instauración de militantes del Estado Islámico en la región del Sahel. No obstante, en caso de que se produjera un entendimiento entre las diversas organizaciones terroristas en el Sahel, tanto esta zona, como el África Occidental y la zona del sur de Europa se enfrentarían “a una serie amenaza”, sentencia la autora del artículo.

 

 

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