Por Sylvia Barragán
Foto: El Congreso de los diputados en Madrid. 
 
El pasado 30 de octubre, se celebró  en Casa Árabe, en Madrid,  la cuarta conferencia del ciclo ‘La reforma de las instituciones, a debate’, organizado por la Fundación Transición Española y la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIPM). Según los organizadores, está bastante claro, de unos años a esta parte, que la crisis socioeconómica y política ha afectado negativamente al prestigio de casi todas  las instituciones que configuran el Estado social y democrático de derecho que la vigente Constitución consagra en España. La Monarquía, el Ejecutivo, el Legislativo o la Justicia son instituciones que han sufrido una erosión importante en los últimos años. 
 
“En términos sociológicos, quizá podría hablarse de una crisis de legitimidad. Las encuestas arrojan datos que deben preocuparnos a todos y de ahí la necesidad de debatir sobre reformas nítidamente políticas: ¿reforma de la Constitución o sólo reforma de algunas leyes e instituciones?”, han propuesto los organizadores de las conferencias en Casa Árabe. En la última mesa redonda, los participantes plantearon la necesidad de debatir sobre la reforma o no de la Constitución. La conferencia ‘¿Reforma constitucional o reforma de las instituciones?’ estuvo moderada por Benigno Pendás, director del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales,  e intervinieron los catedráticos de Derecho Constitucional Juan José Solozábal y Jorge de Esteban  Fue un debate animado y riguroso en el que surgió una idea básica:  “Gran parte de lo que está sucediendo en España tiene una causa concreta. No haber querido reformar la Constitución a su debido tiempo”. Así lo dijo Jorge de Esteban. Se pusieron sobre la mesa los ejemplos de reformas constitucionales en países como Estado Unidos, Alemania, Francia e Italia, y se dejó claro que la Carta Magna española no es un dogma al que debe someterse la ciudadanía, sino un texto que debe ir cambiando.
 
La vecindad europea,  “en llamas”
España no es el único país en crisis. Muchos otros Estados europeos viven situaciones muy difíciles. Es el caso de Francia e Italia, que tienen graves problemas económicos y sociales y unas instituciones políticas envejecidas y desprestigiadas. Lo dicen las encuestas y lo apuntan los expertos, pero los políticos, muchas veces, no escuchan y los ciudadanos se alejan de la cosa pública, se refugian en la abstención o se dejan arrastrar por los populismos demagógicos y antidemocráticos de la ultraderecha y la extrema izquierda. Esta situación europea preocupa a los países de la ribera sur del Mediterráneo que mantienen relaciones muy estrechas con el Viejo Continente, como Argelia, Marruecos, Túnez, Libia, Líbano y Egipto. Esta cuestión fue debatida recientemente en el Espacio Bertelsmann y contó con la presencia de expertos locales y de países árabes y del think tank Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR, del inglés European Council on Foreign Relations). Algunos especialistas valoraron negativamente la evolución de la ‘Primavera Árabe’ que en 2011 acabó con dictaduras en Túnez y Egipto. Así lo dijo Abdul Rahman Al-Ageli, asesor de seguridad para la Oficina del primer ministro de Libia y miembro del Comité de Fronteras. Por su parte,  Mattia Toaldo, del ECFR, advirtió: “O se mantienen así las cosas y no habrá  guerras más grandes, o todos los demás países crearán una confrontación, islámicos y europeos”. Otros expertos también valoraron negativamente la evolución de los países árabes tras la ‘Primavera Árabe’. “Los países de la  vecindad europea están en llamas”, destacó un investigador.
 
 
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