Paco Soto

Pie de foto: El primer ministro de Argelia, Ahmed Ouyahia.

Las relaciones diplomáticas entre Argelia y Marruecos, las dos potencias políticas y económicas del Magreb, son malas desde hace décadas. El conflicto del Sáhara Occidental, que opone Rabat al Frente Polisario apoyado por Argelia, y la hegemonía sobre la región magrebí, son los dos principales motivos de las pésimas relaciones bilaterales. En las últimas semanas, los vínculos entre ambos Estados se han deteriorado notablemente debido a las acusaciones de Marruecos contra el Polisario por unas supuestas incursiones de miembros de este movimiento independentista armado a la denominada zona tapón, que separa el territorio marroquí de la región en conflicto.

Rabat controla en la actualidad 80% de lo que fue el Sáhara Occidental y el Polisario el resto. La ONU rechazó las acusaciones marroquíes, lo que ha creado un enorme malestar en Marruecos, desde la Casa Real hasta los partidos, sindicatos, instituciones y asociaciones de diversa naturaleza. Y las Fuerzas Armadas Reales (FAR) están movilizadas por si fuera necesario, según cuentan los medios locales. El accidente de un avión militar argelino, donde murieron unos 20 miembros del Polisario, y la proclamación de Bir Lahlou como capital de los independentistas saharauis, según el diario marroquíAssabah’,ha amplificado la crisis.

Racionalidad y pragmatismo

Sin embargo, a pesar de este pésimo panorama, hay sectores políticos y económicos y observadores de la vida pública que intentan aportar dosis de racionalidad política, quizá porque son conscientes de que más tarde o más temprano el conflicto saharaui tendrá que resolverse, porque es un grave factor de desestabilización en una zona golpeada por el terrorismo yihadista, las mafias del narcotráfico, la inmigración clandestina y otros graves problemas. Además, Argelia y Marruecos están “condenados a entenderse, les guste o no, porque ambos países saldrían ganando política y económicamente a largo plazo.

Son dos piezas esenciales de la unión del Magreb, tan necesaria hoy en día, y de las relaciones de una zona clave del planeta con Europa y Occidente”, comenta a Atalayar el politólogo argelino Ali Boukhlef. El investigador es optimista, porque “por encima de las opciones ideológicas concretas, hay intereses, y en Argelia hay empresarios, hombres de negocios y políticos inteligentes y pragmáticos. Poco a poco la vieja guardia del FLN y de la burocracia estatal posindependentista está desapareciendo, y no podemos vivir de quimeras pasadas que nos estancan”.

Pie de foto: El presidente de Argelia, Abdelaziz Bouteflika, y el Rey de Marruecos, Mohamed VI.

El empresario vanguardista argelino Slim Othmani, un hombre de negocios influyente que preside la Nueva Conservera Argelina (NCA Rouiba), empresa líder en la producción de zumos de fruta, comparte la posición del politólogo. A su juicio, “hundirse en el pasado es la muerte económica y política. Argelia y Marruecos son dos grandes países que tienen diferencias, pero con buena voluntad y pragmatismo las podrán superar”.

“Superar el pasado”

En una línea similar, el politólogo marroquí Ahmed Alaoui señaló que “tenemos que superar las rémoras del pasado. Tenemos diferencias importantes, como el Sáhara marroquí, pero también las tuvieron Francia y Alemania en Europa y en gran medida las han superado. Con paciencia, inteligencia y diálogo superaremos nuestros conflictos cuando entendamos que unidos somos más fuertes y podemos desempeñar un papel político en el Magreb y África del Norte más relevante”. En este sentido, el primer ministro argelino, Ahmed Ouyahia, líder del Reagrupamiento Nacional Democrático (RND), un político de los aparatos del Estado y de la máxima confianza del presidente Abdelaziz Bouteflika, dio un paso en una dirección de apertura y confianza hacia su vecino marroquí.

Pie de foto: Importante puesto fronterizo terrestre entre Argelia y Marruecos cerrado desde 1994.

Ouyahia intentó enterrar el hacha de guerra en la nueva crisis saharaui y dejó claro que no quiere fomentar más conflicto. Aprovechó una rueda de prensa que no tenía nada que ver con el conflicto del Sáhara Occidental para tender la mano a Rabat. Un hecho insólito. “Actualmente las cosas se están exagerando, y no tenemos que dejar arrastrarnos por crisis que van en contra de nuestra realidad geoestratégica”, dijo el jefe del Gobierno argelino, según informó la APS. 

Diálogo y acuerdo

Ahmed Ouyahia intentó también rebajar la tensión bilateral tras las declaraciones muy críticas que pronunció el ministro de Asuntos Exteriores de su país, Abdelkader Messahel, contra Marruecos, en la cadena de televisión francesa ‘France24’. Argelia “no mide las cosas en función de lo que se diga aquí o allá”, aseguró el primer ministro. En un tono conciliador, Ouyahia destacó: “Nuestros hermanos marroquíes quieren que Argelia sea parte del conflicto” del Sáhara Occidental, “pero, sin embargo, los implicados son el Frente Polisario y la República Árabe Saharaui Democrática y no Argelia”, aclaró el número dos del Gobierno argelino.

El Ejecutivo está compuesto por el Frente de Liberación Nacional (FLN) de Bouteflika y el RND de Ouyahia. Queda mucho por hacer para que Argelia y Marruecos superen sus problemas, pero, como dice el investigador marroquí Ahmed Alaoui: “Nada está escrito de antemano en la historia de nuestros dos países. No me cansaré de decir que unidos seremos más fuertes e influyentes. Tenemos que abrir nuestra frontera terrestre, pues su cierre lastra nuestro desarrollo, normalizar nuestras relaciones en todos los ámbitos y resolver mediante el diálogo y el acuerdo los viejos conflictos. La unión política y económica es la solución”.