Paco Soto

Pie de foto: Entrada de la sede del FMI en Nueva York.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) exige a las autoridades de Túnez un mayor esfuerzo para que este país magrebí logre llevar a cabo una transición económica. Túnez acabó con la dictadura de Zine El Abidine Ben Ali en 2011, y a partir de esta etapa llevó a cabo una transición política a la democracia que se concreta en una nueva Constitución al servicio de toda la sociedad y un sistema de libertades públicas envidiable en el mundo árabe. Sin embargo, desde el punto de vista económico, Túnez no consigue salir del atolladero. La pésima situación económica repercute negativamente en el ámbito social y genera un gran descontento popular. Los dirigentes tunecinos saben que tienen que modernizar la economía en clave capitalista, y cuentan para ello con el apoyo de diversos organismos internacionales como el FMI y el Banco Mundial (BM) y los principales países occidentales. Pero son conscientes de que no pueden quemar etapas sin satisfacer las necesidades básicas de los tunecinos, porque esto incrementaría el descontento social y pondría en peligro la transición democrática.

En este delicado proceso de tiras y aflojas, el FMI efectuó una visita a Túnez para evaluar los progresos económicos y plantear a las autoridades locales que aceleren las reformas para dinamizar la creación de riqueza. Es el objetivo que se ha marcado el primer ministro tunecino, Youssef Chahed. En su último informe, el FMI, que es uno de los principales acreedores de Túnez, advierte de que la economía está muy retrasada respecto a la transición política, y recomienda a los dirigentes del país norteafricano que tomen medidas para mejorar los resultados presupuestarios. También les pide que consigan una administración fiscal más eficiente, una reducción del número de funcionarios y una reforma de las pensiones. Otras dos recomendaciones del organismo internacional son la consecución de empresas públicas eficientes y una política monetaria adaptada a la economía real.  

Pie de foto: Una vista parcial del barrio de negocios de la capital tunecina.

Tensiones sociales

El FMI señala en su informe que la economía tunecina es muy frágil, lo que genera un alto nivel de tensiones sociales. Estas dificultades estructurales y un sistema sociopolítico complejo son un grave problema para las inversiones, y contribuyen al aumento imparable del déficit por cuenta corriente, según el FMI. Este déficit alcanzó el 10% del PIB en el primer trimestre de 2017. Una deuda pública elevada y tensiones inflacionistas son otros dos graves problemas de la economía tunecina que el FMI no pasa por alto en su último informe. Asimismo, el FMI pide a Túnez una gran flexibilidad en la política cambiaria y monetaria, porque, según la institución financiera internacional, es la única manera que tiene el país de mejorar el déficit por cuenta corriente y frenar la inflación, además de aumentar las reservas en divisas.

Reformas estructurales

El Fondo Monetario Internacional está convencido de que sin reformas estructurales Túnez no podrá alcanzar un mayor nivel de competitividad económica, acelerar el crecimiento e incrementar la protección social. El FMI asegura que Túnez tendría que llevar a cabo esta política de reformas, reducción del gasto de 0,4% del PIB y ajustes económicos hasta 2020 si quiere mantener la estabilidad socioeconómica. En resumidas cuentas, el FMI está convencido de que Túnez no podrá crear riqueza suficiente y rebajar el desempleo, sobre todo entre los jóvenes, si no logra transformar el modelo económico del país, contener los salarios y revisar el modelo de subvenciones públicas a productos de consumo básicos. Así las cosas, el FMI saluda los esfuerzos llevados a cabo por las autoridades tunecinas para contener el déficit presupuestario en 2016 y frenar su crecimiento en 2017. 

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