Paco Soto

Pie de foto: Militares tunecinos durante un entrenamiento.

Las Fuerzas Armadas de Túnez solo intervendrán en la vida pública del país magrebí en “casos extremos”. Así lo aseguró esta semana el ministro de Defensa, Farhat Horchani. El titular de Defensa quiso de esta forma matizar unas declaraciones del presidente del país, el conservador Beji Caïd Essebsi, quien no descartó que los militares puedan proteger centros de producción susceptibles de ser bloqueados por huelguistas y manifestantes. Horchani hizo estas declaraciones durante su comparecencia ante una comisión parlamentaria en la que tuvo que interpretar las palabras del jefe del Estado sobre el papel de las Fuerzas Armadas en la vida democrática. “El Ejército no entra en contacto con los ciudadanos, de la misma forma que tampoco lo hacen las personas que protestan [en la calle]. Cuando el Ejército acepta aplicar una decisión [el Gobierno], como proteger una instalación, lo hace siguiendo unas reglas”, aclaró el titular de Defensa.

Normativa legal

La ley establece que los militares pueden utilizar la fuerza pero según “un principio muy importante y democrático: el de la gravedad de una situación. Solo se puede utilizar la fuerza en casos extremos, como una situación de peligro, de amenaza seria contra una instalación protegida por el Ejército, y siempre en caso de caos”, explicó Farhat Horchani. Túnez atraviesa una grave situación económica y social, y el Gobierno de Youssef Chahed tiene que hacer frente a un incremento constante de las protestas de la población, sobre todo en las regiones del interior de Túnez. Los contestatarios suelen organizar muy a menudo manifestaciones callejeras y bloquean carreteras y centros de producción estratégicos. Es, por ejemplo, lo que ocurrió en El Kamour, a unos 100 kilómetros de Tataouine, en el sur del país, donde la población montó tiendas de campaña y se concentró delante de un centro de producción petrolera, para reclamar “un mejor reparto de la riqueza” y la creación de puestos de trabajo locales.

 

Pie de foto: El presidente de Túnez, Beji Caïd Essebsi.

Una institución respetada y querida

En el Parlamento, los diputados opositores al presidente Essebsi denunciaron la “militarización” del país. En cambio, el ministro de Defensa declaró que “la opinión pública no tiene que tenerle miedo al Ejército tunecino”. No tiene sentido “la crispación de los últimos días sobre el papel del Ejército que protege las elecciones, la revolución, la democracia, las instalaciones soberanas y sensibles”, señaló Farhat Horchani. Las Fuerzas Armadas tunecinas han sido menos intervencionistas y más respetuosas del poder político legal que en otros países árabes. La dictadura de Zine El Abidine Ben Ali y anteriormente el régimen autoritario de Habib Bourguiba utilizaron a los militares para sus intereses políticos, pero la institución castrense no fue una fuerza de represión despiadada y odiada por la población. Este papel nefasto lo cumplió la Policía. Es más, durante la revolución popular que derrocó a Ben Ali, en 2011, las Fuerzas Armadas mantuvieron una actitud neutral y de abierta simpatía hacia la población en la etapa final que acabó con la dictadura. En cambio, la Policía se comportó con brutalidad, detuvo masivamente, torturó y mató a opositores a Ben Ali. En la actualidad, los militares desempeñan un papel de vanguardia en la lucha que lleva a cabo el Estado contra el terrorismo yihadista, pero se mantienen al margen de la vida política y observan un escrupuloso respeto a la Constitución democrática. Las Fuerzas Armadas son por ello una institución respetada y querida por muchos tunecinos.

“Proceso democrático en peligro”

Hace unos días, el presidente Beji Caïd Essebsi manifestó en un discurso institucional, en el Palacio de Congresos de la capital tunecina, que “el proceso democrático está en peligro”. Essebsi pronunció este discurso ante los miembros del Gobierno, diputados y personalidades públicas, como su hijo Hafed Caïd Essebsi, y numerosos periodistas. Su intervención tuvo lugar pocos días después de una remodelación del Ejecutivo, la dimisión del presidente de la estancia electoral ISIE, Chafik Sarsar, presente en el Palacio de Congresos, y en un contexto de protestas sociales en muchas zonas del país. El presidente pasó revista a todos los problemas del país y apostó por “el diálogo y el consenso” para resolverlos. “El camino hacia la democracia no se lleva siempre a cabo como previsto”, lamentó Essebsi. Para alcanzar el reto de la consolidación del Estado de derecho, el presidente pidió al conjunto de los partidos “respetar las reglas del juego democrático”, y lamentó que algunas fuerzas apuesten por la dimisión del Gobierno y la celebración de elecciones generales anticipadas. Es en este contexto que el presidente Essebsi no descartó la utilización de las Fuerzas Armadas para vigilar y proteger los centros de producción.

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