Por Samira Maaluf
Foto: La escalada militar entre Israel y las milicias islamistas ha causado al menos 70 muertos y numerosos heridos entre palestinos e israelíes.
 
El Estado de Israel y el Movimiento de Resistencia Islámica Hamás en la Franja de Gaza se han enzarzado en una escalada militar que ya ha causado al menos 70 muertos y decenas de heridos entre los palestinos. Mientras Israel intensifica su ataques aéreos, Hamás dispara cohetes contra territorio israelí. La ‘Operación Margen Protector’ lanzada por Israel contra la Franja de Gaza es la ofensiva militar más importante desde noviembre de 2012. Todo indica que la ofensiva irá a más en los próximos días, porque ni Israel ni Hamás y sus aliados de la Yihad Islámica están dispuestos a dar el brazo a torcer y se acusan mutuamente de ser responsables de esta nueva crisis política y militar entre viejos enemigos que parecen irreconciliables. El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, que tiene que hacer frente al sector más radical y fanático de su Gobierno y de la sociedad israelí, volvió a sacar pecho este miércoles al advertir  del aumento de las operaciones contra las milicias palestinas en la Franja de Gaza. Netanyahu dijo lo que ya se sabe: el Ejército está “preparado para cualquier posibilidad”, si bien no  aclaró si finalmente se producirá una ofensiva terrestre contra las posiciones de Hamás y su brazo armado en Gaza. “Hemos decidido aumentar todavía más nuestros ataques contra Hamás y las organizaciones terroristas en Gaza”, recalcó  Netanyahu tras reunirse con representantes del Mando Sur de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF). En este sentido, el primer ministro aseguró  que Hamás pagará “un alto precio” por los cohetes que siguió disparando contra Israel y que este miércoles  estuvieron a punto de alcanzar una central nuclear en territorio israelí. Mientras muchos gobiernos árabes condenaron la intervención israelí, que cuenta con el apoyo sin fisuras de Estados Unidos, la Autoridad Nacional Palestino (ANP) continuó maniobrando políticamente para evitar un empeoramiento de la crisis, y los islamistas radicales de Gaza, a los que no parece importarles el sufrimiento de la población civil,  expresaron su disposición a seguir combatiendo a Israel. Las bombas de los aviones israelíes y las armas de Tsáhal (Ejército de Israel) y los proyectiles M-75 del brazo armado de  Hamás han tomado la delantera a la razón. Una vez más. 
 
Morir y matar
Tanto Israel como los islamistas radicales de  Hamás y de la Yihad Islámica advierten  que están dispuestos a “ir hasta el final”. Morir y matar es la única alternativa que los actuales dirigentes israelíes y los islamistas palestinos son capaces de ofrecer a sus respectivos pueblos.  Los preparativos para una operación terrestre del Ejército israelí  en Gaza  están en marcha, según algunos medios, y todo parece indicar que  los masivos disparos de cohetes de Hamás  contra ciudades israelíes no van a parar. Es más, según expertos militares israelíes, los últimos proyectiles islamistas  tenían como objetivo el aeropuerto internacional Ben Gurion, cerca de Tel Aviv. Esta ciudad liberal y moderna, que contrasta con el conservadurismo y sectarismo de Jerusalén, no vivía ataques con esta frecuencia desde los misiles Scud que utilizó el régimen despótico de Sadam Husein en la primera guerra del Golfo a principios de los años 90 del siglo pasado. Entre los muertos palestinos hay milicianos de Hamás, pero también ocho niños indefensos que no representaban ningún peligro para Israel y civiles y más de un centenar de heridos. También hay heridos israelíes, pero por suerte ningún muerto. El
portavoz de Hamás, Sami Abu Zuhri, avisó: “La ocupación israelí va a pagar un precio muy alto por todo ello”. 
 
Callejón de difícil salida
Siempre las mismas bravuconadas y amenazas. Los fanáticos que en Israel y los territorios palestinos hablan de Dios y de principios morales, se ríen de lo que dicen. Su lenguaje es el de la muerte y sus ideas macabras han llevado a palestinos e israelíes a un callejón de difícil salida. La situación es tan grave que incluso el pacifista de izquierda israelí Gershon Baskin, que mantiene contactos con  algunos dirigentes islamistas en Gaza y rechaza la política de  Netanyahu,  responsabilizó a Hamás de la escalada militar. “Puedo decir de forma honesta que Netanyahu no quiso esta guerra”, dijo Baskin. Quizá tenga razón esta vez  y sea cierto que Israel se vio en la obligación de atacar a las milicias islamistas de Gaza para defender a su población. ¿Pero qué tienen que ver los niños, los ancianos, las mujeres embarazadas o enfermas, los civiles desarmados palestinos con los cohetes que dispara el brazo armado de Hamás? Es una pregunta a la que casi nadie quiere responder en Israel.
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