Murat Sönmez. Managing Director, Head of Center for the 4th Industrial Revolution & Global Network, World Economic Forum

Imagen: REUTERS/Toru Hanai

Aprovechar las tecnologías emergentes, como los automóviles autónomos, la inteligencia artificial y la medicina de precisión que exige datos a gran escala para abordar los desafíos sociales, es un objetivo que comparten muchos países. Los más exitosos tendrán al menos dos cosas en común: un objetivo bien arraigado en el gobierno, la industria y la sociedad civil; y la combinación correcta de talentos intelectuales e industriales para aplicarse a la tarea.

Japón, estoy convencido, posee ambos en abundancia.

En los últimos meses, he trabajado en estrecha colaboración con el gobierno japonés, empresas y líderes de la sociedad civil para establecer el Centro para la Cuarta Revolución Industrial del Foro Económico Mundial — el primer centro de la nueva red global que se establece fuera de los Estados Unidos.

Con el apoyo del gobierno y las empresas japonesas, el Centro para la Cuarta Revolución Industrial de Japón diseñará conjuntamente proyectos piloto para acelerar la respuesta de ese país al cambio tecnológico. El objetivo es doble: en primer lugar, ayudar a Japón a aprovechar al máximo la tecnología a medida que enfrenta problemas cruciales, como el envejecimiento y la reducción de la población, como parte de un ambicioso programa de transformación social que los líderes japoneses llaman Sociedad 5.0.

Y en segundo lugar, crear nuevos modelos de gobernanza para que otros países los sigan. Japón es, de muchas maneras, un canario en la mina de carbón global: en Europa y otras partes de Asia, en especial las naciones con bajas tasas de natalidad, se enfrentarán a la misma crisis demográfica en el futuro, con un grupo cada vez menor de trabajadores productivos que deberán respaldar económicamente a una población cada vez más grande de personas mayores. El mundo buscará lecciones en Japón: la única pregunta es si encontrará un modelo inspirador para emular o no.

La robótica será la base de muchos de los avances. Imagen: : FMI/Federación Internacional de Robótica

Japón a menudo parece tomarse su tiempo para estudiar un tema y tener todos los hechos en su poder antes de tomar una decisión importante. Pero en mis visitas a Tokio y otros lugares, he detectado un nuevo sentido de urgencia. Los desafíos sociales, económicos y tecnológicos, y las oportunidades, son demasiado urgentes como para ignorarlos. La Cuarta Revolución Industrial puede ofrecer soluciones para las sociedades o problemas desatendidos, o puede crear crisis completamente nuevas; lo único que no hará es esperar.

En el Centro, comenzamos con tres áreas cruciales donde Japón puede ser un líder: movilidad autónoma y urbana; medicina de precisión; y política de datos.

La movilidad es un área donde Japón ya es fuerte, con su industria automovilística dominante y transporte público de primer nivel. Con la llegada de vehículos autónomos y nuevas formas de compartir los viajes, la Cuarta Revolución Industrial está borrando las líneas entre la cultura del automóvil privado y el transporte público, y la industria japonesa está ansiosa por no quedarse atrás. Algunas de las necesidades más importantes se encuentran en su propio patio trasero: las zonas despobladas de la zona rural de Japón luchan por respaldar las redes tradicionales de trenes y autobuses, a pesar de que a los residentes de más edad les resulta más difícil conducir. La infraestructura de servicios, desde hospitales hasta tiendas minoristas, se está reduciendo. Para llenar el vacío, se han introducido vehículos autónomos, atención médica remota y drones para entrega a domicilio.

En medicina, la Cuarta Revolución Industrial también presenta una oportunidad para hacer un gran cambio en la forma en que se prestan los servicios de salud hoy en día. Además, la unión de los macrodatos y la inteligencia artificial promete mejores tratamientos de forma más económica, una perspectiva que atrae especialmente a los países cuya población envejece y cuyos costos sanitarios se disparan. El sistema nacional de salud de Japón es un tesoro escondido de datos. Sin embargo, no se usa suficiente para desarrollar drogas maravillosas o crear mejores protocolos para tratar el cáncer. Hacer uso de este recurso requerirá algo más que digitalizar los registros del paciente y almacenarlos en bases de datos. Se requerirán los incentivos correctos: los pacientes necesitan sentir que tienen el control de sus datos y la oportunidad de beneficiarse de su uso. Aquí es donde entran en juego nuevas formas de gestionar los datos.

La inteligencia artificial y el aprendizaje automático representan nuevas formas de abordar algunos de los problemas más difíciles que enfrentamos en la actualidad al acelerar la formulación de soluciones de forma más rápida y nueva de lo que pueden hacerlo los humanos expertos. Sin embargo, para funcionar, estas tecnologías necesitan acceso a los datos.

Imagínese si todos pudiéramos utilizar una tecnología emergente como contratos de cadenas de bloques inteligentes y seguros para decidir exactamente cómo los investigadores universitarios que realizan investigación sobre el cáncer podrían usar nuestros, de manera abierta y segura, a cambio de un pago por parte de las compañías farmacéuticas con fines de lucro. Japón podría convertirse en el primer país del mundo en establecer un intercambio de evidencia basada en la cadena de bloques para facilitar las transacciones y distribuir recompensas por el uso de datos. Sus datos buenos y accesibles podrían atraer a investigadores y nuevas empresas de todo el mundo, trayendo beneficios económicos junto con avances en medicina y otros campos. Los datos son el oxígeno de la inteligencia artificial y podrían posicionar a Japón como un líder en este campo que emerge rápidamente.

Nada de esto será fácil. Japón es conocido por su meticulosidad y diligencia, cualidades admirables, pero que, en el pasado, algunas veces han obstaculizado la velocidad de los cambios. Eso podría haber estado bien hace una generación o dos, cuando la tecnología se desarrollaba más lentamente. Pero hoy no es suficiente. Para maximizar los beneficios de las tecnologías emergentes a la vez que se minimizan los riesgos, se requieren decisiones rápidas. Y no hay ningún manual práctico para seguir en este aspecto.

Para lidiar con los desafíos sin precedentes de hoy, los gobiernos, las empresas, las start-ups, la sociedad civil, el ámbito académico y las organizaciones internacionales deben unirse de maneras innovadoras. Japón está mostrando un apetito por nuevos enfoques. Creo que está en una posición única para beneficiarse de la Cuarta Revolución Industrial y mejorar su trayectoria.