Paco Soto

Pie de foto: El Rey de Marruecos, Mohamed VI.

La crisis que vive el Rif desde hace más de un año ha intensificado la incertidumbre política en Marruecos. Ni las detenciones masivas, ni los encarcelamientos y duras condenas a algunos activistas rifeños han conseguido resolver el problema. Al revés. Como señalan muchos analistas, la población rifeña se ha radicalizado. Salió a la calle para denunciar la pobreza, el desempleo, las injusticias sociales y la falta de inversiones públicas en una región –el Rif- históricamente maltratada por el Estado. El poder no escuchó el clamor popular, y por ello el ‘Hirak’ (movimiento de protesta) sigue presente, aunque con el paso del tiempo haya perdido dinamismo.

El Gobierno de coalición del islamista Saad Eddine El Othmani ha sido incapaz de gestionar la crisis con mano izquierda, y ha sido el propio Rey de Marruecos, Mohamed VI, el que ha tenido que tomar cartas en el asunto. Hace poco destituyó a cuatro ministros por su responsabilidad en el retraso de un proyecto de desarrollo socioeconómico para Alhucemas –capital administrativa del Rif- y su región. El presidente del Tribunal de Cuentas, el exprimer ministro y tecnócrata Driss Jettou, presentó a Mohamed VI un informe sobre los “retrasos y disfunciones” del proyecto de Alhucemas que puso de manifiesto la incapacidad de los ministros cesados por llevar a buen puerto el plan de desarrollo, anunciado a bombo y platillo en 2015 por el Gobierno del también islamista Abdelilah Benkirane.

Después de esta medida, el jefe del Estado decidió cesar a 14 altos cargos públicos por su falta de compromiso en la resolución de los problemas del Rif. Una de las víctimas políticas del enfado real es Abdelouahed Fikrat, secretario general del primer ministro. También se encuentran en el paquete de altos cargos destituidos el secretario general de la Vivienda y el responsable de la Agencia del Norte, según el portal ‘Atlas info’. Nada Roudies, responsable de Turismo, también hace parte del grupo de los cesados. Entre los cargos destituidos hay ocho secretarios generales de ocho ministerios, aunque algunos medios locales barajan la cifra de siete. Los medios están convencidos de que la lista de los cesados no está cerrada. No está claro que estos ceses frenen el descontento popular en el Rif, y muchos menos en Alhucemas, epicentro de la revuelta popular. Entre otros motivos porque la otra cara de la moneda es que dos activistas rifeños fueron condenados por el Tribunal de Primera Instancia de Alhucemas a 20 años de cárcel cada uno de ellos por participar en las revueltas que vive la región berberófona.

Según fuentes de la defensa, los condenados fueron acusados de “provocar incendio premeditado en una vivienda y de vehículos, ultraje a agentes de la fuerza pública, provocar heridas entre los agentes públicos, destrucción de bienes públicos y participar en una manifestación no autorizada además de posesión de armas”, entre otros cargos. Tras el informe presentado por Jettou a Mohamed VI, el monarca ordenó a El Othmani que tomara medidas contra los altos cargos destituidos. Todo indica que el primer ministro islamista se puso de perfil, quizá para evitar mayores enfrentamientos y tensiones en su Gobierno, que está formado por seis partidos de diversas tendencias ideológicas: islamista, derecha conservadora, centro liberal e izquierda moderada.

Pie de foto: Una manifestación de protesta en el centro de Rabat.

Duras críticas a los políticos

El pasado mes de septiembre, varios ministros, como el de Educación, Mohamed Hassad, el de Cultura, Lahcen Hadad, y la titular de Medio Ambiente, Hakima Haité, fueron calificados de políticos incapaces de dirigir adecuadamente el país. El Gabinete Real hizo saber en un comunicado que estos políticos habían perdido “la confianza del Rey”. El monarca lleve meses criticando públicamente el funcionamiento político y económico de Marruecos. 

El verano pasado, aprovechó el discurso institucional con motivo de la Fiesta del Trono para condenar las malas prácticas de los políticos y los funcionarios del Estado. Después, durante la apertura del año legislativo, pronunció un discurso en el Parlamento en el que abroncó la clase política y criticó los disfuncionamientos económicos. Mohamed VI no se ha vuelto radical ni quiere impulsar una revolución en si país. Pero, según piensan muchos analistas políticos, el soberano alauí es consciente de los graves problemas económicos del país, que generan descontento social, y no ignora que el proceso de transición a la democracia está atascado.

Mohamed VI sabe que no puede quedar al margen de las demandas de cambios sociales, económicos y democráticos que piden muchos marroquíes, si quiere seguir garantizando la estabilidad de la monarquía. Pero, por otra parte, es consciente de que el poder del viejo majzén sigue siendo considerable en los aparatos del Estado. Como señala el politólogo Ahmed Alaoui, “tiene que tener en cuenta ambas realidades y avanzar con prudencia y moderación. Los equilibrios son frágiles.

Marruecos necesita dinero e inversiones extranjeras, y es por esto que Mohamed VI ha viajado varias veces a países del Golfo en los últimos tiempos. La lucha antiterrorista y el control de la inmigración clandestina han convertido a Marruecos en un país clave para las potencias europeas y occidentales como España, Francia y Estados Unidos. Mohamed VI avanza en sus reformas poco a poco. No tiene otra alternativa”.

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