Pedro Canales

Pie de foto: El rey de Marruecos, Mohamed VI, y el presidente de Nigeria, Muhammadu Buhari

Se puede considerar que existen tres tipos de diplomacia: la tradicionalque consiste en instrumentalizar el aparato del Estado para tejer un vasto entramado de relaciones políticas internacionales; la financiera, que utiliza las redes diplomáticas de un país, para hacer negocios, emprender actividades financieras y vender la excelencia de la empresa nacional ante los socios extranjeros; y la diplomacia de proximidad, que consiste en buscar los puntos de cooperación y entendimiento en mutuo beneficio entre los países. 

Mohamed VI, el rey de Marruecos ha optado por esta última. No sólo ha rejuvenecido la pléyade de embajadores del Reino en todo el mundo, nombrando gente joven, la mayoría mujeres, con formación universitaria y extremadamente activos en su labor; sino que les ha dado consignas precisas: hay que buscar los puntos comunes de acuerdo y cooperación en todos los terrenos, que generen beneficio mutuo y afiancen el lugar que ocupa el Reino de Marruecos en la arena internacional.

Las recientes recepciones dadas por las Embajadas marroquíes en todo el mundo con ocasión de la Fiesta del Trono 2018, que conmemora el 19º aniversario de la entronización del monarca alaui, son una muestra de ello. 

En los países considerados por Rabat como “aliados estratégicos”, como España, Francia y EEUU, las recepciones han servido para afirmar la solidez de las relaciones bilaterales. La nueva embajadora de Marruecos en España, Karima Benyaich, así lo expresó en su discurso en el Hotel Intercontinental de Madrid, ante varios cientos de invitados, todo el cuerpo diplomático acreditado en España, numerosas personalidades de la vida económica, cultural y política española, y varios miembros del Gobierno de Pedro Sánchez, entre ellos la Vicepresidenta Carmen Calvo, y destacados altos cargos de la Administración, como María Teresa Fernández de la Vega, presidenta del Consejo de Estado. Karima Benyaich puso de manifiesto la estrecha relación entre las dos Casas Reales, y el complejo entramado de relaciones estratégicas entre Marruecos y España llamadas a perdurar y ampliarse.

Pie de foto: El rey de España, Felipe VI, recibe a la embajadora de Marruecos en España, Karima Benyaich

En la otra punta de la escala diplomática se encuentra la versión más activa y eficiente de la diplomacia de proximidad que busca practicar Marruecos. Sus dos ejemplos mas visibles son el continente africano y Cuba. El Palacio real marroquí y el rey en persona, llevan mas de dos años visitando decenas de países africanos. En todos ellos, el mismo mensaje: ¿cómo encontrar lo que nos une? ¿cómo afianzar los proyectos comunes?. Mohamed VI pone en práctica en persona esa diplomacia de proximidad. En sus numerosas giras africanas ha firmado varias decenas de grandes proyectos, en agricultura, energía, fosfatos, hidráulica, finanzas, inversiones cruzadas. Quizás el más llamativo ha sido el rubricado con el presidente nigeriano Muhammadu Buhari para la construcción de un gasoducto entre Nigeria y Marruecos del que se beneficiarán 12 países africanos a lo largo de sus 5600 kilómetros de recorrido. 

En el caso de Cuba, la diplomacia de proximidad se ha visto concretada en la Fiesta del Trono celebrada por el nuevo embajador en La Habana, Boughaleb El Attar, en una recepción ofrecida en el Hotel Meliá de la capital. 

Pie de foto: El nuevo embajador de Marruecos en Cuba, Boughaleb El Attar.

El embajador, el primero desde hace casi cuatro decenios de interrupción de las relaciones, fue categórico en su declaración: “Su Majestad Mohamed VI y los dirigentes de la Cuba revolucionaria, queremos ganar tiempo al tiempo, y acelerar la cooperación, unir fuerzas en este combate ilusionante por el progreso”. Y señaló los campos abiertos a la cooperación: “comercial, cultural, turístico, financiero, nuevas tecnologías, energías limpias, desarrollo sostenible, ecología, riquezas del suelo y del subsuelo, industria, agricultura moderna, entornos marinos”. 

En una palabra, la diplomacia de proximidad significa para Rabat en relación con Cuba “hacer frente juntos a desafíos económicos, a la oscilación de las materias primas y del mercado mundial que nos atenaza y a veces nos asfixia”, sin olvidar “la temática de la juventud, deseosa de formarse, de comunicarse con el mundo y de prepararse para el relevo generacional”.

Una nueva visión de la diplomacia encajada en el porvenir.