Por Luz García Pueyo
Foto: Un grupo de mujeres en Kenia.
 
Las últimas agresiones sufridas por varias mujeres en diversas ciudades de Kenia, han llevado a centenares de personas a las calles de Nairobi esta semana. En alguna de estas agresiones, grabadas con teléfonos móviles, vemos cómo grupos de hombres dejan a las víctimas semidesnudas en plena calle, porque vestían con minifalda. Convocada por el colectivo ‘Madres de Kilimani’, uno de los barrios de la capital, la manifestación recibió el apoyo de conocidos activistas keniatas como Boniface Mwangi: “Hay que detener a esa gente, son criminales. Cualquiera que agreda a una mujer debería ser detenido y juzgado porque son agresiones sexuales”, señaló Mwangi. Kenia es un país de África del Este con grandes contrastes, no sólo en cuanto a las desigualdades sociales sino también a nivel ideológico y cultural. Hasta el punto de que hay personas que censuran la forma de vestir de muchas mujeres. “Llevar minifaldas delante de los hombres no es correcto, es como si estuvieran desnudas, y se les debería dar una buen paliza para que aprendan”, decía una trabajadora del servicio de limpieza al ver la protesta callejera. La manifestación en Nairobi finalizó a las puertas del Tribunal Supremo para pedir una mayor implicación de la Justicia en la persecución de este tipo de agresiones. Los organizadores de la protesta  han puesto en marcha una campaña de sensibilización nacional e internacional a través de twitter con la etiqueta  'MyDressMyChoice' (Mi vestido, mi elección).
 
Seres discriminados
Ser mujer no es lo mismo que ser hombre en Kenia, y ser niña no es lo mismo que ser niño. La Constitución keniana incorpora numerosas leyes discriminatorias para las mujeres. Por ejemplo, cualquier mujer casada es obligada a tener la autorización de su marido para poder obtener un carnet de identidad nacional o un pasaporte. A veces las mujeres no pueden recibir herencias, tampoco pueden poseer tierras o ser dueñas de una propiedad. De acuerdo con la organización CREAW, en Kenia, las mujeres se encuentran discriminadas sobre todo a nivel educativo, sanitario y económico, tres pilares fundamentales para que cualquier persona goce de una vida digna. Con respecto a la educación, a pesar de que ésta es gratuita en primaria, las normas culturales impiden que muchas niñas vayan a la escuela, bien porque la familia piensa que no es necesario que ellas estudien, bien porque el sida ha acabado con la vida de sus padres y madres y son ellas quienes tienen la responsabilidad de ocuparse de sus hermanos. La tradicional práctica de la mutilación genital femenina (MGF) se lleva a cabo por determinados grupos o pueblos y continúa practicándose, especialmente en el campo. Una media del 75% de las mujeres kenianas han sufrido la práctica de la MGF. En la tribu kikuyu, una de las mayores de Kenya, la iniciación se practica a muchas chicas a la vez en casa de la hechicera. Esta antigua costumbre se practica  a tres millones de niñas al año en países como Somalia, Etiopía, Kenia, Sudán, Ghana, Senegal, Nigeria, Benín, Sierra Leona, Egipto y Burkina Faso. Según UNICEF,  se espera que haya más de 30 millones de niñas afectadas en la próxima década.
 
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