Paco Soto

Pie de foto: El ministro del Interior español, Juan Ignacio Zoido, con su homólogo marroquí, Abdelouafi Laftit/J. P. Gandul EFE.

Los brutales atentados terroristas llevados a cabo por un grupo de jóvenes yihadistas de origen marroquí en Barcelona y Cambrils, han desatado la ira de los sectores xenófobos de la sociedad española. Un ejército de periodistas, tertulianos y opinadores indocumentados e intelectuales irresponsables, incitados por una multitud de ignorantes que han hecho del odio al ‘moro’ su razón de ser y apoyados por grupúsculos de extrema derecha, han convertido la tragedia de Barcelona y Cambrils en una campaña de desprestigio contra el vecino del Sur. Algunos se han atrevido a hablar de “inquietante” inmigración marroquí en Cataluña. Otros han dejado a entender que detrás de los atentados yihadistas que sufrió Cataluña el 17 de agosto podrían estar los servicios secretos marroquíes. Solo les ha faltado por decir que el Rey Mohamed VI dio la orden de cometer los atentados. Las redes sociales han publicitado estas ideas nauseabundas y algunos medios digitales las han apuntalado. Ni apoyo a la investigación policial y judicial ni respeto a la verdad, aquí lo que importa es fabricar un culpable y ofrecérselo a una opinión pública legítimamente conmocionada y preocupada.

Para los abanderados de la xenofobia y la islamofobia, los culpables no son tanto los yihadistas y las redes que los financian y organizan y países que los amparan como los ‘moros’, los musulmanes, en general. Es una estrategia perversa pero eficaz que cada vez tiene mayor número de seguidores en España y el resto de países occidentales. Conservar la mente fría y no dejarse atrapar por la emoción, analizar los hechos con la cabeza y no las vísceras y no caer en el simplismo, diciendo, por ejemplo, que el Rey Felipe VI y el Gobierno de Mariano Rajoy son culpables de los atentados yihadistas porque venden armas a regímenes que no son democráticos y mantienen buenas relaciones con países como Arabia Saudí, Catar y Turquía, es un ejercicio difícil pero seguramente más razonable políticamente y más ético que hacer lo contrario.

Pie de foto: Un grupo de ciudadanos marroquíes protesta contra los atentados en Cataluña delante de la embajada de España en Rabat.

No mezclarlo todo

El politólogo marroquí Ahmed Alaoui interpela a la sociedad española diciendo: “No se trata de negar la gravedad de los atentados en Cataluña o de minimizar los problemas de integración de una parte de los musulmanes que viven en España y otros países europeos. Los problemas son muchos y graves, y los países democráticos han permitido que el wahabismo -una versión del islam ultrareaccionaria- exportado por Arabia Saudí y otras interpretaciones obscurantistas de la religión islámica hayan penetrado en amplios sectores de la inmigración islámica. Marruecos y otros países que generan emigración tienen también su parte de responsabilidad. En España, hay decenas de mezquitas sin control por parte del Estado y en manos de peligrosos salafistas que deberían ser detenidos o expulsados. Ahora bien, es un error mezclarlo todo y manipular descaradamente a la opinión pública española y europea sembrando el miedo y la duda permanente sobre los musulmanes. Así no se resuelven los problemas”. En el caso concreto de Marruecos, “los retrocesos en materia de derechos humanos y construcción de un Estado de derecho, las expulsiones de periodistas extranjeros, crisis mal resuelta como la del Rif y la opacidad con la que funciona el poder empeoran todavía más el panorama”, señala a Atalayar un activista social que prefiere conservar el anonimato.

Relación estratégica con Marruecos.

“Negar la existencia de problemas es una insensatez, pero tergiversar la compleja realidad por intereses políticos o mediáticos es un escándalo y un crimen”, opina la socióloga marroquí Fatima El Harti. Tampoco parece razonable acusar al Gobierno de Mariano Rajoy de “complicidad con la dictadura marroquí”. Rajoy ha entendido que la alianza con Marruecos en materia de lucha antiterrorista debe ser sólida y estratégica, y actúa en consecuencia. Las denuncias de algunos analistas españoles que aseguran sin aportar ninguna prueba que Marruecos oculta a España información esencial sobre el terrorismo yihadista no valen para mucho. Aquí están los hechos: desde 2015, los acuerdos antiterroristas entre Madrid y Rabat han facilitado la detención de 165 yihadistas, y se han evitado decenas de atentados. Después de los ataques terroristas en Barcelona y Cambrils, todo indica que la colaboración entre los dos países se va a intensificar. Es lo que acordaron este martes los ministros del Interior de España y Marruecos, Juan Ignacio Zoido y Abdelouafi Laftit, en Rabat. Ambos ministros analizaron las posibles conexiones entre los yihadistas que actuaron en Barcelona y Cambrils y redes terroristas en Marruecos. Los dos responsables políticos destacaron la estrecha colaboración antiterrorista entre Madrid y Rabat, y Zoido destacó: “En nuestro entorno existen pocos países con los que tengamos un diálogo tan fluido y continuo” como Marruecos. Añadió: “Somos vecinos y amigos, buscamos la seguridad para nuestros ciudadanos”. Es la tercera vez que Zoido visita Marruecos. 

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