Paco Soto

Pie de foto: Unos activistas berberistas envueltos en la bandera amazigh se pasean por las calles de Rabat.

Marruecos da pasos a favor de la democratización de las estructuras del Estado. Es un proceso lento y delicado que empezó en 1999 con la llegada al Trono de Mohamed VI. El país magrebí ha experimentado una evolución política real, aunque contradictoria. Se han producido avances democráticos y hay un mayor respeto a los derechos humanos que en la etapa del rey Hasan II. Pero el proceso no ha sido en línea recta, sino con altos y bajos. La Policía sigue deteniendo y apaleando a manifestantes que protestan pacíficamente en la calle, hay periodistas en la cárcel o que han abandonado el país para no ser condenados a penas de prisión. La tortura y los malos tratos no han desaparecido en comisarías y cuartelillos, y así lo denuncian abogados y organizaciones de derechos humanos marroquíes como la AMDH y la OMDH, pero también Amnistía Internacional (AI) y Human Rights Watch (HRW). Marruecos tiene que dar pasos decisivos para convertirse en un sólido Estado de derecho, pero los cambios en las dos últimas décadas son importantes y profundos, aunque en España y otros países europeos algunos periodistas y científicos sociales sigan aferrados al dogma de que “no ha cambiado nada en Marruecos desde la muerte de Hasan II”.

Realidad amazigh

No es cierta la idea de que nada importante se mueve en Marruecos. Marruecos es un país del Hemisferio Sur en democratización. Es un país que fue colonia de España y Francia y en gran medida sigue siendo dependiente del mundo occidental. Tiene graves problemas económicos y sociales y un segmento de la clase dirigente, el Majzén, no está dispuesto a renunciar a sus arcaicos privilegios y sabotea el complejo proceso de cambio democrático. El rey Mohamed VI apuesta claramente por la democratización, y, aunque tiene mucho poder, no se ha convertido en un dictador cruel y despiadado como tantos otros dirigentes del mundo árabe. En este contexto donde las cosas no son blancas o negras, Marruecos apostó por el reconocimiento de su dimensión bereber. Esta realidad está reconocida por la Constitución de 2011, que estipula que las dos lenguas nacionales del país son el árabe y el tamazight. Ahora, una vez que el Gobierno apruebe el proyecto sobre el tamazight, esta lengua quedará reflejada, junto con el árabe, en los billetes emitidos por el Banco de Marruecos, en los sellos y en documentos oficiales como el pasaporte y el DNI.

Pie de foto: El conocido militante berberista Mounir Kejjii enarbola una bandera amazigh en el sur de Marruecos.

Los vehículos de la Policía Nacional y la Gendarmería Real también tendrán que incorporar el alfabeto tifinagh en su nueva identidad. Y todas las escuelas primarias e institutos de enseñanza media tendrán que asumir que Marruecos tiene dos lenguas oficiales: el árabe y el bereber. “Es un paso cualitativo importante, porque esto significa que el Estado asume la realidad amazigh de Marruecos. Queda mucho por hacer, porque la intolerante ideología nacionalista árabe sigue siendo fuerte y los islamistas están en contra de la diversidad, pero gracias al movimiento asociativo y al papel de muchos intelectuales berberistas se han conseguido victorias en los últimos años”, comenta por teléfono para Atalayar Lahcen, un joven activista de Rabat. “Es una lucha continua por nuestra realidad amazigh”, puntualiza el conocido militante berberista Mounir Kejjii, quien lleva muchos años en Marruecos y fuera de sus fronteras defendiendo la cultura y lengua bereberes de su país.

Argelia también

Argelia también se une a la nueva dinámica favorable a la realidad bereber liderada por Marruecos en el norte de África. El tamazight es junto con el árabe lengua oficial y nacional de Argelia desde que la Asamblea Nacional Popular (ANP, Parlamento) aprobó este año una reforma constitucional. Las resistencias sociales y políticas a dicha realidad son muchas y constantes, pero poco a poco los berberistas están ganando la partida. Dentro de poco tiempo, el país norteafricano dispondrá de una Academia de la Lengua Amazigh, la nueva Constitución ya está traducida al bereber y el idioma materno de un gran escritor como Mouloud Mammeri será utilizada en todos los textos oficiales del Estado argelino, según informó la agencia de noticias APS.

 

El Alto Comisariado a favor del Amazigh (HCA) organizó un seminario en Argel de cara a la traducción de dichos documentos del Estado. Según declaró El-Hachemi Assad, secretario general del HCA, “el objetivo de la traducción de los textos fundamentales de nuestro país es una contribución a la aplicación concreta de las disposiciones de la Constitución revisada en febrero de 2016, y quiere potenciar el despertar patriótico, la cohesión social y cultural en todas sus expresiones”. “La lengua [amazigh] ha conocido un avance considerable desde la última reforma constitucional que la ha convertido en lengua nacional y oficial”, recalcó El-Hachemi Assad. 

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